Sigmaroteca
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Grimnir es el desaparecido dios guerrero de los Duardin, venerado principalmente por los Fyreslayers.

Historia[]

Grimnir fue hallado por Sigmar durante la Era de los Mitos, cuando el Dios Rey escaló las Montañas de Hierro de Chamon. En la cima más alta encontró a Grungni y Grimnir encadenados, y aunque no revelaron cómo habían llegado hasta allí, una vez libres ambos dioses duardin juraron lealtad a su libertador.

Cómo eligió pagar su deuda cada dios dice mucho acerca de su carácter. Grungni era un maestro de la metalurgia, el padre forjador de su raza. Ahora que su cuerpo estaba lisiado, Grungni resolvió saldar la deuda mediante su artesanía, y se ofreció a fabricar cualquier cosa que Sigmar deseara. Grimnir, por su parte, no era un armero, sino un dios guerrero, así que le pidió a Sigmar que nombrase un enemigo digno de sus hachas, pues era de temperamento colérico y deseaba quedar en paz con Sigmar de inmediato.

Sigmar le encomendó acabar con una sierpe de fuego que aterrorizaba las colinas de Aqshy. La criatura a la que Grimnir siguió hasta su cubil era Vulcatrix, Madre de las Salamandras, el ser mitológico del que nacieron las llamas de los mundos. La sierpe de fuego se desenroscaba sobre el abismo fundido, sin que pareciera tener fin, alzándose muy por encima del dios guerrero duardin. El aire destellaba y crepitaba. Sin arredrarse, Grimnir alzó sus hachas y cargó.

El titánico choque que tuvo lugar vive en las leyendas, pues aplanó las colinas circundantes y creó las Llanuras de Aqshy. Cuando Vulcatrix rodeó a Grimnir, la barba y cresta de este prendieron en llamas, pero eso no hizo sino avivar la furia del dios. Las hojas de Grimnir hendieron en siete ocasiones las escamas fundidas de Vulcatrix, y el magma brotó de sus heridas. A su vez la Ur-Salamandra hirió con sus garras al enemigo numerosas veces. Ninguno se rendía y, según se recrudecía su duelo, tanto más lo hacía el infierno que les rodeaba.

En un último embate tumultuoso, ambos contendientes se abalanzaron de cabeza el uno contra el otro, quedando dios y bestia hechos añicos. Sus pedazos se desperdigaron por el vacío como una lluvia de meteoros ardientes. Allí donde caían las brasas candentes de Vulcatrix surgía un nuevo volcán. Por su parte, los fragmentos ardientes de Grimnir se transformaron en la mágica sustancia que los Fyreslayers llaman ur-oro, pero esa es una revelación que los duardin no comparten con nadie.

Fuentes[]

  • Age of Sigmar: Reglamento.
  • Battletome: Fyreslayers.
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