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El horizonte se llena de filos e iconos cuando llegan los Invasores, quienes alzan los estandartes de conquista a diario. Viven por la emoción de la guerra y son incansables. Señores de la guerra rivales se esfuerzan por superarse unos a otros, saqueando ciudades, derribando imperios y masacrando a quien se cruce en su camino.

Se conoce a la mayor parte de quienes sirven a Slaanesh como Invasores, pues persiguen la conquista en todas sus formas. Los Hedonitas saben que una batalla puede ser fuente de estímulos intensos para los adictos a las sensaciones puras. En una pueden encontrarse ruidos ensordecedores y luces cegadoras, esperanza emocionante y desesperación devastadora, dolor masoquista y placer sádico. Los Invasores absorben cada matiz, hartándose de las experiencias más extremas. De todas las huestes Slaanesh, los Invasores son quienes están más enamorados de la guerra. Les obsesiona matar, y los ojos se les iluminan con regocijo cuando toman una vida tras otra. No escapatoria, ni de ganar tiempo con halagos, ni de prometerles lealtad a cambio de misericordia. Una vez un Invasor haya escogido una víctima, hará lo que esté en su mano para matar a su presa, incluso aunque implique su propia muerte.

A mayor escala, a los Invasores les obsesiona la idea de capturar territorio para profanarlo y corromperlo. Arrasan cuanto encuentran en su camino, enorgulleciéndose de la desolación que dejan. Esto no se lleva a cabo de manera irreflexiva o automática, como la estela roja de los devotos de Khorne o la repulsiva marisma de cadáveres que los seguidores de Nurgle dejan por el camino. Se trata de una obra de arte: el campo de batalla es un telar en el que los tejen su tapiz del desastre.

Para ayudarse en su empeño, veneran reliquias que se usaron durante las más mayores victorias del Príncipe Oscuro. Se sabe que algunos las han empuñado contra sus enemigos, o incluso para invocar el hechizo llamado Dreadful Visage, una máscara viviente que el mismo Slaanesh llevó puesta una vez, para ayudarlos en batalla.

Una hueste de Invasores deja a su paso cadáveres desmembrados en un cuadro macabro. Algunos se disponen en patrones simétricos: hélices, espirales y filas de miembros cercenados plantados en gran profusión. Otros se dejan enmarañados, con las cabezas decapitadas intercambiadas; los cadáveres de los jinetes se entrelazan con los de sus corceles o se disponen en abrazos formales como insinuando un elegante baile macabro. Los Hedonitas de Slaanesh hallan en este tipo de actos una horrible alegría, mas también veneración, pues saben que su amo deífico goza con sus actos retorcidos y sus sombríos excesos.

En muchos sentidos, los Invasores se consideran tradicionalistas en su devoción al Príncipe Oscuro. Creen que, conquistando tanto territorio de los Reinos Mortales como les sea posible, empoderarán a Slaanesh y le otorgarán la fuerza que necesita para romper sus ataduras desde dentro. Hay millones de estos guerreros activos en los reinos, en ocasiones dejando los círculos de Slaanesh casi vacíos.

Las huestes de Invasores han cambiado poco sus costumbres desde que se dieron cuenta de que su deidad gobernaba in absentia. Algunos hasta niegan que esté ausente, y creen todo un elaborado engaño llevado a cabo por uno de sus rivales para socavar su conexión con lo divino. Argumentan que los demonios de Slaanesh son extensiones sintientes de la voluntad de su patrón, así que no hay duda de que Slaanesh no puede haber sido destruido si tantos lo sirven aún.

Dado que las huestes de Invasores son tan prolíficas en los Reinos Mortales, cuentan con innumerables representantes, líderes potenciales y aspirantes a conquistador en la van guardia de sus filas. Cada uno es un fiero rival para los otros, desprecian do y trabajando en contra de los que desearían superarlo. En tiempos de paz relativa, estas pugnas alcanzan gran complejidad, la sutileza y las letales intrigas que hubo antaño en el Palacio de Slaanesh. En pie de guerra se intensifican hasta convertirse en violentas riñas. La intensidad e inventiva de las pullas cruzadas por los rivales es tan severa que harían hasta un minero de azufre aqshiano que sufriera náuseas. Se sabe que algunas han provocado hemorragias en los oídos de mortales por su mera perversidad

Las huestes de Invasores suelen dirigirlas los Keepers of Secrets. Estos demonios se consideran profetas de Slaanesh, cuyo deber es extender la palabra del Príncipe Oscuro y saquear las tierras para plasmar mejor sus preferencias. Al principio, los Keepers pueden trabajar bien entre sus camaradas, diciéndose a sí mismos que el objetivo principal de dar poder a Slaanesh es tan importante que deben dejar a un lado sus sentimientos de odio hacia sus rivales. Esto nunca dura demasiado, pues un Keeper of Secrets no puede ser realmente abnegado más de lo que un kraken shyishiano puede sobrevivir en los desiertos de Hysh. No pasa mucho tiempo antes de que comiencen las críticas, el chismorreo y los conflictos, con cada señor de la guerra intentando superar a los demás y alzarse como dirigen te supremo.

Si cae uno de los representantes que se atribuye el liderazgo de una hueste de Invasores, su rival más cercano se hace con sus seguidores. El poder que pertenecía al señor de la guerra vencido se transfiere al líder que afirmó desde el principio que su rival derrotado era inferior. Discernir si esto sucede mediante el proceso natural de la supervivencia del más fuerte o mediante alguna bendición mística de Slaanesh es objeto de un gran debate entre los Hedonitas. Es innegable que los más influyentes están bendecidos, aunque sea sólo con buena suerte, pues han visto perecer ante sus ojos a docenas de aspirantes rivales. Y con cada triunfo, su fuente de autoridad crece hasta que ya no sólo tienen un ejército, sino docenas, a su entera disposición.

Fuentes[]

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