Sigmaroteca
Sigmaroteca


Los Esclavos de la Oscuridad es una facción de la Gran Alianza del Caos dirigida principalmente por los Príncipes Oscuros, especialmente El Elegido.

Los servidores del Elegido marchan a la guerra en innumerables hordas de guerreros letales corrompidos que luchan junto a la temible Guardia de Varan. Buscan subyugar a los Reinos Mortales bajo el poder de los Dioses Oscuros, y cuando está al mando de Archaon, un ejército del Caos es prácticamente imparable.[1]

Sigmar es un dios falso. ¿Dónde estaba Sigmar cuando la oscuridad se cernió sobre toda la creación? ¿Dónde estaba Sigmar cuando estalló la realidad, y las legiones de demonios saltaron sobre las ruinas de las naciones? Cuando se cerraron las puertas de Azyr, no fue el Dios Rey quien ofreció la salvación a los que se quedaron atrás. Sólo ofreciendo sus almas al Caos, los habitantes de los Reinos Mortales sobrevivieron a esa era de terror.

Desde la Meseta de Llagaignea en Aqshy hasta las encantadas Tierras perdidas de Shyish, los Slaves to Darkness dominan las tierras. Mediante actos de carnicería ritual, estos hombres y mujeres buscan ascender el Sendero a la gloria. Al final de este traicionero camino de muerte y locura hay recompensas que van más allá de la imaginación, para aquellos lo bastante poderosos como para reclamarlas.

Mientras las réplicas del necroseísmo de Nagash se extienden por la realidad, los Slaves to Darkness se reúnen para la guerra con una convicción que no se ha visto durante siglos. Guerreros con armadura y tribus bárbaras se enfrentan a miles. La tierra se estremece en protesta bajo la carga de temibles caballeros y carros brutales. Monstruos retorcidos acechan desde cuevas oscuras, con el aliento fétido humeante en el aire mientras buscan una presa fresca.

Al frente de estas huestes malditas están los Campeones del Caos. Ya sea un guerrero poderoso, un hechicero malvado o un Príncipe Demonio, su poder infernal y sus bendiciones oscuras los desafía a cualquiera de los títeres celestiales de Sigmar o a los aparecidos no muertos de Nagash. Por encima de ellos se encuentra el campeón más grande de todos: Archaon el Elegido, Gran Mariscal Exaltado del Apocalipsis. Por su voluntad serán arrastradas las almas de todos los que se opongan a los Poderes Ruinosos gritando ante los tronos de los dioses.

Los Reinos Mortales pertenecen al Caos. Así fue y así siempre será.

Las Hordas del Caos[]

Allí donde los adoradores de los Dioses Oscuros marchan, los Reinos Mortales tiemblan. Bajo la mirada de su temible panteón, los Slaves to Darkness se abren paso a través de todos los que se le interponen en busca de gloria. A su cabeza van algunos de los servidores más poderosos del Caos, en pos de nuevos desafíos y conquistas.

Revestidos de hierro infernal y empuñando espadas brutales grabadas con runas, los Slaves to Darkness extienden la guerra por los Reinos Mortales. Mirarlos es presenciar la muerte de la civilización hecha carne; tribus bárbaras marchan junto a guerreros elegidos y potenciados con el favor de los dioses. Sus armas brillan con una luz funesta, mientras estandartes harapientos con símbolos retorcidos chasquean en el aire caliente. A medida que las hordas de los condenados chocan contra el enemigo, los rugidos de monstruos malditos asaltan los sentidos, y su misma presencia deforma las tierras a su alrededor en formas de horror irreconocible.

Sin embargo, estos no son los guerreros más temidos de las huestes ruinosas. Ese oscuro honor recae en los Campeones del Caos. Jefes brutales, caballeros caídos y hechiceros astutos compiten por ganarse el favor de los dioses, con sus vidas consagra das a la batalla y la matanza en busca del favor divino.

Cuando matan en nombre de los Poderes Oscuros, estos campeones acumulan bendiciones otorgadas por sus maestros piadosos. Sus cuerpos están retorcidos para adaptarse mejor a los caprichos de su patrón, y el aura de poder que los rodea (por no mencionar los relatos de sus gloriosas matanzas y hazañas malévolas), atrae a los adoradores del Caos de todas las tierras para unirse a sus bandas. Cuanta más gloria con sigan para su dios, más recompensas obtendrán, y más grandes serán sus huestes conquistadoras.

Cuando matan en nombre de los Poderes Oscuros, estos campeones acumulan bendiciones otorgadas por sus maestros piadosos. Sus cuerpos están retorcidos para adaptarse mejor a los caprichos de su patrón, y el aura de poder que los rodea (por no mencionar los relatos de sus gloriosas matanzas y hazañas malévolas), atrae a los adoradores del Caos de todas las tierras para unirse a sus bandas. Cuanta más gloria con sigan para su dios, más recompensas obtendrán, y más grandes serán sus huestes conquistadoras.

A pesar de su gran poder, la mayoría de Campeones del Caos, suelen tener un final sombrío. Los que caen en batalla son los afortunados, aunque sus almas están destinadas a ser arrastradas al Reino del Caos para ser consumidas por los dioses sedientos. Para muchos, los "regalos" de los dioses son demasiado difíciles de soportar, sus mentes y cuerpos están henchidos por el poder del Caos que fluye a través de ellos. El destino de estos grandes Señores de la guerra es convertirse en poco más que en Spawns. Sin embargo, este final horrible no basta para disuadir a muchos aspirantes a campeones de adentrarse en el Sendero a la gloria. A unos pocos, los que complacen a los dioses regularmente y poseen la fuerza de voluntad para dominar sus bendiciones oscuras, les espera la re compensa definitiva: la inmortalidad como un temido Daemon Prince y una eternidad de batallas en nombre del Caos.

La muerte, mutar en engendro o la daemonicidad son el final todos los adoradores del Caos (desde el más insignificante Marauder al Campeón más poderoso), y todos afrontarán uno de estos tres destinos. No hay acto, no importa cuán atroz o vil sea, que estas almas malditas no cometan en busca de la gloria eterna.

El triunfo de la oscuridad[]

Slave to Darkness.jpg

Si un cartógrafo fuera lo bastante necio como para aventurarse en las tierras torturadas más allá de las nacientes ciudades de Sigmar, pronto se encontraría en los dominios de los Slaves to Darkness. Allí el olor de la muerte perdura en el viento, y la tierra se ve sacudida por la agonía tectónica. Montones de cráneos apilados salpican el paisaje por don de las hordas del Caos han pasado. Aves carroñeras mutantes vuelan en círculo en busca de presas frescas, mientras monolitos sombríos que se erigen en homenaje a los Dioses Oscuros perforan el horizonte de forma intermitente e irradia un aura siniestra.

Es dudoso que un viajero abandone esas tierras, ya que los adoradores de los Dioses Oscuros descargan su brutalidad sobre quienes consideran intrusos. Los débiles siervos del Dios Rey pueden afirmar que están reclamando sus tierras legítimas, pero los Slaves to Darkness ven las cosas de forma diferente; para ellos, son estos forasteros y advenedizos quienes invaden, y quienes disputarán el dominio legítimo de los dioses.

""Qué es lo mejor de toda la creación? Aplastar a los débiles. Quemar sus tierras hasta convertirlas en cenizas ennegrecidas. Para atraer la mirada de los Poderes Oscuros. Estas cosas, sólo sirven estas cosas"."

Kardok Varx, Señor de la Horda nacida tres veces

Los Slaves to Darkness son los habitantes humanos más extendidos de los Reinos Mortales, sobre todo en los reinos más primitivos, como Aqshy y Ghur. Los muertos ciertamente los superan en número, al igual que los skaven, los grots y las Bestias del Caos, pero, ninguno de ellos ha conquistado tan vigorosamente como la humanidad. En muchos casos, estos mortales se reúnen en tribus bárbaras, pero entre ellos también hay sectas arcanas caídas, órdenes de caballeros malditos y cultos degenera dos. Son ellos, no los hijos de Sigmar, quienes simbolizan las masas de humanidad que hay en los Reinos Mor tales. A través de campos de batalla llenos de energías letales, tecnología mágica y deidades encarnadas, luchan con hachas afiladas y fe en sus dioses, intercambiando sus almas a cambio del poder no solo para sobrevivir en una guerra constante, sino para prosperar en ella. 

La Era del Caos, en la que el Panteón del Orden se disolvió y las legiones de los Dioses Oscuros irrumpieron en la realidad, hizo que los Slaves to Darkness ganasen predominancia, pero las semillas de la condenación se plantaron mucho antes de esos siglos sangrientos. Los años perdidos de la Era de los Mitos disimularon los males ocultos bajo su apariencia brillante. El objetivo de Sigmar y su panteón piadoso era crear un paraiso para sus adoradores, y en su arrogancia pensaron que los Reinos Mortales fueran una realidad que no estuviese atada por la corrupción del Caos.

Sin embargo, los Dioses Oscuros deseaban los reinos, y sabían mucho de falibilidad mortal. El Panteón del Orden había inspirado grandes franjas de humanidad mediante las artes de la civilización, pero en muchos casos los ecos de las antiguas formas tribales permanecieron. La adoración de poderes más antiguos persistió en las conciencias de muchas culturas. Gradualmente, los Dioses Oscuros susurraron en los oidos de innumerables pueblos, disfrazándose con los rostros de estas deidades venerables y familiares.

Poco a poco, los dioses del Caos corrompieron civilizaciones en todos los reinos. Los habitantes de las llanuras de Aqshy vieron cómo sus contiendas marciales se volvían cada vez más sangrientas, mientras que en las ciudades biblioteca de Hysh los eruditos y filósofos perseguían formas peligrosas de conocimiento con la convicción obsesiva de auténticos fanáticos. Tal vez en días mejores, el Panteón del Orden podría haber detectado estas señales y haber trabajado para erradicar semejante maldad en aumento, pero, incluso los dioses se habían dividido a causa de las maquinaciones del Caos y sus propios egos enfrentados.

Cuando la presa finalmente se rompió, las legiones demoníacas de los Poderes Ruinosos barrieron a todos en un huracán de violencia. Los paisajes mutaron y se retorcieron en las garras del Caos, y muchos mortales comenzaron a rendir homenaje a los Poderes Ruinosos simplemente para sobrevivir. Aunque el Dios Rey y sus aliados lucharon valientemente, la desastrosa Batalla del Cielo ardiente marcó el final de la resistencia organizada dentro de los reinos. Sigmar se vio obligado a retirarse a Azyr, y los otros dioses escondieron a su gente lo mejor que pudieron, o los abandonaron a su suerte para que sobrevivieran solos. En su ausencia, la locura desatada en los reinos vio a más mortales jurar lealtad al Caos en su desesperación o ansia de poder.

Los Slaves to Darkness reclamaron el dominio sobre gran parte de los Reinos Mortales. Los más humildes no son necesariamente malvados, aún son humanos, con toda la gama de emociones y experiencias que eso implica. Aman y odian, sienten alegría y desesperación, y pueden encontrar un respiro momentáneo en un odre de licor aqshiano o camaradería con sus compañeros guerreros. Sin embargo, los dioses a los que adoran y los actos realizados bajo su servicio son fundamental mente corruptos. Ascender entre los Slaves to Darkness es codeare con demonios y hechiceros. No se trata sólo de cortejar poderes del más allá, sino también de disfrutar de su atención voluble.

Incluso quien busca usar el poder del Caos para causas nobles, finalmente verá su alma reconstruida como el juguete de los dioses, ya que la naturaleza del Caos es despojar y profanar hasta las intenciones más puras. Sus adoradores están eternamente obligados a caminar por una senda que sólo conduce a su propia muerte, o a ser rehechos a la imagen de su dios para siempre, y al hacerlo, pierden la esencia de quiénes fueron. Cuando se sigue el Sendero a la gloria, el precio a pagar es siempre el alma. Los que llevan la marca del Caos son, por tanto, Slaves to Darkness (Esclavos de la Oscuridad) en el sentido más auténtico de la palabra.

Todos excepto uno.

El Rey de los tres ojos[]

Las huestes del Caos son displicentes y están divididas, porque esa es la naturaleza inherente del Sendero a la gloria. Un aspirante a campeón debe estar dispuesto a llegar a dónde sea para alcanzar el poder y la grandeza. Sin embargo, todos le deben obediencia a Archaon, porque él es el Elegido, el Señor de la guerra favorito de los Dioses Oscuros, el Gran Mariscal Exaltado del Apocalipsis. Todo el que desafía su voluntad es pisoteado por la Varanguard, los infames Caballeros de la Ruina, escindidos en dos por el temible filo demoníaco de Archaon, o destinado a una eternidad de tormentos como resultado de ser devorado por su colosal corcel de tres cabezas, Dorghar.

Incluso los Señores demoniacos deben cuidarse en presencia del Elegido. Archaon es un verdadero semidiós de la oscuridad, y por su mano los ejércitos del Caos han causado estragos en los Reinos Mortales. Única mente Azyr no ha sentido aún su ira. Sin embargo, el Elegido es más que un poderoso guerrero. Pocos pueden igualar a Archaon en el campo de la estrategia, y durante muchos años ha planeado cómo romper las puertas de los cielos y arrasar el Reino Celestial. Existe una hostilidad ancestral entre Archaon y Sigmar, porque el Elegido ha llevado la muerte a los siervos del Dios Rey desde la época del mundo que fue. Sólo cuando Azyrheim arda y los demonios profanen las ruinas de Sigmaron, Archaon se dará por compensado.

Ahora, mientras se desencadenan las Guerras del Alma, los Slaves to Dar kness se preparan para emprender su propia cruzada de reconquista. Los conflictos tribales deben cesar: los avances logrados por Sigmar y los restos de su débil panteón deben revertirse. De un lado a otro de los Reinos Mortales surgen nuevos campeones, ansiosos por atraer la mirada de los dioses y del Elegido a través de sus actos maléficos. Es una era de oportunidades y masacre que supera incluso los excesos de la Era del Caos. Los Dioses Oscuros están unidos en una sola cosa, el deseo de conquistar los Reinos Mortales en su totalidad, y sus adoradores verán los reinos ardiendo hasta las cenizas antes de que rindan su difícil dominio.

Conquistadores de Reinos[]

Esclavos de la Oscuridad 2.jpg

Los dominios infernales de los Slaves to Darkness se encuentran en todos los reinos. Innumerables tierras han sufrido bajo su furia, e incluso con el amanecer de la Era de Sigmar y el resurgimiento de enemigos antiguos y nuevos, el control de estos señores de la guerra y campeones del Caos en los Reinos Mortales sigue siendo fuerte.

El ámbito del Caos no es crear, sino corromper y despojar. Todo lo forjado, construido o creado por los seguidores de los Dioses Oscuros está imbuido de maldad. A medida que libran sus guerras, los Slaves to Darkness rehacen los reinos a su propia imagen funesta: cada tierra conquistada por las tribus pronto se convierte en un homenaje físico a su interpretación del panteón oscuro.

Los imperios de los Slaves to Darkness se pueden encontrar en todos los reinoesferas, excepto en Azyr, el Reino de los Cielos. Algunas tribus incluso se han dirigido hacia el perímetro hostil de su reino natal, a las tierras donde el poder de la magia resuena con mayor intensidad. Pocos regresar de estas tierras peligrosas. y los que lo hacen, afirman haber escuchado las voces de los dioses. Las cruzadas libradas por Sigmar Heldenhammer y el antiguo Panteon del Orden para recuperar sus dominios ancestrales aún no han recuperado ni una décima parte del terreno con quistado por los Slaves to Darkness, Sus puestos avanzados y ciudades son meras cabezas de playa en un mar de maldad incesante, diminutos puntos de luz (aunque no necesaria mente puros), parpadeando dentro de un abismo asfixiante.

Esas tierras cautivas de los Slaves to Darkness fueron ganadas con actos de terror y matanza. Estos conflictos no han cesado, y siglos de guerra territorial han mantenido las espadas de las tribus afiladas. Muchos campeones recorren el Sendero a la gloria a través de tales conquistas, demostrando su devoción erigiendo monolitos caídos a los dioses sobre los huesos de sus enemigos. Cuando los ejércitos del Orden, la Muerte o la Destrucción intentan forjarse un nuevo territorio, los Slaves to Darkness están preparados para luchar con el acero forjado en el infierno y el poder ruinoso, y embarcarse en nuevas conquistas.

Fortalezas del mal[]

Alrededor de cada enclave de civilización relativa hay grandes franjas de tierra aún bajo el mando férreo de los Slaves to Darkness. No es raro que bandas, tribus y hordas lejanas habiten dentro de estos dominios oscuros, aunque cada área normalmente suele estar gobernada por un solo señor. Muchas bandas y campeones menores han jurado lealtad a estos gobernantes de corazón negro, unidos entre sí a través de una compleja estructura semifeudal definida por el poder y el favor de cada campeón subordinado.

Los limites de estos territorios cambian constantemente; un campeón sólo gobernará mientras demuestre su valía, y todos tienen rivales contra los que deben estar en guardia. Sin embargo, cuando suena la llamada a la guerra, estas antiguas enemistades se dejan de lado, al menos por un tiempo, y los ejércitos de los Dioses Oscuros de todos los vastos territorios conquistados unen sus fuerzas.

Muchas de las tribus oscuras son nómadas, vagando dondequiera que la llamada de los dioses les lleve. Sin embargo, la mayoría de las tribus tienen sus terrenos de caza favoritos; para consolidar su control sobre estas tierras conquistadas, los señores de los Slaves to Darkness levantan todo tipo de fortificaciones imponentes de metal oscuro y hueso ennegrecido. Estas fortalezas son conocidas por varios nombres, como agujas negras, dreadholds y fortines monolito. Acercarse a una fortaleza de Slaves to Darkness es llamar a una muerte dolorosa, y algo peor. Los gritos de los capturados por las hordas del Caos resuenan sin cesar en el interior, mientras los armamentos montados en los muros angulares brillan con una luz siniestra, alimentada por los demonios atados que rabian dentro de ellos.

La Torren Varan[]

A pesar de que muchas de estas fortalezas se han convertido en materia de leyendas oscuras, hay una cuya infamia eclipsa a todas las demás. Su nombre sólo se dice en susurros; incluso los reyes demonios más poderosos son conminados al silencio al pensar en los tormentos que acechan tras sus almenas y sus muros empapados de sangre. Se trata de la Varanspire, la fortaleza del propio Elegido.

Alzándose en el centro de Ochopartes (esa extraña tierra intersticial que da paso al corazón de cada uno de los reinos), el tamaño de Varanspire desafía la comprensión. En las altas torres que atraviesan el Reino del Caos, los videntes de Archaon escudriñan los retorcidos caminos del futuro, enseñando tal conocimiento al Elegido y su círculo interno. Dentro de los muros colosales de Varanspire hay lugares de reunión para vastos ejércitos junto a todo tipo de horrores imaginables, desde nidos de carne retorcida a santuarios de los Dioses Oscuros que desafían todas las leyes naturales.

El mayor de estos santuarios, ubicado en el corazón negro de Varanspire, es la Cámara de los Vencidos. Dentro se pueden encontrar filas de columnas retorcidas, rostros fantasmales retorciéndose en agonía a través de su superficie. Estandartes ajados arrancados de las manos de enemigos derrotados se mecen con vientos sobrenaturales. Dominando la cámara hay un trono forjado con las almas osificadas de los reyes. Es un trono en el que Archaon nunca se ha sentado, ni lo hará hasta que su conquista de los Reinos Mortales esté acabada.

Aunque varios de los arcos (los de los colosales Portales del Reino de Ocho partes, capaces de transportar ejércitos enteros a la vez) fueron arrancados de las garras del Elegido durante las Guerras por los Portales, las hordas de Archaon siguen marchando para luchar en los Reinos Mortales, pues el deseo de gloria y dominación arde en el corazón de cada servidor del Caos.

Los dioses del caos[]

Dioses del caos.jpg

Los Dioses Oscuros, seres imposiblemente antiguos que habitan en la agobiante pesadilla del Reino del Caos, obtienen su poder terrible de las pasiones y pecados acumulados de la mente mortal. A estas entidades aterradoras rezan los Slaves to Darkness antes de cada batalla, buscando la fuerza para matar a sus rivales. Hay cinco de estas entidades conocidas, sin embargo los habitantes de los Reinos Mortales solo parecen alimentar a cuatro de ellas.

  • Khorne: El Dios de la Sangre, el más antiguo de todos los poderes del Caos. Es un ser que disfruta con la violencia sin sentido, a quien no le importa de dónde fluye la sangre, mientras fluya. Desde lo alto de su trono de calaveras, los furiosos bramidos de Khorne resuenan en todo el Reino del Caos y en los Reinos Mortales. Vastos ejércitos de mortales y daemons marchan en su nombre, llevando el credo de sangre eterna del Dios de la Sangre a todos los rincones de la creación.
  • Tzeentch: De todos los dioses del Caos, Tzeentch, es el que adopta mayor variedad de nombres: el Arquitecto del Destino, el Gran Conspirador y el Señor del Flujo son solo algunos de sus múltiples títulos. Desde su dominio en el corazón de la Fortaleza Imposible, arranca los hilos de la causalidad, manipulando las madejas del destino para sus propios fines desconocidos.
  • Nurgle: Señor de la Plaga, parte del panteón de los Dioses del Caos, se deleita con la podredumbre y la decadencia. El ciclo de putrefacción, renacimiento y muerte atrae a Nurgle como un cadáver a las moscas. En épocas de pestilencia y contagio descontrolado, el poder de Nurgle alcanza su cénit, para desesperación de todos.
  • Slaanesh: El Príncipe Oscuro, el Dios del Exceso y el Señor del Placer, además del más bello de los Dioses de Chaos. No obstante, el trono de Slaanesh está vacío, pues el dios ha desaparecido. Sus esbirros se estrujan las manos desesperados, mientras los demás dioses se regocijan.

Las tribus de los Slaves to Darkness rinden culto a los grandes poderes del caos de múltiples formas y aspectos diferentes. Los aspirantes a campeón imploran a estos seres y buscan sus bendiciones según lo requiere la necesidad, pero no es insólito que una tribu solo rinda tributos a una única deidad. Cuando se deciden por esta forma de adoración atan eternamente sus almas a uno de los Dioses Oscuros.

Magia de los dioses oscuros[]

La magia ejercida por los chamanes de las tribus oscuras implica canalizar el poder puro del Caos. Este es un asunto peligroso, porque se suponía que los mortales nunca tocarían la esencia de los dioses y sobrevivirían. A lo largo de los siglos, los hechiceros han deducido formas de mitigar los efectos dañinos de la magia del Caos sin disminuir su potencia; El sacrificio ritual para apaciguar el hambre del alma de los dioses es común, particularmente entre los aquelarres cabalistas. Los pactos con entidades demoníacas también son un lugar común, aunque muchos hechiceros descubren al final que su patrón de otro mundo no tiene en mente sus mejores intereses.

Desde el amanecer del Arcanum Optimar, los hechiceros han podido modelar manifestaciones persistentes de magia. La adoración panteísta de la mayoría de las tribus significa que estos hechizos atraen al Caos en todo su esplendor, aunque su forma puede diferir según la devoción del lanzador. El Eightfold Doom-Sigils arde en los cielos por encima de las mayores matanzas, atrayendo las almas de los muertos hacia ellos y empoderando a los sirvientes de los dioses. El Realmscourge Ruptures surge como una manifestación de la tierra torturada, empalando a todos a su paso. Los más terribles son los Darkfire Daemonrifts, ya que son puertas de entrada al Reino del Caos en sí, grietas en la realidad que dividen el cielo y de las que los depredadores demoníacos liberan gotas concentradas de esencia caótica y mutante.

Nuevos tiempos, nuevas guerras, viejos poderes[]

Aunque abarcó muchas vidas mortales, la Era del Caos no duró para siempre. A medida que la Tormenta de Sigmar avanzaba por los ciclos, los Slaves to Darkness se vieron asediados repentinamente por aquellos a quienes habian aplastado una vez, y aunque se enfrentaron a cada uno de estos desafios con entusiasmo sombrio, aun faltaba por liegar algo peor.

Aunque la Era del Caos representó el triunfo de los Slaves to Darkness, también supuso las semillas del desastre para los seguidores de los dioses. La inestabilidad inherente de los Poderes Ruinosos amenazaba con lograr lo que la resistencia organizada no podían. En ausencia de un enemigo digno, los adoradores del Caos solían enfrentarse unos a otros para saciar sus impulsos destructivos. Debido a sus conquistas generalizadas, fueron los Slaves to Darkness quienes lideraron gran parte de este conflicto interno; innumerables bandas se enfrentaron, y cada campeón buscaba ascender en el Sendero de gloria sobre los huesos de sus rivales muertos.

Incluso mientras subyugaba a cientos de reinos, desde las Planicies bestia de las Ciudades Aullantes de Ghur hasta el imperio aéreo de Zepheria, el Elegido siempre planeaba cómo derribar las puertas del Reino Celestial. Esto no quiere decir que los otros reinos se salvaran de la atención de Archaon. Al otro lado del Reino de las Bestias, sus ejércitos libraron las brutales Guerras con los pieles verdes, mientras que la Batalla de los Cielos Negros vio a Nagash derribado por la Matarreyes, aunque no con siguió matar al Señor de la Muerte de forma permanente. Sin embargo,en las profundidades de su corazón negro, el mayor anhelo de Archaon fue siempre derrocar al Dios Rey.

Antes de que Archaon pudiera desatar sus ejércitos contra Azyr, Sigmar contraatacó. Rodeados de relámpagos y empuñando armas bendecidas por la tormenta, los Stormcast Eternals descendieron para luchar contra las hordas de los Poderes Ruinosos. Los Slaves to Darkness fueron tomados por sorpresa. Habían dedicado sus vidas a luchar contra otros adoradores del Caos o con las tribus y clanes de la Destrucción. Pocas eran las fuerzas del Orden que aún se levantaban contra las hordas de los Dioses Oscuros, y ninguna había logrado organizar una campaña de retribución tan decidida.

La llegada de los Stormcasts marcó el inicio de las Guerras por los Portales, en las que los servidores de Sigmar buscaban el control de los Portales del Reino y el restablecimiento de alianzas con antiguos miembros del Panteón del Orden. Al principio, los Slaves to Darkness sufrieron enorme mente bajo este asalto. Enfrentados a enemigos que tenían la ventaja crucial de la sorpresa y podían igualarlos golpe a golpe, tribus enteras fueron eliminadas en una rápida sucesión. Sin embargo, la crueldad es tenaz. Poco a poco, los Slaves to Darkness fueron tomaron la medida de sus enemigos. Pronto los seguidores de los Dioses Oscuros ganaron tantas batallas como las que habían perdido, expulsando a sus adversarios celestes a Azyr y ganando recompensas de sus deidades patronas.

Archaon lideró muchas batallas contra los Stormcasts, ya que le divertía la oportunidad de poder imponerse a los elegidos de Sigmar. Al hacerlo, puso en marcha su plan para atacar Azyr. La intención de los Everchosen era aprovechar el poder de las bestias de los dioses, empleando su fuerza para atravesar las puertas de los cielos. En esto, sus planes se vieron frustrados; el Mundo Titán Behemat fue destruido por las Tormentas del Gran Torque Verde de Ghyran, mientras que en las Tierras del Sol Encadenado, Ignax, el DracoSolar, aunque al principio estaba atado a los Everchosen, fue liberado de la servidumbre gracias a una potente runa rompehechizos introducida en su escondite por Fyreslayers de la logia de Austarg. Aún más frustrante, los Portales que conducían a Ghyran, Aqshy y Ghur se vieron interrumpidos en el clímax de las Guerras por los Portales, eliminando los medios más eficaces para transportar a los ejércitos de Archaon a estas tierras. A medida que las ciudades libres del Orden comenzaron a levantarse, Archaon buscó nuevos métodos de conquista. Entretanto, el Elegido ordenó que sus ejércitos eliminasen a los enemigos de los dioses, algo para lo que los campeones del Caos hambrientos de gloria, no necesita ban mucho aliento.

La venganza de los muertos[]

Para saber mas sobre los conflictos que siguieron al Necroseismo ver: Guerras del Alma.

Esclavos Oscuridad.jpg

Justo cuando la esperanza empezaba a regresar a los Reinos Mortales, las maquinaciones de Nagash la vieron destrozada. Tras haberse recuperado de la derrota a manos del Elegido, y enfurecido por el robo de almas que creia mlegitimamente suyas por sus dioses compañeros, el Gran Nigromante puso en marcha un gran ritual que transformaría cada reino en un imperio de los muertos.

A través de los reinos, los videntes y lideres de las tribus oscuras se vieron asaltados por visiones mortales y presagios. La más poderosa de estas fue Marakarr Cielosangre, una Darkoath Warqueen que reunió una multitud colosal de tribus bajo su estandarte para marchar sobre Nagashizzar y frustrar el complot de Nagash. Sin embargo, ni siquiera ella pudo detener el ritual a tiempo; sólo las maquinaciones de la Gran Rata Cornuda impidieron que el Dios de los Muertos lograra su objeti vo, e incluso entonces el resultado fue devastador.

La tormenta resultante de la magia de Shyish que azotó los reinos vio a miles de espiritus de Nighthaunt levantarse de sus tumbas, formando grandes ejércitos fantasmales que sirvieron como la vanguardia del te rror de Nagash. También anunciaba el amanecer del Arcanum Optimar, un tiempo de gran flujo mágico en el que se se invocaban manifestaciones de magia persistentes y depredadoras para devastar a los enemigos de un hechicero, aunque no necesariamente se controlaran después.

Cuando comenzaron las Guerras del Alma, los Slaves to Darkness se vieron acosados. En una sombría ironía, su éxito durante la Era del Caos se volvió contra ellos: al sacrificar a tantos guerreros, habían brindado un terreno fértil para criar grandes cantidades de espíritus Nighthaunt. Ejércitos de espectros chirriantes cayeron sobre muchas bandas, des trozándolas con garras etéreas. Sin embargo, las tribus no eran ajenas al otro mundo, y pronto intentaron aniquilar a los ejércitos inmortales. Marakarr y su hueste, aprovechando la agitación y confusión causada por el necroseísmo, se abrieron camino desde las catacumbas en las que habían estado atrapados durante la marcha de Nagashizzar (se habían fortalecido en su lucha en Shyish), y lanzaron una cruzada oscura contra los ejércitos malignos. En poco tiempo, los Reinos Mortales resonaron con el choque del Caos y la Muerte.

Ochopartes no se salvó de los fenómenos arcanos que barrieron los reinos; ruinas destrozadas quedaron infestadas por espíritus inquietos, mientras en los corredores de Varanspire resonaban lamentos de fuentes invisibles. El flujo mágico desatado por el necroseísmo reverberó fuertemente en estas tierras; en poco tiempo, las manifestaciones depredadoras de magia retorcidas por el poder del Caos aterrorizaron la tierra. Alrededor del arco que conducía a Shyish, se observaron una gran abundancia de luces extrañas y presagios funestos, como si en el otro lado se ejerciera un poder monstruoso. Ninguna banda que pasó por Puerta Final para investigarlo regresó.

Archaon se enfureció porque no había previsto el desastre, ya que el progreso constante del plan de Nagash había evadido la mirada incluso del Ojo de Sheerian, el artefacto que le otorgaba a Archaon su gran pres ciencia. Igualmente, el necroseísmo le permitió darse cuenta de que al centrar gran parte de su atención en Sigmar, Archaon se había quedado ciego ante aquellos a los que creía derrotados. No volvería a pasar. Era hora de que el Elegido y sus ejércitos respondieran, e hicieran recordar a los reinos por qué temían al Caos.

Archaon pasó revista incluso de sus servidores más leales, enviando bandas de Varanguard para hacer cumplir su voluntad en su ausencia. Los Everchosen atrajeron a sus Gaunt Summoners a su lado, y asignaron una tarea a los daemon-sorcerers. Antes de que la nueva guerra comenzase, él tenía un viejo aliado que buscar…

Huestes de Condena[]

La naturaleza anárquica del Caos hace que resulte casi imposible aplicar una lógica coherente a sus ejércitos. Hay, sin embargo, algunos factores comunes que definen a estas legiones. Los campeones que logran una gran gloria atraerán a muchos guerreros bajo su estandarte y, a su vez, pueden ser derrocados por alguien que se ha elevado más en el favor de los dioses.

La mayoría de los Slaves to Darkness pertenecen a una horda, un conjunto de bandas y campeones al mando de un solo maestro conocido como el Señor Juradioses. El término "banda" se usa con poca precisión por los seguidores del Caos. Básicamente, se refiere a un grupo de guerreros y su campeón actual. En verdad, no hay una definición única; puede describir tanto a un puñado de Marauders bajo su jefe tribal, como a cien o más asesinos con armadura de hierro que marchan al lado de un poderoso Daemon Prince. De manera similar una horda no requiere números impensables para ser considerada como tal por las tribus oscuras. Una fuerza muy unida de Chosen of Chaos Knights puede considerarse una horda con la misma precisión que miles y miles de miembros de tribus aullantes, y pocos de sus enemigos en batalla cuestionarán tal afirmación.

Las hordas Saqueadoras son las más numerosas, se han extendido por los reinos en su lujuria por la conquista. A menudo hay poca sutileza en las tácticas u objetivos de las hordas Saqueadoras, pero esto no es un impedimento, ya que sus guerreros expertos se regocijan al enfrentarse a cualquier desafío con temple frio. Los que caen son reemplazados rápidamente, ya que muchas tribus salvajes se sienten atraidas por la senda de guerra de una horda Saqueadora, ansiosos por compartir el botín de su saqueo y sus victorias. Más que cualquier otro tipo de Horda, los ejércitos de Saqueadores suelen contener muchos campeones pode rosos que compiten por el control; a menudo estas figuras poseen un fondo compartido, como la tribu del Colmillo Tallado que está gobernada por tres hermanas Warqueens. Es la tragedia del Caos, que finalmente estos campeones deben matarse unos a otros para ascender en el Sendero a la gloria. Sólo uno puede gober nar, y todos los que se interponen en el camino de un campeón deben ser eliminados, no sea que el favor divino caiga sobre ellos.

Los Cabalistas buscan el poder por otros medios que no sean la simple matanza. Sus Hordas son dirigidas por cónclaves de hechiceros que han estudiado los secretos de la magia de la sangre, ejecutando rituales oscuros a través del sacrificio de sus sirvientes; muchos se originan en las tierras de la muerte de Shyish, donde los magos del alma y los canaliza dores de los muertos han tenido prominencia durante mucho tiempo. Algunas tribus sirven voluntaria mente a los Cabalistas, considerando que es un honor alimentar el hambre de los dioses con sus almas, mientras que otras son poco más que esclavos forzados a la sumisión por los seguidores elegidos por un hechice ro, o incluso son controladas como títeres por las cábalas de brujos. El amanecer del Arcanum Optimar ha aumentado el número de hordas Cabalistas, ya que la manifestación de hechizos depredadores interesa a muchos hechiceros, y hay quienes buscan el poder dominando o incluso absorbiendo esta magia salvaje.

Las hordas más raras conocidas son las Expoliadores. Se cuentan entre los ejércitos más temidos de los Slaves to Darkness, porque en la mayoría de los casos son dirigidos por Daemon Princes, esos pocos campeones que han llegado al final del Sendero a la Gloria y han logrado la inmortalidad que tanto anhelan. Estos seres han regresado para comandar sus antiguas bandas, o han reunido nuevos ejércitos de devotos de todos los reinos, y buscan extender la corrupción a todos los rincones de la creación. La mayoría de las hordas Expoliadoras contendrán solo un Prince, ya que seres ascendidos son celosos y egoístas casi en su defecto. Sin em bargo, hay algunas que están regidas por varios daemons; estas son, en el mejor de los casos, alianzas complicadas, que se mantienen intactas sólo mediante redes complejas de rivalidades en competencia y pactos infernales. Donde estos seres ruinosos caminan, la tierra se agrieta y se retuerce, y densas capas de negrura se manifiestan cuando el Reino del Caos se filtra en la base de la realidad. Las hordas Expoliadoras suelen ser más pequeñas que sus equivalentes Saqueadoras y Cabalistas, ya que sólo los más poderosos pueden resistir la presencia de un Daemon Prince durante mucho tiempo. Junto a ellos se encuentran toda clase de monstruos horribles y mutados, atraídos por el aura caótica de un Daemon Prince y vigorizados por las energias oscuras que los rodean.

Cuando Archaon o uno de sus lugartenientes favoritos salen al campo, las hordas dejan a un lado sus diferencias por un tiempo para unirse como una sola fuerza de de vastación conocida como la Hueste del Everchosen. A menudo, se les unirá uno de los temidos círculos de la Varanguard; en algunos casos, ejércitos enteros consisten en Caballeros de la Ruina, desatados cuando un enemigo realmente se ha ganado la ira de Archaon.

Si bien la mayoría de los Slaves to Darkness cuentan con una multitud de bandas menores, cada una dedicada a un aspecto diferente del Caos, hay algunas tribus, o incluso hordas enteras, que se han dedicado a un solo Poder Ruinoso. Conocidas como las Juradioses, todos estos guerreros llevan la marca de su patrón; aunque aún no han sido elegidos como Bloodbound o Arcanites, han demostrado ser lo bastante prometedores como para, al menos, atraer la mirada de su dios. El poder divino que fluye a través de las Juradioses es una fuente de temor y envidia entre sus compañeros, y una recompensa por la intensidad de su devoción única.

Leer más[]

Categoría:Rangos Slaves to Darkness

Categoría:Criaturas Slaves to Darkness

Enlaces Externos[]

Fuentes[]

  • Tomo de batalla: Slave to Darkness (2019)
  • Introducción a los Esclavos de la Oscuridad - Web Oficial de Age of Sigmar.