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Arkhan el Negro, Visir de Nagash, Mano de la Muerte y castellano de Nagashizzar, es el primer lugarteniente de Nagash y mayor aprendiz de las hechicerías de su maestro, el cual le ha nombrado Mortarca del Sacramento. Es un archinigromante cuyo dominio sobre los muertos no tendría rival si no fuera por el poder divino de su maestro. Sirve con lealtad inquebrantable, realizando esas tareas que el Señor Supremo de los No Muertos no confiaría a nadie más.

Armamento, Montura y Poderes[]

Está armado con armas que forjó la mano del mismísimo Nagash y que le fueron otorgadas al renacer como Rey Liche: Zefet-kar, la Espada Funeraria, y Khenash-an, el Báculo de los Espíritus, que le fueron entregadas cuando renació como el Rey Liche. Montando el Terror Abisal conocido como Razarak, la Maldición de los Traidores, Arkhan sobrevuela los ejércitos de Nagash y se cerciora de que no escape ni un detalle a su mirada. Arkhan va acompañado por una hueste de espíritus que luchan con garras espectrales y dagas.

Conoce los hechizos Proyectil Mágico, Escudo Místico y Maldición de los Años. Este último maldice al enemigo con un rápido envejecimiento. Arkhan también conoce los hechizos de todo mago de las Fuerzas de la Muerte que esté cerca de él.

Descripción[]

Hasta donde Nagash podría confiar en cualquier criatura, confía en Arkhan el Negro. Con el título de Mortarca del Sacramento, Arkhan ha servido al Gran Nigromante desde tiempos inmemoriales, y a lo largo de los siglos ha estado al tanto de muchos de los secretos mejor guardados de Nagash.

Originario de la tierra natal  de Nagash, Arkhan se cuida mucho de que pocos conozcan sus orígenes mortales. El conocimiento es poder, después de todo, y Arkhan está obsesionado con ambos. Desde que se convirtió en una criatura eterna, Arkhan ha considerado su vida mortal como un mero preludio de una realidad permanente de no muerte, ya que, como fiel servidor de Nagash, ciertamente ha ascendido. A cambio de su inquebrantable devoción, Nagash ha bendecido a su vasallo favorito con un poder y una responsabilidad únicos. Solo Arkhan ha vislumbrado una fracción de la verdadera escala de la ambición de su maestro, ya que es él quien tiene la orden de llevar a cabo las tareas más delicadas y difíciles de Nagash.

Entre las cruzadas sagradas encomendadas a Arkhan se encontró la creación de la Gran Pirámide Negra de Nagashizzar. Al enviar a sus alumnos, los Nigromantes conocidos como los Discípulos Negros, y reuniendo así innumerables hordas de esqueletos Deathrattle, Arkhan acumuló la Tumba-Arena necesaria del Perímetro Inímico de Shyish grano a grano. Fue una cruzada que solo el Mortarca del Sacramento podría haber esperado completar, y completarla fue lo que hizo. Condujo a la creación del Nadir de Shyish y al Necroseísmo que vio cómo el poder de Nagash se extendía por las tierras. Aunque el ritual de la Gran Pirámide Negra fue finalmente corrompido por los agentes del Caos, todavía tuvo el efecto deseado de invertir el flujo de magia en Shyish y enviar una ola de energía mortal que atravesara los reinos.

La recompensa de Arkhan por este gran acto de ingeniería cósmica fue recibir el mando de La Miríada Nula, una legión personal de Ossiarch Bonereapers a la que ni siquiera Katakros podría perturbar. Los innumerables esqueletos que habían llevado la arena de la tumba, grano a grano, se usaron como arcilla para hacerlos. La gran mayoría de los Discípulos Negros, reunidos por Arkhan en el Concilio de Anadiria, fueron asesinados, abatidos y utilizados como almas animadas. Con lo mejores de ellos renacidos como Mortisans, sirven a Arkhan más plenamente en la muerte que en la vida.

Arkhan el Negro a lomos de Razarak

El dominio de Mortarca sobre la magia de la muerte es solo superado por el de Nagash. Montado en el Terror Abisal Razarak Maldición de los Traidores, un antiguo regalo de su maestro, se eleva siniestramente en el campo de batalla lanzando con sus manos esqueléticas fuegos deslumbrantes y desgarradores. Armado con Khenash-an, el Báculo de los Espíritus, Arkhan puede hacer que los guerreros enemigos envejezcan cientos de años en un instante, sus huesos frágiles colapsando bajo el peso de su armadura. Con una simple orden, puede enviar a vociferantes espíritus sin vida para matar en su nombre, o convocar una tormenta de fragmentos de amatista para desgarrar a sus enemigos. Incluso mientras desata las magias más negras para aniquilar a los vivos, Arkhan se alimenta de las almas de aquellos a quienes ha matado, restaurando y reafirmando su forma física con cada muerte mientras el Terror Abisal en el que cabalga se cura a su vez.

Arkhan apaga la vida de sus enemigos con un frío desapego, porque su creencia en el éxito final de Nagash es absoluta. Cuando llegue ese día, cuando las legiones de los muertos hayan conquistado la totalidad de los Reinos Mortales, el Mortarca del Sacramento tiene la intención de permanecer orgulloso al lado de su maestro.

Fuentes[]

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