Sigmaroteca
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Los cultistas humanos de Tzeentch, conocidos como Acólitos Kairic (Kairic Acolytes, en inglés), o Cantores del Cambio, han hecho grandes sacrificios a cambio de la promesa de conocimiento y poder, y han invertido décadas en prepararse para ser dignos de la Prueba de los Nueve. Caminan entre los justos, permaneciendo ocultos y esperando pacientemente el momento de actuar. Cuando llega, concentran su poder mágico colectivo en una descarga de rayos y liquidan a los supervivientes con sus espadas curvas.

Descripción[]

Los Kairic Acolytes son los cultistas humanos de Tzeentch, los que pronuncian las palabras asesinas, los Cantantes del Cambio, los Alterados. Son infiltrados astutos que han hecho terribles sacrificios a cambio de conocimiento y poder, y caminan entre la gente desprevenida hasta que llega el momento de atacar.

Estos cultistas vestidos con túnicas cantan no con un ritmo tribal que agita la sangre, sino con una lengua oscura que la enfría. De inquietante a doloroso, el tono fluctúa; la cadencia se detiene, comienza y rechina. A partir de esta disonancia, cada Acólito convoca una bola radiante de luz centelleante. Por un instante, las esferas cuelgan en el aire, luego se dirigen hacia su objetivo en una descarga rugiente de rayos mágicos. Aquellos que se convierten en Kairic Acolytes provienen de todos los ámbitos de la vida, ya sean miembros de una tribu descarriados por una vocación arcana, buscadores del conocimiento prohibido o funcionarios públicos que viven en la ciudad y que están ansiosos por obtener poder. Todos comparten una ambición motriz que los diferencia del hombre común. No es una casualidad que tales individuos se crucen con Acólitos encubiertos, ya que los Cultos Arcanitas apuntan y reclutan aspirantes con gran cuidado, y tardan años o incluso décadas en atrapar a posibles suplicantes. Con el tiempo, aquellos que escuchan sus susurros nocturnos algún día servirán al Arquitecto del Destino.

Al final, solo aquellos que se comprometan por completo pueden intentar la Prueba de los Nueve. Cada culto tiene sus propias variaciones en estos ritos, pero todos terminan con el paseo por el fuego de disformidad. Aquellos que emergen ilesos se convierten en Acólitos Kairicos. Cantando frases arcanas que hieren los oídos de los no iniciados, un escriba escuálido o un anciano del consejo frágil se transforma. La carne se ondula y de la nada aparecen una hoja maldita y un yelmo, relucientes grebas y un escudo de arcanita. Así, un cultista puede, con meras palabras, transformarse de erudito enfermo o aprendiz larguirucho en un ideal muscular de la forma humana y viceversa. Con tales disfraces arcanos, los Kairic Acolytes pueden infiltrarse y subvertir las fuerzas mismas de quienes los cazan.

Fuentes[]

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