Sigmaroteca
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Archaón contra sigmar sigmaroteca.jpg

La Batalla de los Cielos Ardientes fue la confrontación definitiva en la que se decidió el futuro de los Reinos Mortales en el albor de la Era del Caos. La derrota de las fuerzas de Sigmar en esta batalla supuso la consolidación del poder del los dioses del Caos en los diferentes reinos excepto Azyr. En sí misma, conforma uno de los episodios más importantes en la historia de los Reinos Mortales, un combate cataclísmico en el que participaron tanto dioses como demonios del mayor nivel. Fue además la última vez en que el panteón de Sigmar combatió de forma unificada.

Antecedentes[]

En las primeras incursiones demoníacas que se produjeron en los Reinos Mortales cayeron ciudades, naciones e incluso sub-reinos enteros dado que ni siquiera las naciones guerreras más poderosas podían hacer frente a los incesantes ataques demoníacos. Pero tras el desastre vino la venganza, y los ejércitos de Azyr, Reino que en gran parte no había sido tocado por la Invasión del Caos, llegaron raudos a socorrer a sus parientes asediados. Los mayores ejércitos del Caos fueron liderados por los reyes demoníacos conocidos como los Tetrarcas de la Ruina, cuatro poderosos demonios seguidores cada uno de uno de los Dioses del Caos, y que fueron derrotados uno por uno por Sigmar.

Archaon el Everchosen, señor supremo de la guerra de las huestes del caos y conquistador de gran visión, vió en estas derrotas una oportunidad. Aunque se necesitaron largas décadas para lograrlo, unió a los señores demonio en una causa común. Habían sido vencidos por separado, pero juntos serían imparables. Aquellas batallas fueron arduas y largas, y ambos bandos conocieron grandes gestas y amargas derrotas. Era una guerra de leyendas, en la que dioses de carne y hueso acudían a la batalla para ayudar a sus vástagos y acólitos. La mayor de estas batallas se produjo cerca del Portal Brimfire de Aqshy, en la región en la que habitaban las tribus de Bellicos. Esta una contienda decisiva fue conocida como la Batalla de los Cielos Ardientes. 

Fuerzas en Combate[]

Fuerzas del Caos[]

Archaón el Elegido

Unido por el liderazgo del gran mariscal Archaon el Everchosen, el tamaño de las huestes de los distintos dioses del Caos anfitriones ennegreció la tierra. Cada una de estas legiones estaba liderada por  uno de los Tetrarcas de la Ruina. Los hechiceros de Archaon crearon una grieta en el aire mismo, un portal al Reino del Caos a través del cual ejércitos enteros de demonios podían pasar.

Fuerzas del Orden[]

Sigmar Heldenhammer

Contra esta alianza demoníaca estaban Sigmar y las doce tribus mortales de Bellicos. Los fieros nómadas y bárbaros que se había enfrentado al Caos desde el principio tomaron las armas una vez más y se reunieron detrás del estandarte de su piadoso señor, Sigmar Heldenhammer. Con ellos acudieron feroces Duardin, Aelves en armaduras relucientes, Orruks hambrientos de batalla, filas de guerreros muertos vivientes y otras extrañas criaturas, dado que Sigmar contaba con muchos aliados. Sabemos que también combatieron en este bando varias deidades aparte de Sigmar:  el indomable Gorkamorka y el poderoso hechicero Aelf Teclis. Nagash no comprometió todas sus fuerzas en la batalla, aunque envió algunos de sus ejércitos.

Terreno[]

La batalla tuvo lugar en Aqshy, cerca del Portal Brimfire, el Portal del Reino que comunica el Reino de Fuego con Todaspartes. En ese lugar las doce tribus de Bellicos habían conformado una ciudad-estado alrededor de este portal.

Desarrollo de la Batalla[]

Aunque no tenemos datos exactos del desarrollo de la contienda, sabemos que la Batalla de los Cielos Ardientes fue un conflicto sin piedad ni cuartel .La longitud de la batalla fue de al menos dos días, y se nos indica que las piras de cráneos acumulados tras la misma llegaron a ser tan altas como montañas. De hecho la carnicería fue tan implacable que durante el año posterior a la batalla los videntes de otros reinos que miraron hacia Aqshy vieron una gigantesca calavera ardiendo. 

Sigmar luchando contra Luxcious el Guardián, uno de los Tetrarcas de la Ruina

Sí que sabemos que durante la batalla el personaje de la facción del orden que más destacó fue Sigmar. El Dios-Rey lideró siete cargas durante la contienda, haciendo retroceder en todas ellas a las fuerzas del Caos. En la octava carga se enfrentó a los cuatro  Tetrarcas de la Ruina, a los que ya había derrotado por separado previamente en sendos combates singulares. Sigmar se lanzó a la carga a por ellos y consiguió derrotarlos nuevamente puesto que, por orgullo, los demonios se resistieron a pelear de forma conjunta y cayeron uno por uno bajo la furia del martillo Ghal Maraz. Sin embargo había un oponente que sí podía plantarle cara a Sigmar: el propio Archaon. La espada del Mariscal del Apocalipsis, conocida como Matarreyes, es un arma de tal potencia que podría matar a un dios. Para asegurarse de que su enemigo no se acercara lo suficiente como para golpearle, Sigmar lanzó su martillo contra Archaon, un error histórico que el Dios-Rey lamentaría durante centenares de años.

Sigmar lamentaría durante centenares de años haber lanzado el Ghal Maraz

Con una ilusión astutamente conjurada con la ayuda de Tzeentch, Archaon consiguió engañar a Sigmar haciéndole lanzar su martillo contra la grieta de la realidad desde la que las hordas demoníacas les habían invadido. Los cielos se resquebrajaron y retumbaron mientras Ghal Maraz, el Gran Rompedor, se abría camino de reino en reino dejando a su paso un rastro de destrucción masiva. Ghal Maraz avanzó por el tiempo y el espacio, creando ondas en el vacío  aetérico que se extendieron por todos los reinos dando lugar a fallas cósmicas que algún día serían explotadas en el nombre de la conquista. Finalmente el martillo terminó descansando en el lejano Anvrok, atraído por la densa magia que fluía en los extraños valles bajo los cielos de Chamon y permaneciendo oculto de la vista de Sigmar. Al hacerse consciente de aquella calamidad, el corazón del Dios-Rey se paralizó con una enfermiza sensación de duda. 

La  risa de Archaon fue larga y cruel, pues el poder de Sigmar quedó muy disminuido tras perder su martillo. La batalla estaba perdida y, aunque el Dios-Rey siguió luchando sus ejércitos fueron diezmados poco a poco. De esta manera, Archaon logró la victoria en la batalla.

Consecuencias[]

Archaon victorioso

El día fue una matanza sin fin, tan grande que marcó el amanecer de una nueva era. Sigmar culpó tanto a sus aliados como a sí mismo de su derrota, y canalizó su ira en una serie de ataques desesperados. Poco después se produjeron los desastres de las Guerras del  Nexo, que acabaron desembocando en la Guerra de Todaspartes. No viendo ninguna opción, Sigmar se retiró a Azyr cerrando tras él las puertas al Reino Celestial. Abandonando el manto de dios guerrero y abrazando el cetro de monarca divino, empezó a planear su contraofensiva. 

Por su parte, las fuerzas del Caos tuvieron vía libre para asaltar los Reinos Mortales, iniciándose así el dominio del Caos

Fuentes[]

  • Reglamento Age of Sigmar primera edición
  • Reglamento Age of Sigmar segunda edición
  • Ghal Maraz. Libro de Campaña
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