El Carruaje negro es una máquina de guerra del ejercito de las Noctánimas (aunque se le ha visto también acompañado a otros ejércitos de la alianza muerte), consistiendo en un carruaje funerario espectral. Una de las unidades más poderosas de las noctánimas, ya no solo por su poder de pegada sino por la habilidad de resucitar lideres de cualquier facción de la no muerte.
Características:[]
Aspecto:[]
Los Carruajes Negros son los transportes funerarios de los inframundos, tirado por cuatro Corceles Esqueléticos de Pesadilla y conducido por un Espectro tumulario. También suelen acompáñales otro tipo de noctánimas, normalmente banshees.
Capacidades:[]
Dentro de estos vehículos arcanos, todos los restos tangibles, ya sean cenizas, huesos o trozos de piel correosa, son recogidos en un ataúd que ofrece un refugio seguro en el que la entidad desterrada puede reformarse. El ocupante dormido puede alimentarse de las energías de la muerte, bebiendo agonía y dolor para hacerse más fuerte. Hasta que este revive.
También pude coger todo este poder usarlo el mismo, llegando a realizar magia o que sus ataques sean mucho mas poderosos.
Armamento:[]
El conductor del carruaje va armado con una gran guadaña a parte del látigo que usa para dirigir a las pesadillas espectrales, mientras que las banshees usan sus garras espectrales.
Trasfondo:[]
De la oscuridad, emerge un carruaje de color negro azabache que transporta los espíritus de los condenados y deja tras de sí una estela de esencia etérea. Al frente, un conductor fantasma arrea con violencia a los corceles espectrales del Carruaje negro, bestias incansables que irradian energía sobrenatural y lo impulsan a través de las filas enemigas, a las que aplasta bajo sus ruedas afiladas. Las energías de muerte que fluyen a través de su armazón hacen que sea imposible detener su avance, pues, con un simple ejercicio de voluntad del conductor, es capaz de atravesar cualquier obstáculo que encuentre en su camino.[1]
El carruaje negro es mucho más que una simple carroza fúnebre; es un foco de energía shyshiana que alberga en su interior el cuerpo de un no muerto de enorme poder. Los fantasmas que orbitan alrededor del carruaje son los siervos del señor caído, que portan sus reliquias en espera de su resurrección. La criatura, sellada en un féretro que absorbe la esencia de la muerte, se alimenta de energías negativas hasta la saciedad. Tras ello, se alza de nuevo, resuelta a vengarse de aquellos que acabaron con ella; o de sus descendientes, llegado el caso. Es tal el poder de las magias nigrománticas del Carruaje Negro, que atrae a las procesiones de Noctánimas y las arrastra consigo allá donde va.[1]
Los Carruajes Negros se sienten atraídas hacia los campos de batalla, pues allí el poder de la muerte es más fuerte. Desde lo alto del carruaje, el conductor apunta a los enemigos cercanos mientras las ruedas de hierro y los cascos de los corceles aplastan a los enemigos debajo de ellos. Deslizándose desde los cielos, los portadores de reliquias se lanzan para asestar golpes con sus garras espectrales. Toda esta violencia solo ayuda a alimentar la magia de la muerte que es absorbida por la entidad maléfica en el ataúd. Al extraer esas energías oscuras, el ser dentro del ataúd se hace más fuerte, expandiendo su aura de malicia. Mientras esto sucede, el Carruaje Negro se convierte en una amenaza aún más mortal para sus enemigos.[2]
Cuando está sumergido con la energía suficiente, parpadea, lo que le permite desaparecer y reaparecer en una posición más ventajosa. A medida que el vehículo infernal continúa absorbiendo poder, las almas de los recién asesinados son subsumidas, curando al carruaje y exudando un nimbo de luz tenue. Con suficiente magia de muerte cerca, los fuegos del carruaje son capaces de quemar a cualquiera que se acerque.[2]
-Relato:[]
-¡Vamos, vamos! - Skedreth espoleaba a su corcel como si todos los diablos del más allá le pisasen los talones.
No iba muy desencaminado. La reina guerrera se atrevió a mirar atrás y vio el temible carruaje negro que se acercaba, con sus ruedas rodando por el aire y no la tierra, tirado por incansables caballos espectrales.
-Deshazte de eso- grito Baendetta, señalando al cráneo impío que la reina llevaba bajo el brazo.
-Hice mi juramento a Tzarra el Variado- replico Skedreth-, ¡no puedo!.
Echo otra mirada, apresurándose hacia el barranco y el santuario de piedra calavera que había más allá. Ningún espíritu podía pasar por allí. Pero la ruidosa hueste de jinetes fantasmales, cuyos cascos quemaban el aire a su paso, encabezada por aquel carruaje maldito le ganaba terreno. su conductor tendió la mano hacia Skredreth, extendiendo un dedo pálido que parecía abarcar la distancia que los separaba...
Un mordisco de frío tocó el cuello de la reina guerrera como un espolón arañando carne. Skedreth espoleó a su montura y se adelantó a los demás jinetes, que forzaban a sus corceles con desesperación.
Baendetta tropezó y jinete y montura chillaron cuando los muertos los barrieron como una marea. Gegnir palideció de golpe y se desplomó al suelo cuando un espectro incorpóreo lo atravesó. Chillidos antinaturales se mezclaban con los gritos de los vivos a medida que los miembros de la tribu eran arrollados. Hasta que solo quedó Skedreth.
La boca del barranco se acervaba y ella rezó a los dioses, pero oía cerca a sus perseguidores. Y aquel roce terrible sobre su piel... Skedreth arrojó a un lado el cráneo robado, oyendo el eco de la risa de los muertos mientras lo dejaba atrás en su huida.
Pero el Carruaje Negro siguió persiguiéndola...[2]
Miniaturas:[]
La miniatura del Carruaje Negro salió en segunda edición con la mayoría de miniaturas cuando salió el ejercito de Noctánimas por primera vez; aunque antes cuando todo las tropas de la alianza de muerte estaban unificadas en Legiones de Nagash, se usaba la miniatura antigua de Warhammer fantasy:
Fuentes[]
- Death Batttletome: Nighthaunt (2.ª Edición).[2]
- Pág. 33
- Pág. 85
- Tomo de Batalla: Noctánimas - 4ª Edición (2025).[1]



