Sigmaroteca
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Lakshar Bloodspeaker.jpg

Lakshar Bloodspeaker es el Clérigo de la Masacre preferido de Korghos Khul, y uno de los Elegidos de la Sangre del Gran Señor de Khorne. Se dice que este hombre monstruosamente amenazante mató al Draco de piedra Shokenrak, tras lo cual bebió la sangre de su corazón para obtener grandes poderes. Ciertamente, además de la fuerza necesaria para descuartizar hombres con sus propias manos, el clérigo ha sido bendecido con violentas visiones de gran claridad, palabras de Khorne que desbordan sus labios manchados de sangre para liderar a los guerreros de Khul hasta la más grande de las batallas. Sin embargo, el clérigo hace algo más que apuntar a sus compañeros hacia la gloria; se ha ganado el favor de Khorne con aborrecibles de actos de violencia una y otra vez. Fue él quien luchó y decapitó al legendario héroe Meiwhul durante la Batalla de los Ocho Puentes, y fue quien hizo hervir la sangre de trescientos valientes Mascahuesos en la culminación de la Guerra de las Cabezas Cortadas. El clérigo de la masacre es la prueba viviente de que los sacerdotes de Khorne no son los débiles hombres santos de otras deidades, sino aterradores líderes guerreros por derecho propio, más que capaces de exterminar naciones.

Origen[]

Lakshar es originario del Reino de Ghur, donde fue miembro de la Tribu Khul. Este pueblo era originario del Mundo-que-fue, en donde adoraban a los dioses del Caos. Algunos sobrevivieron a la destrucción de este mundo pretérito y se instalaron en el Reino de Ghur, recordando sus antiguas tradiciones y adorando al Dios de la Sangre. Pero Sigmar y sus seguidores persiguieron a los Khul, los cuales se vieron asediados por sus enemigos. Fue entonces cuando Lakshar encontró un Portal del Reino que necesitaba de un sacrificio de sangre para ser activado. Decidió sacrificar a sus propios hermanos y hermanas para evitar la extinción de su pueblo. Cuando su tribu estuvo a salvo en Aqshy este sacrificio fue revelado, siendo desterrado por dicho crimen. Lakshar vivió durante largos años en soledad en una caverna, en donde se dedicó a dibujar en sus paredes las imágenes que se le aparecían en sus sueños. De manera casi milagrosa consiguió sobrevivir, convirtiendose en un anciano hermitaño.

Encuentro con su dios[]

Pasaron tantos años que Lakshar casi olvidó su nombre y la capacidad de comunicarse verbalmente. Un día, le soprendió en las cercanías de su caverna un pequeño grupo de Bestias del Caos. Estas le persiguieron y acosaron, hasta que le arrinconaron en la cima de su montaña, donde descrubrió una extraña runa en forma de cráneo en el suelo. Consiguió abatir a uno de su perseguidores con una roca y la runa empezó a brillar, dotándole de una inesperada energía que ahuyentó a la manada. A partir de ese día intentó descubrir cómo activar la runa, averiguando finalmente que era necesario el sacrificio de un oponente para tal fin. Fue poco tiempo después cuando, guiado por sus sueños, un guerrero de la Tribu Khul llegó a la montaña. Su nombre era Athol Khul, y se sorprendió al descubrir que Lakshar conocía la lengua ancestral de su pueblo. El anciano le reveló su identidad y la verdad sobre el origen de la Tribu Khul, mostrándole la extraña runa con forma de cráneo que se encontraba en la cima de la montaña.

Athol Khul ofreció a un Bullgor como sacrificio

El anciano declaró que Athol tenía que traer un sacrificio a la runa, y a la mañana siguiente el guerrero apareció con el cuerpo aún vivo pero inconsciente del Bullgor que lideraba a las Bestias del Caos que habitaban en las inmediaciones. Tras sacrificar a la bestia la runa empezó a brillar y Lakshar preguntó al guerrero qué quería y qué estaría dispuesto a dar a cambio. Athol declaró que quería poder y fuerza para derrotar a sus enemigos, y tras asegurar que estaría dispuesto a dar su alma a cambio el cuerpo de Lakshar se convulsionó y en el mismo aparecieron aparecieron diversos cortes de los que surgió un vapor sangriento. A través de esta neblina oscura se vislumbró una terrible entidad cuya aparición provocó que Athol se arrodillara inmediatamente. El guerrero reconoció en lo más profundo de su ser el nombre de este ser: Khorne, el dios de la sangre. El dios del Caos declaró que los Khul se habían vuelto débiles, declaración que provocó que Athol se atreviera con gran esfuerzo a mirar a los ojos del antiguo dios de su tribu. Khorne declaró que podía darle el poder y la fuerza necesarias para librarse de sus enemigos, pero que todas las muertes que causara serían en su nombre y que como precio debería entregarle su alma. Athol aceptó, y un arco de relámpago rojo le golpeó en el pecho, dejándolo inconsciente. Cuando despertó descubrió que Lakshar había vuelto a la vida gracias al favor de su dios, recuperando la fuerza y potencia física de su juventud. Además tenía la capacidad de escuchar los deseos de su deidad con lo que pasó a ser el portador de su palabra. Athol por su parte había sido marcado en el pecho con la runa de Khorne, convirtiéndose en su campeón. Lakshar declaró entonces el primer designio de su dios: Athol debía abandonar su antiguo nombre y adquirir el antiguo apelativo para los líderes de los Khul, Khorgos, olvidado cuando abandonaron su antiguo reino. Ese día Athol Khul murió y nació Korghos Khul

 El Festín Rojo[]

Aunque había adquirido el favor de su dios, Korghos seguía necesitando un ejército para poder enfentarse a los Maestros del Diezmo, los poderosos enemigo de su pueblo. Pero a Lakshar le fue revelado que se había convocado el Festín Rojo, un tradicional encuentro en el que representantes de las tribus de la Meseta Llagaígnea se reunían en las Islas Clavis para festejar mientas sus respectivos campeones luchaban por el honor de los suyos. Fue así como Korghos y Lakshar recorrieron el largo camino hasta las cercanías de las Islas Clavis y se dispusieron a cruzar el estrecho que las separaba del continente. Sin embargo la precaria embarcación con la que intentaron la travesía no consiguió resistir ante las inclemencias del tiempo. Por suerte, ambos fueron rescatados en el último momento por Threx Skullbrand y sus seguidores.

El Festín Rojo se celebraba tradicionalmente en las Islas Clavis

Threx era el rey de la Tribu Skullbrand y el convocante del Festín Rojo. Había adquirido su trono recientemente, recuperando las antiguas costumbres guerreras de su pueblo. Su madre, sacerdotisa de Sigmar, lo acusaba de haber asesinado a su padre para arrebatarle el trono. Además Threx renegaba de la fe en Sigmar, volcándose en la costumbre de los Skullbrand de adorar a la pira de llamas que tradicionalmente había sido la fuente de su poder. Por estas razones una alianza de tribus adoradoras de Sigmar había asediado a los Skullbrand pidiendo la cabeza de Threx, lo que le llevó a convocar el Festín Rojo con la esperanza de derrotar a sus principales enemigos en combate personal. Pero una vez en las Islas Clavis Threx vió como gracias a las palabras de su madre aumentaban aún más sus enemigos mientras que se encontraba completamente falto de aliados. Fue entonces cuando vió a lo lejos la precaria embarcación de Korghos y Lakshar. Admirando su valentía casi suicida, acudió en su ayuda con la intención de obtener un nuevo aliado.

El entendimiento entre Korghos, Threx y Lakshar fue muy grande, encontrando puntos en común en muchos aspectos. Cuando se convocó a los líderes de las principales tribus participantes en el Festín Rojo, Threx presidió como convocante y a su lado se sentó Korghos Khul. En medio de la reunión Korghos habló de los Maestros del Diezmo y la amenaza que representaban, exhortando a los líderes tribales a que se unieran a su causa. Algunos entre los asistentes declararon que no les importaban los problemas de los Khul, mientras que otros mostraron preocupación por la posibilidad de que los Maestros del Diezmo entraran en guerra con la Meseta Llagaígnea. Viendo debilidad en el resto de jefes tribales Korghos lanzó un sorprendente desafío: aquel o aquella que consiguiera abatirle en el Festín Rojo se convertiría en Korghos y gobernaría a los Khul, pero a cambio los pueblos de todos aquellos que cayeran ante él en combate deberían unirse a su guerra contra los Maestros del Diezmo. Este anuncio causó gran agitación, sobretodo cuando Threx se unió a su desafío afirmando que quien consiguiera derrotarle obtendría el mando de la Tribu Skullbrand. En ese momento Skolor Helfir, líder de los Direbrand, declaró que lo que se estaba proponiendo contradecía los designios de Sigmar y que su iba a abandonar el Festín Rojo. Korghos esperaba obtener la ayuda de los Direbrand, la mayor tribu de la Meseta Llagaígnea, contra los Maestros del Diezmo por lo que se sintió decepcionado ante tal anuncio. Lakshar le dijo entonces a Korghos que ninguno de los presentes era su aliado, y que sólo los que aceptaran el dominio de Khorne sobrevivirían a los fuegos que estaban por venir. Korghos estaba angustiado, puesto que la marcha de los Direbrand condenaba a su pueblo. Le dijo a Threx que no podía permitir que Skolor se marchara, y le repondió a Korghos que hiciera lo que debía hacerse. Mientras Korghos se acercaba rápidamente al lider de los Direbrand Threx aprovechó sorpresivamente para hundir su hacha en el cráneo de su principal rival. Se alzaron los gritos alrededor de Korghos, pero este no les prestó atención. Se dirigió hacia Skolor mientras este se giraba sorprendido por lo que estaba sucediendo. El líder de los Direbrand actuó con presteza alzando su martillo contra Korghos pero este fue más rápido y ejecutó a Skolor con su lanza. Lleno de ira, el líder de los Khul se enfrentó a un sacerdote de Sigmar, lanzando tras su muerte el grito de guerra de Khorne y llamando a purgar a los sigmaritas que se encontraban en la sala. El poder del dios de la sangre fluyó a través de Threx y sus seguidores, y media docena de líderes tribales se vieron imbuídos asimismo de esta rabia. Todos los que se les opusieron fueron asesinados en una terrible matanza.

Tras la masacre Korghos y Lakshar exhortaron a los supervivientes a seguir la senda de Khorne. Korghos declaró que todo aquel que estuviera en la isla y no se les uniera debía ofrecer su cráneo a su sangrienta deidad. Aun así la isla estaba llena de guerreros, muchos de los cuales eran leales a los líderes tribales recién asesinados. Korghos ordenó a Threx que anunciara públicamente que el liderazgo de los Khul sería para aquel que le derrotara, dando inicio al Festín Rojo. Lakshar sugirió un enfoque aún más atrevido: la copa de la sangre, símbolo del Festín Rojo, sería llevada a la sagrada mesa situada en la cumbre de la isla. Aquel que consiguiera beber de la misma sería declarado señor de la Meseta Llagaígnea, asegurando así que todos los presentes en la isla se sumarían al combate enfrentándose entre ellos.

El anuncio provocó el efecto esperado. Korghos derrotó a un gran número de líderes tribales, anunciando a sus seguidores que debían obedecerle a partir de ese instante. Los que se negaron, cayeron bajo su lanza. Threx alimentó una gran pira con los cadáveres de los muertos y muchos guerreros se unieron a la senda de Khorne, puesto que una chispa del poder del dios del Caos se encontraba en los corazones de los miembros de todas las tribus de la Meseta Llagaígnea. Cuando no quedaron oponentes a los que derrotar Korghos se dirigió a beber de la copa de la sangre, pero encontró que Lakshar se le adelantó tomando la copa en sus manos. Mientras la tierra temblaba, el portador de la palabra de Khorne le aseguró a Korghos que no iba a ser traicionado. Lakshar declaró que ochocientos ochenta y ocho campeones habían dado su vida en la isla sagrada y vertió sobre sí mismo el contenido de la copa. Una inmensa sacudida lanzó al suelo a Korghos, el cual descubrió que la mesa era en realidad el plinto de un Portal del Reino. El cuerpo de Lakshar se contorsionó tranformándose en un avatar de Khorne, y Korghos se encontró nuevamente ante su dios. El dios del Caos le felicitó por su victoria, y le prometió el ejército que había demandado. Sin embargo Khorne le informó de que él también tendría un ejército que arrasaría las tierras para su deleite y poder. Lakshar reapareció ileso tras la manifestación de su dios y a través de la neblina rojiza del portal, que sería conocido a partir de entonces como El Ojo, emergieron legiones de demonios aullantes. 

Era del Caos[]

Durante la Era del Caos, Lakshar participó a las órdenes de Korghos Khul en la conquista del Gran Erial. Como su clérigo de confianza, podemos suponer que Lakshar participó en las más importantes batallas que llevaron a Korghos a la grandeza.

Las Guerras por los Portales[]

La Goretide de Korghos Khul jugó un papel muy importante en los inicios de la Era de Sigmar. En las conocidas como Guerras por los Portales, la Goretide combatió en diversos campos de batalla como la Península Brimstone, los Valles Colgantes de Anvrok o el Orbe Infernia. Podemos suponer que Lakshar participó en la mayoría de dichos conflictos y que terminó instalándose junto a Korghos Khul en el Orbe Infernia tras su conquista.

Los Juicios de Khorne[]

Tras el Necroseísmo, el estallido de las Guerras del Alma y la llegada del Arcanum Optimar, Lakshar fue el primer sacerdote en invocar un un Altar de las Tierras del Cráneo y uno de los Juicios de Khorne. Fue en la región conocida como Las Costras, donde el velo entre realidades es débil, por lo que se puede entrar en contacto con relativa facilidad con los reinos del Caos. Lakshar realizó un sacrificio masivo de sangre y como resultado se le apareció un Altar de las Tierras del Cráneo. Sobre el mismo, Lakshar sacrificó a los miembros de un culto de Tzeentch. Cuando se dispuso a sacrificar al líder del culto, los cantos rencorosos de Lakshar invocaron un ardiente icono de Khorne sobre la cabeza del cultista. El icono flotó brevemente en el aire antes de descender bruscamente y perforar al cultista con sus afiladas púas de bronce. A partir de ese momento, los sacerdotes de Khorne de todos los Reinos Mortales aprendieron paulatinamente a invocar estas potentes manifestaciones de la ira que siente Khorne sobre todas las formas de magia.

Fuentes[]

  • Battletome: Khorne Bloodbound.
  • Battletome: Blades of Khorne
  • Battletome: Blades of Khorne 2019
  • The Blood Feast (Novela), por Gav Thorpe
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