Sigmaroteca
Advertisement
Sigmaroteca

Guiados por la voluntad de Nagash y sus lugartenientes, los Mortarcas, los ejércitos no muertos luchan para reclamar el Reino de los Muertos. Hordas tambaleantes de cadáveres se enfrentan a la destreza sobrehumana de los mortales marcados por el Caos, y las espadas tumularias chocan con el acero demoníaco.

Los usurpadores del Caos han drenado las tierras de la magia de muerte, sofocando a los espíritus de los muertos. Donde antaño se alzaban criptas de Nagash como fortalezas, ahora solo hay refugios del Caos luciendo los emblemas de los Dioses Oscuros. Los túmulos de civilizaciones perdidas han sido arrasados y los sifones de energía de las pirámides negras destruidas. Aún así han subestimado a Nagash y su poder nigromántico.

Una vez más las tierras tiemblan con energías impías, alzando a los muertos y devolviendo a los espíritus desde su existencia sombría. Los invasores del Caos han sido detenidos, asaltados por ejércitos de cadáveres andantes. Los Dioses Oscuros han otorgado habilidades sobrenaturales a sus seguidores como hachas ardientes o pieles resistentes como el hierro, pero han sido superados en número por un enemigo inmortal. Un único campeón del Caos acabará con cientos de enemigos antes de ser derribado. Pero estas gestas son en balde, ya que los cuerpos desmembrados y los huesos destrozados se recomponen y además se les une el campeón caído. Las hordas de Muertos Andantes y Guerreros Matraqueantes no están solas: criaturas espectrales y espíritus malditos del éter atraviesan con sus garras fantasmales las armaduras hasta alcanzar los corazones del enemigo, o bien se enfrentan de igual a igual a los guerreros del Caos con sus armas. Las bestias óseas con alas de murciélago y cuernos luchan contra monstruos mutados. El aire chisporrotea cuando los Hechiceros del Caos se enfrentan a las artes negras de Nagash y sus Mortarcas.

Con Nagash en cabeza, los no muertos vencieron en la Matanza de las Puertas sin Estrellas. Nagash había recuperado su vigor y nutrido su odio. Desde Hellspoint a Morrsend, se volvieron a alzar monumentos, la carne desgarrada sanó y los espíritus disipados regresaron. En esta ocasión, Nagash no sería derrotado.

Vientos etéreos cruzaron Shyish, una tormenta espiritual aullante que convocó a los caídos. En las regiones infernales las criptas se abrieron, los túmulos se alzaron y los muertos volvieron a la vida. Cuando Nagash emergió de la Puerta sin Estrellas lo hizo con un único propósito: recuperar el Reino de los Muertos. Los invasores del Caos se habían atrevido a usurpar su dominio. Desde las profundidades de los Siete Pozos Abisales de las Islas Cráneo, hasta los Monumentos Helstone del Desierto de Hueso, Nagash reclamó el gobierno de todas las tierras de los muertos. Él era el padre de la nigromancia, la muerte encarnada, gobernante de todos los inframundos. Antes de su caída, había comandado todos los espíritus. Y en lo que se refiere a la población viva de Shyish, solo quiénes le adoraban y pagaban tributo, podían vivir allí.

Fuentes[]

  • Reglamento Age of Sigmar.
Advertisement