Sigmaroteca
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Khorne es el Dios de la Sangre, el más antiguo de todos los poderes del Caos. Es un ser que disfruta con la violencia sin sentido, a quien no le importa de dónde fluye la sangre, mientras fluya. Desde lo alto de su trono de calaveras, los furiosos bramidos de Khorne resuenan en todo el Reino del Caos y en los Reinos Mortales. Vastos ejércitos de mortales y daemons marchan en su nombre, llevando el credo de sangre eterna del Dios de la Sangre a todos los rincones de la creación.

Aunque una tribu puede ver al dios de la guerra como una figura honorable o incluso de gran nobleza, en verdad Khorne no es ninguna de estas cosas. Tratar a la muerte de una forma brutal y sangrienta es el único modo de mantener el favor de esta deidad furiosa. Se siente particularmente feliz al presenciar cómo los aliados se enfrentan entre sí, y muchos de sus devotos se matarán entre sí cuando no haya ningún otro enemigo presente. Dicho esto, Khorne no tiene paciencia para la duplicidad. Siente un odio particu lar por la magia, y ve a los brujos como cobardes de la peor especie. Ningún practicante de las artes arcanas ha recibido nunca la marca de Khorne, excepto Archaon, y esto se debe únicamente a la posición única que el Elegido mantiene a ojos del panteón oscuro.

Los Tocados por el Dios Khorne, conocidos como los Sanguinados, son los más salvajes de todos los Slaves to Darkness. A pesar de que aún no se han unido a las filas de Bloodbound, ya sea mediante la degeneración que supone con vertirse en un caníbal Bloodreaver, o a someterse al Bautismo Rojo y ser rehechos como un Blood Warrior, sus bandas son una fuerza aterradora en batalla. Ocho es el número sagrado de Khorne y, por lo tanto, cada campeón Sanguinado atraerá a ocho bandas de seguidores a su lado antes de lanzar sus sangrientas cruzadas. A medida que el maestro de la banda mata a sus enemigos, sus seguidores se ven imbuidos con una furia aún mayor, las cuchillas se elevan y caen para atravesar a sus enemigos con un fervor implacable. No hay enemigo contra el que los Sanguinados no luchen con avidez, pero sus enemigos favoritos son los seguidores de Slaanesh, porque Khorne desprecia al hedonista Principe del Placer por encima de todos los demás, y la mera visión de un guerrero con la marca del Principe Oscuro hace que la furia de los Sanguinados alcance nuevas cotas.

Poderosas personificaciones de la destrucción y la anarquía, los Dioses del Caos residen fuera de los Reinos Mortales. Son seres eternos de poderes casi ilimitados, demoníacas abominaciones que buscan corromper y dominar todo lo que encuentran. Igual que ellos siempre están en guerra con los Reinos Mortales, los Dioses del Caos también compiten entre ellos por el control total. En este conflicto, Khorne el Dios de la Sangre es quien suele alzarse vencedor.

Descripción[]

Son poderosas encarnaciones de las más oscuras emociones y compulsiones mortales. Estos Dioses del Caos residen fuera de la realidad. Son seres eternos de poder casi ilimitado, abominaciones que buscan corromper todo lo que ven. En constante guerra entre sí, estas deidades compiten por el dominio de los Reinos Mortales. En estos conflictos, hay uno que más a menudo se mantiene en ascenso.

Khorne es el Señor de la Ira, el Coleccionista de Cráneos. Él es la ira encarnada, el maestro de la matanza y la encarnación de una compulsión interminable de destruir. Por su voluntad, miles de civilizaciones han sido masacradas. Las legiones de demonios de Khorne y sus seguidores mortales abren horribles caminos a través de los reinos. Para la gloria de su dios, derraman la sangre de todos los que están ante ellos y cosechan montañas de cráneos para el Trono de los Cráneos. Y aún así, nunca es suficiente para saciar la entidad inmortal a la que dedican su vida.

El reino de Khorne está en el Reino del Caos, donde lucha contra sus hermanos, los otros Dioses del Caos, por la supremacía. Aunque los poderes oscuros de estas deidades infernales alguna vez han disminuido y fluído, el eventual dominio del Señor de la Batalla es seguro. A Khorne se le rinde tributo con cada gota de sangre que se derrama en la batalla, y cada vez que se libran grandes guerras, su ser inmortal se fortalece enormemente. Los conflictos interminables que consumen los Reinos Mortales solo sirven para empoderar al Dios de la Sangre. Si los caídos sirvieron para una causa justa o injusta, a Khorne no le importa; lo único que importa es que la sangre siga fluyendo.

Khorne es representado de muchas formas diferentes por sus adoradores, aunque la mayoría afirma que su deidad es un guerrero imponente tan vasto que borra las estrellas, con el rostro gruñón de un monstruoso sabueso de guerra. Su forma maciza está cargada de músculos con cordones revestidos con placas entrelazadas de armadura barroca de bronce, y sus ojos son orbes ardientes llenos de odio ilimitado. En los dedos de Khorne hay muchos anillos de bronce; la mayoría está adornada con su propia runa de cráneo, mientras que sobre otras están montadas las cabezas cortadas de dioses menores reclamadas, se dice, en combate personal. Cuando el Dios de la Sangre habla, lo hace con bramidos de rabia negra, cada sílaba gutural capaz de encender el aire.

El Dios de la Sangre se sienta en un monumental trono de calaveras, desde el cual ruge un interminable llamado a la guerra que resuena en todos los reinos. A su lado descansa una espada colosal, conocida como la Hiendemundos, el Allslaughter y otros nombres igualmente cargados de fatalidad. Un solo golpe de esta gigantesca arma puede dividir la realidad en dos, borrar ciudades enteras de la existencia o exterminar ejércitos enteros. También el Dios de la Sangre muestra su disgusto.

Conscientemente o no, todas las culturas guerreras rinden homenaje a Khorne, y cada vida tomada con ira aumenta el poder del Dios de la Sangre. Lo que Khorne exige de sus seguidores, tanto demonios como mortales, es simple: sangre, más sangre y calaveras. Su único templo es el campo de batalla, porque no se adora al Dios de la Sangre mediante la oración, sino mediante el conflicto. Mientras la guerra se desata, el poder de Khorne se fortalece, por lo que quienes le son devotos buscan la violencia en cada oportunidad. Cuando no haya otros objetivos disponibles, los seguidores de Khorne caerán sobre sí mismos.

Esto no es una afrenta al Dios de la Sangre; mira bien a los guerreros que matan a sus aliados, porque al hacerlo demuestran su comprensión de las verdades más importantes: que el poder real no se puede compartir y, lo más importante, que a Khorne no le importa de dónde fluye la sangre, solo que fluye. Un devoto que no busca continuamente más violencia rápidamente pierde el favor de su deidad protectora.

Representacion y dominios[]

Khorne es representado por sus devotos como un altísimo guerrero, tan alto que tapa las estrellas. Su monstruosa forma es pesada, musculosa y cubierta por entrelazadas placas de ostentoso latón. El semblante de Khorne es como el ruidoso hocico de un perro de guerra, sus ojos llameantes orbes de inagotable odio e infinita ira. El Dios de la Sangre se sienta sobre un monumental trono de calaveras, desde el que ruge una incesante llamada a la guerra que resuena por todos los reinos. A su lado reposa una colosal espada, conocida como la Terminamundos, the Allslaughter, y otros incontables nombres apocalípticos. Un solo movimiento de esta gigantesca espada puede partir en dos la realidad, borrando de la existencia ciudades enteras o exterminando ejércitos completos. Así demuestra su desagrado el Dios de la Sangre.

En el Reino del Caos, los dominios de los dioses crecen y menguan con el poder de su deidad padre. El infernal reino de Khorne ha sido el más grande por mucho tiempo. En su corazón se alza la Ciudad de Bronce, una verdadera montaña de fortalezas, almenajes y forgas construídas alrededor del trono del Dios de la Sangre. Más allá de las defensas de rocosos muros y los fosos de sangre de la Ciudadela, el reino de Khorne se expande en todas las direcciónes por incontables leguas. Es un fracturado páramo de puros huesos rotos y ceniza, puntiagudos desfiladeros, oscuras fortalezas y estruendosos volcanes a través de los cuales, los demonios del Dios de la Sangre ofrecen su eterna guerra en su honor.

Cultos a Khorne en los Reinos Mortales[]

Si se puede observar una constante dentro de los Reinos Mortales, es la guerra. No es de extrañar que tantas tribus humanas y civilizaciones rindan homenaje a Khorne, el Dios de la Sangre. Por mil nombres se conoce a la deidad de la matanza: el Sabueso Rojo, Kharneth, el Padre Hacha, Arkhar, la Belladona de Bronce o el Kraken de Sangre. Incluso hay algunos entre las tribus oscuras que afirman que Khaine, cuyo nombre se grita con devoción por los misteriosos aelf-gladiatrixes de Ulgu, no es más que otro reflejo de este señor de la sangre primordial.

Los sacramentos realizados a estas divinidades bélicas varían, aunque la mayoría coincide en que solo pueden ser adorados adecuadamente en el campo de batalla. Es probable que todos los guerreros de Slaves to Darkness susurren una oración a la deidad de la batalla en la víspera del conflicto, especialmente los que habitan en las ardientes tierras de Aqshy, donde los dioses rojos" son adorados con particular fervor. A través de los actos de matanza, los campeones atraen la mirada de estos patrones sedientos de sangre; su piel puede volverse de color negro carbón o rojo sangre, y sus armas, de las cuáles el hacha es la favorita, irradiarán un aura de furia sobrenatural.

La imagen perdurable de un guerrero que ha sido marcado por el Señor de la Masacre es la del bersérker aullante, y en muchos casos esto resulta exacto hasta el punto de que tribus enteras se ven superadas con furia. Sin embargo, estas no son las únicas figuras que reciben la marca del dios de la batalla. Las órdenes de caballeros caídos a menudo adoptan un avatar de guerra como su patrón, mientras que en Chamon hay tribus que adoran a los espíritus de la muerte mecanizada y son bendecidos por cada nuevo invento asesino que crean. Sin embargo, a pesar de sus diferencias, todas estas figuras de dioses comparten un absoluto odio por la hechicería. El Señor de la Sangre universal desprecia a los que emplearían la magia como una muleta para su propia debilidad, y sus devotos guerreros usarán cualquier excusa para lanzar brutales purgas de brujas entre sus tribus vecinas.

El numero sagrado de Khorne[]

No hay ningún registro mortal de por qué el número ocho es sagrado para Khorne, ya que este número ha estado ligado a él desde incluso antes de que su rabia se apoderara de los reinos. Algunos dicen que ocho es su número porque ocho dioses poderosos fueron asesinados por Khorne en el momento de su nacimiento, y sus cráneos son la base de su trono de cráneos. Otros han postulado que pasarán ocho grandes eras de guerra y matanza antes de que la sed de sangre de Khorne sea finalmente apagada. Cualquiera que sea la razón, la figura y sus múltiples se reflejan fuertemente en la organización de los ejércitos demoníacos de Khorne, desde el número de filas de Bloodthirster hasta el número de cohortes en una legión de fuerza completa, y en la mayor de las guerras llevadas a cabo por los secuaces de Khorne, es la octava ola de asalto que es la más poderosa de todas. Es un número que también aparece en todo el dominio del Dios de la Sangre: hay ocho puertas principales para acceder a la Ciudadela de Bronce, y ocho torres protegen su muro exterior; un demonio asesinado debe sobrevivir a ocho batallas dentro de las llamas de Horno infernal antes de que Khorne vuelva a darles forma física.

No son solo los ejércitos demoníacos de Khorne los que hacen uso del sagrado número ocho, ya que las hordas de sus seguidores mortales también lo veneran como el valor bendito del Dios de la Sangre. Además de reflejarse en la organización de los Bloodbound, el número es fundamental para muchos de sus rituales tribales empapados de sangre. Por ejemplo, en la escarpa corroída de Chamon, los idólatras de Khorne sacrifican a ocho nobles guerreros en la elaboración de cada una de sus estatuas de bronce, arrojando sus corazones dentro del metal fundido y puliendo las facetas con su sangre. En Ghyran, los aspirantes a tribus de la Banda de Guerra de Talladores de Carne se inician en las filas de los Atracadores de Sangre solo después de que se han cortado dos de sus propios dedos y dos de sus propios pies para mostrar el número sagrado ocho con orgullo en su cuerpo.

Fuentes[]

  • Reglamento Age of Sigmar.
  • Battletome: Khorne Bloodbound.
  • Battletome Blades of Khorne 2019
  • Tomo de batalla: Slave to Darkness (2019)
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