Comandada por el astuto Mannfred von Carstein, la Legión de la Noche es quizá la más infame de todas las huestes de vampiros. Estos ejércitos revividos asaltan a los vivos en una marea que parece no tener fin, empujados por la voluntad de sus amos y enterrando al enemigo bajo cuerpos putrefactos.

Mannfred von Carstein siempre ha estado definido por su inmensa ambición, y la legión colosal ligada a su voluntad es una muestra de ello. Ningún otro vampiro controla tanto poder militar en bruto como él, y el Mortarca no tiene reparos en mandar miles de sus esbirros a las fauces trilladoras de la guerra para cumplir sus odiosos planes. Este pragmatismo desdeñoso es común ente muchos gobernantes de los no muertos, pues carecen de la moralidad de los vivos, pero pocos lo ejemplifican tanto como von Carstein y sus discípulos. Los vampiros que sirven al Mortarca se cuentan entre los más crueles y despiadados de todos; se consideran a sí mismos los verdaderos amos de la noche, muy por encima del ganado mortal al que oprimen y desangran con frialdad. Cualquier noble no muerto que exhiba el más leve atisbo de mordimiento es eliminado y reemplazado por otro que siga más fielmente los ideales de supremacía de los Vampiros.

Los Von Carstein son un linaje muy antiguo, y entre ellos Mannfred es el más venerable y digno de temor. Ha presenciado el paso de las eras e incontables naciones florecer y decaer, y ha acabado apreciando una verdad definitoria: nadie es invencible ni irremplazable. Hasta un dios puede caer: el propio Nagash lo demostró cuando fue vencido por Archaón. Ahí, el orgulloso vampiro vislumbró una oportunidad. Tras milenios de servidumbre, Mannfred sigue decidido a escapar algún día de las zarpas del Rey Eterno y convertirse en el gobernante supremo de los muertos. Esa aspiración no es solo producto de su arrogancia: Mannfred conoce al Gran Nigromante lo bastante bien como para plantearse qué ocurriría si alguna vez llegase la necrotopía y el terror exsanguinador de los vampiros dejase de ser necesario para mantener a raya a los vivos.

Aunque quedan pocos auténticos Von Carstein (pues han sido exterminados por héroes a un gran coste, han sucumbido a la locura sanguinaria, han renunciado a su herencia para formar linajes nuevos o han sido traicionados y destruidos por el celoso de Mannfred) muchas de las dinastías engendradas por los vástagos del Mortarca siguen jurando obediencia al Trono sanguinario de Carstinia. La legión de Mannfred no está falta de generales capaces, y no pocos imperios funerarios de los reinos están gobernados por un vampiro al que han concedido dominio de un territorito conquistado a cambio de su lealtad eterna. Por lo general, Mannfred se contenta con dejar que sus subordinados persigan sus propios intereses siempre que atormenten a los vivos, pero cuando encabeza personalmente sus ejércitos no tolera más que la obediencia total.

La Legión de la Noche es una entidad absolutamente colosal. Ni siquiera el propio Mannfred sabe con certeza el número de vampiros y dinastías vasallas que han sido convencidos, engatusados u obligados a servirle a los largo de los siglos. Tras cada uno de sus subordinados avanzan grandes huestes de no muertos ligadas a la voluntad de los vampiros. Mannfred no discrimina en lo que a los cadáveres alistados nigrománticamente en sus ejércitos. Algunos de sus generales en particular aquellos con mayor mentalidad marcial, envuelven a sus esbirros en telas negras como la noche en señal de lealtad. Otros lideran ejércitos aún con los colores que llevaban en vida, y no es raro ver destacamentos de la Legión de la Noche con muchos tonos difuminados distintos entre sus filas. Masas de gimientes Putreandantes, tropas de cadáveres que van desde tristes leprosos a consentidos nobles, avanzan torpemente como una ola de carne pútrida y tela, mientras que cohortes esqueléticas de los Repicahuesos marchan en inquietante sincronía tras estandartes desgastados que exhiben emblemas de imperios ya olvidados.

Aunque todos los vampiros levantan refuerzos desde fosas comunes o los montones de cuerpos de los fallecidos en batalla, pocos lo hacen con la eficiencia desapegada de aquellos que sirven a la Legión de la Noche. El credo de Mannfred dice que el honor, la moralidad y las nociones de dignidad son solo impedimentos para la victoria, y sus discípulos lo han adoptado sin dudarlo, pues no ven motivo para tener en cuenta nada que no sean sus propios deseos egoístas. Enormes plagas de muertos andantes zombis y esqueletos son arrancados sin dudarlo de su lugar de reposo y lanzados contra el enemigo. Con una determinación implacable y mecánica, avanzan a través de lluvias de flechas o contra lanzas en ristre, ignorando heridas que serían fatales y avasallando al enemigo por pura superioridad numérica.

Puede que sus hordas de muertos alzados carezcan de intelecto, pero Mannfred es lo opuesto. Largos siglos pugnando por el dominio absoluto lo han convertido en un maestro de los planes rebuscados y los actos ruines. No hay estratagema que el Mortarca se negaría a emplear para lograr sus metas. Levantar oleadas de zombis apestados para esparcir una plaga mortífera; torturar prolongadamente a cautivos en sus propias ciudades para luego ejecutarlos y reanimar sus cuerpos mutilados; formar falsas alianzas temporales con comandantes mortales desesperados solo para sembrar el vampirismo entre sus filas: Mannfred ha empleado todas esas tretas en el pasado y muchas otras más. Su capacidad de evaluar rápidamente y aprovechar las circunstancias cambiantes de cada frente bélico le convierte en un táctico increíblemente versátil, y eso ha demostrado ser la base de muchos de sus triunfos. Aunque los acicalados cortesanos de Nulahnmia consideren que sus métodos son terriblemente vulgares y los nobles guerreros de los Kastelai le acusen de ser un perro sin honor, al Mortarca no le importa. Ha no-vivido lo suficiente como para saber que el poder y la victoria son las únicas medidas de éxito reales; un sentimiento que agrada al Gran Nigromante, aunque Nagash nunca lo admitiría en presencia de Mannfred.

Los relatos de las argucias de Mannfred se cuentan desde las Torres de la Torre Varan hasta los salones de la Alta Sigmaron. Muchos nobles de la Legión de la Noche tratan de emular a su amo y ganarse su favor mediante grandes demostraciones de ingenio y astucia. Quienes tienen éxito pasan a formar parte del círculo interior de generales Von Carstein (en parte para tener vigilados a quienes puede que sean demasiado listos) pero el señor de Carstinia es lo bastante sabio como para reconocer la valía de toda clase de siervos la lealtad de los vampiros especialmente brutales y más recientemente, de las monstruosidades conocidas como Señores Vengorianos es aceptada por el Mortarca con tanta regularidad como la de criaturas de naturaleza más sutil; al fin y al cabo, incluso un armas tosca puede ser letal si es empleada con destreza suficiente.

Hubo un tiempo en que la Legión de la Noche sirvió como principal arma de terror de Nagash. Ese puesto le fue disputado por la ascensión de Lady Olynder y su Legión del Pesar, pero la afianzada capacidad de Mannfred de sacar provecho de circunstancias cambiantes ha logrado que , en lugar de perder su puesto en el orden funerario, se haya vuelto más esencial que nunca para el Gran Nigromante. No hay desafío militar que no pueda resolver, ni aparente desgracia que no pueda volver a su favor. Cuando Arkhan el Negro masacró a su séquito de Nigromantes, los Discípulos Negros, para crear una cábala de poderosos Mortisanos para los Ossiarcas, el vampiro ofreció de buen grado su patronazgo a los diseminados supervivientes, obteniendo así un plantel de hábiles magos de la muerte para mantener sus ejércitos en marcha y que más importante aún, podían compartir las enseñanzas de su rival Mortarca.

Mannfred fue uno de los campeones no muertos elegidos por Nagash para encabezar la Guerra de los Mortarcas. Junto con Neferata y Arkhan el Negro, su cometido era extender el hambre del Nadir de shyish a través de los reinos. Por supuesto, el vampiro no fue un sirviente perfectamente leal. Cuando sus esfuerzos por crear un nadir menor en Invidia fueron repelidos, Von Carstein se apresuró a retirarse de vuelta a Shyish y liderar sus huestes a la anexión de los territorios fronterizos desprotegidos de Neferata mientras la reina de Nulahmia estaba ocupada en su propia misión.

Mannfred Von Carstein es un elemento impredecible que solo puedes confiar en que no será de fiar, pero Nagash le considera un activo valioso porque siempre pilla a sus enemigos desprevenidos. Sus hordas inacabables marchan contra los vivos con un vigor incansable, y si eso se templa con la astucia cruel de más rencoroso de los Mortarcas, no hay enemigo en ambos lados de la tumba al que no pueda vencer.


Miembros de la Dinastía conocidos:[editar | editar código]



Fuentes:[editar | editar código]

  • Tomo de Batalla: Muerte- Soulblight Gravelords (2021)
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