Sigmaroteca
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Aleguzzler Gargants.jpg

Los Aleguzzler Gargants son los descendientes ebrios de una antigua raza de gargants que vagaban por los reinos. Su estatura es tal que proyectan su sombra incluso sobre los más altos guerreros, y son capaces de aplastar a regimientos enteros a pisotones, o derruir fortificaciones con sus descomunales cachiporras.

Existen muchos relatos acerca de cómo aparecieron los Aleguzzler gargants, un resto de la Era de los Mitos. Hay quien dice que originariamente eran una antigua raza de constructores gargant que viajaban por los Reinos Mortales ayudando a los pueblos libres a construir sus grandes ciudades e imperios. Sabios y fuertes, los mejores de entre ellos se sentaron en los consejos de Sigmar durante una era dorada de expansión y prosperidad. Mirándolos ahora, en cambio, pocos podrían imaginarse que nunca hayan sido tan refinados, o que Sigmar los dejase acercarse a sus ciudades. Por esas razones, otros están convencidos de que los gargants son los descendientes de Behemat, un dios bestia zodiacal que según se cree vivía en Ghyran. De acuerdo con estas historias, una vez fueron poderosos guerreros y reyes de los bosques, cuyos imperios se extendían hasta el horizonte en cada reino mortal. Aunque civilizados, eran de naturaleza hosca, incluso ligeramente bestial, e igual que hoy en día no eran muy dados a los ropajes ni la higiene personal. Aún otras leyendas describen a los gargants como una raza perdida que busco refugio en los reinos una vez que su propio mundo quedó destruido. Enloquecidos por la desesperación, ya nunca volvieron a ser los mismos, y desde entonces han pasado las eras ahogando sus penas en vastas cantidades de alcohol.

Sea lo que sea que fueron los Aleguzzler en otro tiempo, a día de hoy son gigantescos brutos borrachos. Se les puede encontrar en todos los Reinos Mortales por lo general caminando pesadamente a lo lejos, arrancando trozos del paisaje o pateando árboles que les parecen sospechosos. Son tan estúpidos que asusta, y su cólera se desata muy rápidamente por lo general en respuesta a cualquier cosa que su limitada mente no sea capaz de procesar. No necesitan mucho para empezar a destrozar cosas, y una vez que han entrado en ese estado todo lo que ocupará su mente será desatar una orgía de destrucción, muchas veces sólo por divertirse, mientras van metiéndose en el gaznate lingotazos de su odre. Esta situación puede durar lo suyo, pues además los Aleguzzlers andan fatal de memoria, y una vez que se enfurecen todo lo que recuerdan es que les apetece repartir estopa... aunque no tengan claro el porqué.

Los caudillos pieles verdes y ogor han sabido aprovechar tanto la propensión de los Aleguzlers a la violencia, como su naturaleza confiada hacia cualquiera que les ofrezca un trago. Estos líderes destilan vagones enteros de las bebidas alcohólicas más potentes y desagradables, sabedores de que es un modo seguro para atraer a un Aleguzzler. Una vez ya se han achispado, estos gigantes se lanzan contra las líneas enemigas y destruyen todo lo que encuentran a su paso.

Muchas veces los Gargants improvisan sus armas, pues es difícil crearlas expresamente para criaturas tan enormes. Los troncos de árbol, estatuas o incluso reses de ganado pueden convertirse en herramientas de destrucción en sus manos, hasta que o bien el arma en cuestión quede inservible o quien queda “inservible” sea el enemigo contra el que se utiliza. De todos modos, no es que el Aleguzzler necesite algún tipo de garrote para causar estragos, pues sus propios pies son del tamaño de un caballo y pueden abrir grandes cráteres en el suelo mientras que sus manos pueden agarrar cualquier cosa o criatura que les parezca interesante y aplastarla, lanzarla bien lejos o, aún peor, guardársela en la entrepierna de sus mugrientos pantalones.

Los Aleguzzler gargants no son nada agiles, y tienen tendencia a caerse si intentan moverse demasiado rápido o hacer cosas complicadas come caminar en línea recta. Las ciudades y ruinas son lugares especialmente peligrosos para ellos pues tienen que evitar tropezar con los edificios, los carromatos y demás. Un gargant que cae es como un enorme roble arrancado de sus raíces. Su sombra oculta el sol y los guerreros bajo él empiezan a gritar y correr en todas direcciones. Aquellos que no sean lo bastante rápidos para escapar quedarán enterrados bajo toneladas de carne sucia y pelo grasiento. Los más afortunados morirán al instante, pero otros lo harán tras una horrible agonía ahogándose bajo un gigantesco sobaco sudado

Fuentes[]

  • Grand Alliance: Destruction. (2016)
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