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Graegar fue un Runeson Fyreslayer perteneciente a la Logia Greyfyrd y líder de un grupo de mercenarios que batallaron por Inframundo de Stygxx. Es célebre por su deshonrosa pero decisiva participación en el Asedio de la Pena.

Equipo y montura Editar

Graegar combatía siempre armado con Hachas Arrojadizas de Fuegoacer y Jabalinas Matasierpes, capaces de derribar a las criaturas más feroces. Además acudía a la batalla a lomos de un terrorífico Magmadroth llamado Kavaknos.

Historia Editar

Durante los tiempos anteriores al Asedio de la Pena Graegar y sus mercenarios combatieron para la Ciudad Libre de Lethis, pero tuvieron una disputa con los señores mercaderes de la misma a causa de un retraso en sus pagos ocasionado por la misteriosa desaparición de varias caravanas cargadas de Ur-oro enviadas para paliar su deuda. Tras la legada de la Legión del Duelo de Lady Olynder a las cercanías de su campamento, acudieron a la ciudad buscando refugio. Su repentina llegada permitió que los ejércitos Stormcast e Idoneth que luchaban a las puertas de la ciudad contra la vanguardia del ejército espectral se pudieran retirar sin más problemas al interior de la urbe, y se consiguió negociar con ellos un nuevo trato para que lucharan defendiendo la ciudad en la muralla norte de la misma. Sabemos que su fuerza contaba en esos momentos con Runemasters y Hearthguard Berzerkers, además de varios Magmadroth.

Cuando aún no se había puesto en el primer día de la batalla, un caballero espectral consiguió entablar una negociación con Graegar. La etérea figura le aseguró que la historia del cargmento de Ur-oro robado era una patraña inventada por los avariciosos mercaderes de la ciudad, y con un gesto hizo aparecer desde una torre de asedio a una falange de esqueletos portando un cofre con el doble del Ur-oro prometido a los Fyreslayers. Afirmando que Nagash siempre paga sus deudas, el sombrío espectro le encomendó a Graegar una sencilla misión: allanar el camino a las huestes sitiadoras. Fue así, rodeado por decenas de camaradas muertos a sus pies, como el Runeson cambió de bando en mitad de la batalla sellando la suerte de sus defensores.

Los Anvils of Heldenhammer que protegían la muralla norte se vieron atacados de improviso por sus supuestos aliados. Los Magmadroths escupieron lava fundida y las hachas de Fuegoacero abrieron las placas de Sigmarita. Graegar desvió la retirada del enemigo hacia la Puerta de Ónice, la entrada norte de la ciudad. Sus camaradas tiraron de sus grandes cadenas practicando una brecha por la cual se introdujo la hueste de los no muertos en la ciudad. La Guardia de Costanegra ropió su cohesión, huyendo en grupos desorganizados por las calles laberínticas y cubriendo la retirada con disparos dirigidos a la hora que los perseguía. Millares de Zombies franquearon la brecha seguidos por Nigromantes montados en palanquines de hueso escupido, cacareando presa de un deleite triunfante mientras arrojaban negros proyectiles de fuego mortífero contra las Freeguild que retrocedían. Entró asimismo en la ciudad Lady Olynder acompañada por su corte de Banshees y caballeros Hexwraith, seguida de su consorte Kurdoss Valentian. El rostro velado de la Mortarca del Duelo se volvió hacia la Gran Necrópolis y el Mausoleo, señalando con su vara hacia el acceso a la Tumba de Medianoche.

Graegar y sus Fyreslayers dejaron pasar a sus nuevos aliados, despachando a cualquier grupo de defensores que aún se resistían con terquedad. En mitad de semejante locura encontraron al Lord-Celestant Vanderghule luchando a solas, con mil brechas en su armadura y con su Dracoth gravemente herido. A pesar de sus heridas el Stormcast se encaró al traidor sin temor y lo maldijo mientras el Runeson instaba a Kavaknos, su montura, a avanzar aceptando el desafío. Chocaron espada y jabalina, hubo un arco de sangre a borbotones y el Lord-Celestant cayó de su montura, desapareciendo en un estallido de rayo violeta antes siquiera de alcanzar el suelo.

Mientras las fuerzas de Lady Olynder alcanzaron la entrada a la Tumba de Medianoche, Kurdoss Valentian dirigió una segunda oleada de no muertos a poniente a través de las amplias calles de Lethis en dirección a las murallas de la Gran Necrópolis. Tras reunir a los enjambres itinerantes de Zombies que plagaban la ciudad así como a sus nuevos aliados Fyreslayers, se dispuso a abrir una brecha en el bastión de los Anvils of Heldenhammer para así ganar tiempo para que su prometida superase las defensas de la Criptormenta. Las formidables defensas de la Gran Necrópolis se pusieron a prueba mientras la ingente horda de Zombies barrió el terreno abierto hacia la fortaleza. Se alzó el puente levadizo, pero la ingente horda de Zombies llenó el foso con sus cadáveres, permitiendo a los Magmadroth de Graegar derretir y combar la Sigmarita del portón. LLegaron asimismo las huestes de Kurdoss, y la cantidad de Nighthaunts que le acompañó fue tal que ni siquiera sus potentes salvaguardas bastaron para mantenerlos a raya. Cayeron sobre los cúmulos de arqueros y nidos de artillería aplastando a los Stormcast Eternals que los custodiaban. Mientras tanto más de una veintena de Magmadroths se reunieron a las puertas de la Gran Necrópolis y todos a una lanzaron un iracundo torrente de fuego a través del rastrillo de hierro negro que este comenzó a gemir y ceder bajo el calor. Los Runemasters corrieron junto a tropas de la Hearthguard de élite decididos a romper a martillazos las runas de las paredes consagradas. 

Fue en ese instante cuando la oscuridad se abrió y llovieron del cielo cometas ardientes que explotaron entre las filas de los Greyfyrd. Las formas aladas cayeron desde arriba: los Prosecutors lanzaron jabalinas que golpearon como relámpagos celestiales. Los Anvils of Heldenhammer que seguían luchando entonaron un triste canto de batalla al ver a sus camaradas, y pelearon con esperanzas reovadas. También se oyó el canto entusiasta de los Flagelantes en las cales de Lethis. Pravus Morningstar atacó seguido de su hueste de fieles chocando con fuerza con la retaguardia de los no muertos. El Celestant-Prime cayó del cielo Ghal Maraz en mano sobre el Magmadroth del Runeson Graegar, reduciendo a astillas el cráneo de la bestia y acabando a martillazos con la escolta que acompañaba al traidor. Finalmente terminó con la vida del propio Graegar aplastando su cráneo. Llegaron asimismo los corsarios Kharadron del almirante Colsstarn descargando cañonazos sobre las filas de los Fyreslayers y saltando desde sus naves para sumarse a la refriega entre pistoletazos de muerte ardiente. Los Greyfyrd no eran amigos de rendirse pese a ver perdida la pelea, pero la matanza que siguió fue despiadada. De los miles de Fyreslayers que participaron en el asedio solo unos pocos cientos sobevivieron a la batalla, y ni uno solo quedó libre de una poderosa verguenza que provocó que abrazaran la senda de Buscaruinas.

Fuentes Editar

  • Guerras del Alma: Poder Prohibido

 

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