Sigmaroteca
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"No te resistas, la muerte es inevitable. Cuanto más rápido sucumbas, más pronto terminará tu sufrimiento. Ven a mí y sé mío para siempre...". - Lady Olynder.


Lady Olynder es la Novia de Luto, la Reina no Correspondida, la Dama del Velo y la Mortarca del Dolor de Nagash. Es la manifestación de la desesperación, la tristeza dada forma, y en ella están atados todos los dolores y angustias de los Reinos Mortales.

Descripción[]

A Lady Olynder se le vinculan todas las penas y angustias de los Reinos. Su poder trasciende la melancolía, porque exuda oleadas de pura desolación que desalientan la mente. En presencia suya, a los mortales los abruma una tristeza tan pesada que sólo los más fuertes son capaces de mantenerse en pie.  

La mayoría caen postrados, maltrechos mentalmente, víctimas de la desesperanza. Es una tristeza lo bastante potente como para hacer que una madre abandone a su hijo, que un guerrero suelte la espada y acepte lo inevitable. Basta para detener los latidos de un corazón.  

Flota sobre el suelo con su espantoso vestido y velo de novia, pero poco puede apreciarse de su cuerpo, excepto el contorno de una calavera. La ajada cola del vestido fluye a su espalda, y una voluta de esta prenda etérea sirve para unir la miniatura a peana. Espinosas enredaderas de rosas brotan donde flota, envueltas en torno a su cintura hasta alcanzarle el tocado, que a su vez recuerda a un brezo espinoso. Con la mano derecha empuña la vara de Medianoche, un báculo ornamentado que corona una piedra preciosa de tumba-arena vitrificada. La acompañan dos macabras doncellas Banshee, espeluznantes espectros con rostro cadavérico. Ambas llevan un obsequio: un reloj de tumba-arena encantado, regalo del propio Nagash, que puede romperse con devastadores efectos, y un ataúd cerrado, cuyo contenido es un misterio, pero que difícilmente será algo positivo… 

Historia[]

Los Mortarcas son los lugartenientes principales de Nagash, poderosos líderes no-muertos a los que se les ha garantizado una porción del poder del Gran Nigromante. Cada uno de los tres mortarcas existentes fue elegido por sus habilidades únicas. Si Nagash necesitaba corrupción se dirigiría a Neferata, Mortach of Blood. Si necesitaba dar sangriento ejemplo con algún enemigo, recurriría a Mannfred von Carstein, Mortarca de la Noche. Para las misiones más secretas e intrigantes prefería a Arkhan the Black, Mortarca del Sacramento. Todos ellos comandaban sus propias legiones y todos ansiaban más poder. No obstante, Nagash quería poder contar con un nuevo elemento, más leal, pues de los otros tres sólo Arkhan se mostraba satisfecho de servirle.

El relato de cómo Nagash recorrió los inframundos en busca de un nuevo subordinado es larga, pues los dominios de los muertos son incontables. Desde Stygxx, la Tierra de los Dioses Olvidados, hasta las llanuras de fuego frío de Holstrom; desde las tierras cubiertas de reliquias de Carstinia hasta Hallost, Tierra de los Héroes Muertos, ningún territorio del más allá quedó sin investigar. Nagash fijó su mirada en muchas almas: campeones de tribus inconquistables, reyes tioiranos de imperios abandonados, matriarcas de hermandades sanguinarias. Pero lo que estaba buscando ninguno de esos personajes lo poseía.

No era la capacidad manipuladora, la astucia, ni la estrategia militar lo que había granjeado a los ejércitos de los muertos tantos éxitos durante el necroseísmo, sino el terror puro. Las victorias más aplastantes habían llegado gracias a sus asaltos súbitos y la oleada de miedo que se había extendido ante las propias invasiones y que había planeado pesadamente sobre todas las tierras por las que las huestes espectrales habían pasado. Nagash estaba impresionado con el efecto psicológico que los ejércitos de Nighthaunts tenían sobre las mentes frágiles y supersticiosas de los mortales.

En realidad, Nagash había perdido la noción de lo que era el miedo, pues habían pasado épocas enteras desde la última vez que lo sintiera. Había ejecutado sus planes estratégicos aplicando la más fría lógica de su intelecto supremo, pero sin tener en cuenta las emociones de los mortales. Era un error que había jurado no repetir. En todos sus viajes a lo largo y ancho de los inframundos, Nagash no había encontrado a nadie como la Dama del Velo. Se trataba de un espectro al que había castigado muchos siglos atrás con una maldición única. En vida había sido Lady Olynder, una belleza famosa en todo el imperio de Dolorum, la mayor de las civilizaciones de las tierras llamadas Llanos Gritones.

Lady Olynder había conspirado y utilizado sus encantos para ascender socialmente, dejando tras de sí un reguero de pretendientes arruinados y/o muertos en extrañas circunstancias. Tal era su carisma que siguió ascendiendo, ganándose los corazones de los nobles, y entonces, por fin, el del propio príncipe de Dolorum. Su compromiso con el futuro rey terminó la misma noche en la que el príncipe y su padre el rey, desaparecieron. En su ausencia, ella se hizo con el poder supremo de Dolorum.

La Mortarca del Dolor entregando almas condenadas a Nagash.

Jurando mantener el duelo por su príncipe y su rey, la joven reina decidió cubrirse con un velo. Sus vasallos empezaron a referirse a ella como la Doncella del Luto o la Reina Abandonada, y su despliegue público de duelo le ganó incluso los corazones más insensibles. Sin embargo, todo era una pose por su parte, pues sus muestras de dolor eran falsas, sus sollozos una mera treta. Bajo el velo no podía evitar sonreír maliciosamente al ver lo bien que avanzaba su plan.

En el resto de los reinos, la Era del Caos estaba reduciendo todas las civilizaciones a ruinas, un destino del que, hasta el momento, Dolorum se había librado. No obstante, su suerte se acabó con la llegada de la plaga. En poco tiempo, los sollozos de la reina tuvieron que dirigirse a su reino, aunque eran igual de falsos. Ella estaba a salvo en su palacio, llevando una vida de ensueño, mientras su pueblo agonizaba y moría presa de la plaga ulcerosa.

Todo este proceso era observado por Nagash, que siempre había sido honrado por el pueblo de Dolorum, pero veía que dicho estatus había terminado desde que la nueva reina fuera coronada. Ni siquiera ahora, cuando sus tierras, sus ciudades e incluso la sala del trono se llenaban de cadáveres, sentía Lady Olynder ninguna compasión verdadera. Cuando Nagash se enteró de que la regente estaba intentando negociar con los agentes de Nurgle, decidió que ya era suficiente y reclamó su alma. Así fue cómo lady Olynder se convirtió en la Dama del Velo, un espectro condenado asentir todas las miserias de los Reinos Mortales y forzando a vagar por las ruinas de Dolorum. Tras muchos siglos sin que Nagash le prestase más atención, el dios de los muertos quedó sorprendido al encontrársela de nuevo.

La Dama del Velo se había alzado de nuevo para reinar sobre el viejo Dolorum, que ahora era una tierra asolada por espectros y fantasmas. Durante el Necroseísmo, Lady Olynder atrajo a muchas criaturas de ultratumba con su aura de aflicción. Sin embargo, reinar sobre un único inframundo no era suficiente para sus ambiciones, quería someter a su yugo a más naciones, tanto de los vivos como de los muertos. Sin duda, esta era la líder que Nagash estaba buscando. El Gran Nigromante llevó a cabo un ritual en el que le entregó una mota de su divinidad, la nombró Mortarca del Dolor y le encargó en primer lugar unir a los Nighthaunts, y a continuación liderarlos como vanguardia de su nueva cruzada.

Armamento[]

Lady Olynder está armada con el Bastón de la Medianoche. Le acompañan dos Doncellas Banshee, que están armadas con Garras Espectrales.

Miniaturas[]

Fuentes[]

  • Death Battletome: Nighthaunt (2ª Edición).
    • Pág. 12
    • Pág. 13
    • Pág. 22
    • Pág. 51
    • Pág. 72
  • Lady Olynder Warscroll.
  • Games Workshop - Lady Olynder.
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