Sigmaroteca
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(En construcción)

(Nuestros grots se encuentran documentándose, traduciendo y cartografiando este articulo para su ampliación)

El Caos entró en cada reino de maneras diferentes. La Guerra de la Vida comenzó de forma sutil en en un húmedo rincón de Ghyran. Estos ataques era provocados por Nurgle, el Dios de la Plaga, había codiciado durante mucho tiempo el reino de Ghyran, rico en vida. Este conflicto se prolongó durante más de cinco siglos, siendo de los primeros de la Era del Caos, y si bien actualmente no está tan activo continúa librándose.

Antecedentes[]

Ghyran.jpg

Conocido por sus pestes mortales, se olvida a menudo que Nurgle se deleita de igual forma en el ciclo completo y glorioso de la vida. Un cadáver aún puede albergar masas de gusanos retorcidos e innumerables contagios. De hecho, de tales fuentes aparentemente estériles proceden algunas de las creaciones más fecundas.

Con cuidado deliberado, se permitió que la corrupción del Jardín de Nurgle se filtrara en Ghyran. Allí los tentáculos de la obscenidad se enterraron y se criaron con inquietante efervescencia. Tan rápidamente se multiplicaron los engendros de Nurgle que la marea de horror que se retorcía pronto se extendió por las tierras a un ritmo imparable. Aprovechando y pervirtiendo vetas ricas de magia vital, en breve las Legiones de la Plaga de Nurgle se manifestaron en todo el reino, apareciendo como horribles bulbos sobre el paisaje.

Consciente de la podredumbre antinatural, la Reina del Bosque Radiante se alzó para repeler la invasión y lanzó decenas de campañas diferentes. En mil frentes combatió la renovación a la entropía, la magia curativa a las infecciones arcanas. Hueste a hueste, los demonios de Nurgle recorrieron los Reinos de Jade, cuyas tierras se retorcieron y protestaron bajo sus botas. En respuesta, Alarielle y sus regentes lanzaron a cientos de clanes a la batalla. Hubo incontables conflictos, algunos perduran como leyendas, como la Última Defensa de los Espinos o la Caída de Dappelloren. Siguió la guerra.

Las semanas se convirtieron en meses, años. Siglos. Continuaron las batallas, hubo grandes victorias derrotas terribles en ambos lados.

Fuerzas en Combate[]

  • Lorrus Grymn, el segundo al mando de Gardus, el cual tomo el mando de los Hallowed Knights cuando este desapareció en el Jardín de Nurgle.
  • Zephacleas de los Astral Templars.

Terreno[]

Desarrollo[]

Demonios de Nurgle vs Sylvaneth Ghyran Sigmaroteca.jpg

Cinco siglos de derrotas[]

Al principio, clanes Sylvaneth inundaron Ghyran procedentes de los demás Reinos Mortales, franqueando los Portales para ayudar a su reina en aquel momento de necesidad. Pero a medida que avanzó la Era del Caos y se extendieron las corrupciones, esos enclaves de los demás reinos se las vieron y desearon incluso para formar su propia defensa. En otros lugares, se capturaron Portales o perdieron en las refriegas, e incluso aquellos enclaves que deseaban enviar ayuda descubrieron que ya no podían. El flujo de refuerzos Sylvaneth a Ghyran se secó por completo. Alarielle y sus hijos siguieron luchando, sin saber si eran los últimos de su especie.

Durante incontables estaciones, la Reina del Bosque Radiante se esforzó por defender sus dominios. Aunque los Sylvaneth resistieron valiente mente, muchos lugares mágicos exquisita belleza quedaron reducidos a tierras contaminadas, llenas de los cadáveres de sus defensores. La pérdida de sus hijos supuso un duro golpe para Alarielle, y ver clanes enteros expulsados de sus hogares y forzados a llevar una vida sometida a persecuciones le causó una angustia incalculable. Quizá lo peor de todo fueron las traiciones, ya que muchas de las tribus humanas de los Reinos de Jade, que adoraban a Alarielle en todas sus formas, se apartaron de su luz con la esperanza de que Nurgle los perdonara. Dirigidos por humanos corrompidos por el Caos las Legiones de Plaga marcharon a Los lugares sagrados Sylvaneth par prender fuego a las arboledas de vainas de alma y corromper antiguos lugares de poder. Se reveló la reliquia llamada Lágrima de gracia, pero su poder se alteró, obligando a los Sylvaneth a ocultar de nuevo dicha arma. Incluso los propios bosques estaban retorcidos, abandonada su forma natural para adoptar la de horribles parodias. Una a una cayeron las grandes ciudades de Franja Siempreverde, vencidas por plagas, invasores o ambos. A diario el sufrimiento de su tierra y sus seguidores minaron la fuerza de Alarielle hasta que, por fin, se vio afligida y angustiada. Alarielle lideró a los últimos enclaves Sylvaneth hacia la clandestinidad.

Los reyes y las reinas de los claros se retiraron al amparo de velos magicos. Aquí y allá, feroces líderes guerreros se aventuraban aún a salir de sus santuarios para orquestar contraataques contra las inmunerables huestes de Nurgle, pero sus asaltos guerrilleros fueron más por venganza que por afán de victoria. La propia Alarielle flaqueo tras serie de desastres que incluyeron la Batalla de las Lágrimas y la matanza que siguió a la Última Caza. Superada por la melancolía, huyó al valle oculto de Athelwyrd.

Escondida de la mirada de Nurgle, la diosa casi había aceptado su derrota, despertando sólo en raras ocasiones para enfrentarse brevemente sus agresores. No deseaba pelear, sólo quería meditar sobre el eco de las glorias pasadas, cediendo a la naturaleza de su pueblo, cada vez más amargada. Cegada por la angustia, cuando Alarielle supo que una vieja amistad la buscaba, sólo anhelaba la soledad.

La esperanza se había marchitado en Ghyran y, a todos los efectos, todo apuntaba a que habían perdido la Guerra de la Vida.

La llegada de la tormenta[]

Cuando la tempestad de Sigmar se abrió paso a través de los Reinos Mortales, Nurgle casi había se había adueñado por completo de Ghyran. Bandas de demonios y huestes de plaga de humanos infectados vagaban libremente, recorriendo el reino en busca de enclaves Sylvaneth ocultos. Las tierras empezaron a pudrirse, contaminadas por las infecciones del Jardín de Nurgle filtradas en los Reinos de Jade.

A medida que tenía lugar la guerra de reconquista en los Reinos Mortales, Sigmar destacó Stormcast Eternals para localizar a la Reina del Bosque Radiante. Los enviados del Dios Rey buscaron a sus antiguos aliados con la esperanza de reformar el panteón y renovar la alianza contra los Dioses del Caos. En esta estrategia la idea del Dios Rey era enviar a las distintas huestormentas con el objetivo de apoderarse de los mas importantes Portales del Reino. Los Hallowed Knights fueron los primeros que entraron en Ghyran ante las Puertas del Alba, pero otros no tardaron en seguirlos.

El conflicto por las Puertas del Alba fue uno de las luchas mas complejas a las que se vieron obligados a enfrentarse los Stormcast Eternals Aquí, los caballeros sagrados bajo el mando Lord-Celestant Gardus lucharon contra las legiones de demonios de Bolathrax, una Great Unclean One. La batalla vio refuerzos lanzados desde ambos lados, y allí, los sylvaneth, lucharon por primera vez junto a las fuerzas de los Stormcasts. La muerte llenó los bosques, mil almas asesinadas con cada minuto que pasaba. Decidido a cerrar las Puertas del Amanecer corruptas, e incapaz de vencer a Bolathrax, el Lord-Celestant Gardus, se lanzó por la Puerta del Reino. Durante su persecución, Bolathrax, fue desterrado al otro lado cuando se lograron derribar las puertas. Este sacrificio trajo la victoria, pero dejó a Gardus varado en el jardín infernal del abuelo Nurgle.

Buscaron en las tierras, enfrentándose a los seguidores del Caos mientras localizaban la Reina Eterna. A veces los guerreros de Sigmar se vieron luchando junto a arbolegiones dispersas que aún resistian. Pero estos casos fueron pocos y no lograron ninguna alianza con los Sylvaneth, que no confiaban en los forasteros. A pesar de su ayuda, no lograron dar a las Huestormentas la menor pista sobre la ubicación de su diosa madre. Y no siempre los en encuentros entre Sylvaneth y Stormcast fueron cordiales, ya que algunos de los guerreros de Sigmar se acercaron demasiado a los lugares sagrados. Estos actos fueron tomados con suspicacia por parte de los Sylvaneth que o bien los trataban como intrusos o bien como invasores contra los que luchar.

Negándose a rendirse, los Hallowed Knights, liderados por el Lord-Castellant Lorrus Grymn, superaron los peligros hasta localizar a Alarielle.

Desgraciadamente, al hacerlo, los Stormcasts condujeron inadvertidamente a las hordas de Nurgle al último escondite de la diosa en Athelwyrd. La batalla que siguió fue breve y cruel. Despertada por la guerra, Alarielle peleó, pero el enemigo era demasiado fuerte. Al final, la diosa se vio obligada a huir, escapando de Athelwyrd con una banda irregular de Sylvaneth y Stormcast Eternals. La Dama de las Enredaderas mandaba la escolta de Branchwraiths formada para protegerla. Fueron es tos quienes condujeron a la comitiva Senda Cascada, un retal del trecho más amplio de las raíces del reino de Ghyran que permitía un viaje rápido. Pero ni este truco sirvió para librarse de quienes los siguen, deseosos de alcanzar en nombre de Nurgle a la diosa. Fue en este momento cuando, vencida por el cambio, se encogió para convertirse en una crisálida: Alarielle, la gran cultivadora, se vio reducida a vaina de alma.

Muchos enfrentamientos siguieron en una serie de batallas libradas sobre la marcha. Más Sylvaneth acudieron en ayuda de su diosa, y Sigmar empeño más Stormcast Eternals. La tierra se levantó para ayudar a Alarielle, e incluso intervino una constelación de Seraphon liderada por un anciano slann. Tras luchas heroicas, la Dama de las Enredaderas llegó a un lugar puro para plantar la vaina de alma de su diosa, donde absorbería la gloria, los actos heroicos y la venganza.

Silenciar el Dirgehorn[]

Ver mas en La destrucción del Dirgehorn

Tras la batalla por las Puertas del Alba y la dispersión de la fuerza demoníaca y si bien a costa de uno de los mejores guerreros, Gardus de los Hallowed Knights, comenzó a planearse la búsqueda de Alarielle. Para esta nueva misión se recibieron refuerzos de los Astral Templars.

Sin embargo la búsqueda de la Reina radiante se vio interrumpida por el sonido sobrenatural de un artefacto del Caos. Afectados por la falta de comunicación y los efectos de dicho sonido, el nuevo comandante de las huestormentas, Lorrus Grymn, decidió comandar sus fuerzas para destruir el objeto conocido como el Dirgehorn.

Durante esta nueva campaña se lograron tener los primeros contactos amigables con fuerzas sylvaneth en los alrededores del lago Greenglow, donde pudieron reponer fuerzas antes de continuar.

La batalla que se realizo en los alrededores de la colina donde las Bestias del Caos guardaban el Dirgehorn, liderados por el infame Gluhak, el Filo Herrumbroso provocaron graves bajas en las filas de los Stormcast. Según avanzo la batalla y los guerreros de Sigmar lograron avanzar las fuerzas del caos fueron reforzadas por un contagio de un contagio de Putrid Blightkings bajo el mando de Gutrot Spume. Afortunadamente un valeroso Stromcast logro dar la vuelta a la batalla tras enfrentarse a uno de los lideres enemigos y quebró el Dirgehorn logrando ganar la batalla.

Consecuencias[]

Principales Enfrentamientos[]

  • La Última Defensa de los Espinos.

La Campaña de Cascada Trémula[]

La Campaña de Cascada Trémula es un mero ejemplo de los ataques lanzados por los siervos de Nurgle sobre los Reinos de Jade que forman Ghyran. Todas las cascadas de Ghyran son sagradas, aunque tal vez las Cascadas Trémulas de Gloriphus son las más sagradas de todas. Las aguas que caen desde esas islas flotantes eran radiantes y mágicas, dando vida a los reinos forestales. Al corromper las cascadas, los ejércitos pestilentes enviaron veneno a los reinos inferiores.

Fuentes[]

  • Age of Sigmar: Reglamento.
  • The Realmgate Wars I: The Quest of Ghal Maraz.
  • Battletome: Sylvaneth (segunda edicion)
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