Sigmaroteca
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Ciudades flotantes que se sostienen en el aire gracias al maravilloso poder del aéter-oro, los Puertos Celestes Kharadron son el poder que domina los cielos de los Reinos Mortales. Comerciantes y aventureros acuden en masa desde muy lejos a contemplar sus prodigios tecnológicos, mientras en sus bulliciosos distritos portuarios puedes encontrar todo tipo de exóticos bienes y secretos ilícitos.

Cuando los Kharadron escalaron las montañas de Chamon y llegaron a las nubes, los Puertos Celestes de los Señores de los Cielos eran fortalezas flotantes fabricados para sobrevivir, y armadas para la guerra.

A la vez que mantuvieron su formidable capacidad de fuego – como podía comprobar cualquier enemigo lo suficientemente insensato como para quedarse al alcance de sus baterías de cañones celestes – se habían convertido en algo más que meras fortalezas flotantes. Hoy en día están entre los mayores centros de comercio de los Reinos Mortales, el hogar de miles de duardin y son visitados por representantes de todas las naciones civilizadas.

El tamaño y el diseño de un Puerto celeste puede variar mucho, pero la mayoría se construyen siguiendo cuadrículas concéntricas con los distritos más vitales (el administrativo y el gubernamental) situados en el centro. En los márgenes encontramos los bulliciosos Astilleros. La mayoría de Puertos Celestes permiten que solo los Kharadron pasen más allá del muelle, por eso estas zonas están a rebosar de humanos, aelfos y otras razas cuyos deseos son atendidos por comerciantes llenos de iniciativa. Las laberínticas calles están bañadas por el incandescente resplandor de las lámparas de aceite de ballena, y en ellas se escucha el eco de multitudes que parlotean en diferentes lenguas.

Los endrintranvías y las góndolas de vapor proporcionan transporte a través de los canales que recorren los puertos celestes. Estos también sirven como rutas para el alcantarillado y el sistema de fontanería, pero además dispone de un sistema de escotillas para poder lanzar los desperdicios que generan a las tierras que quedan mucho más abajo.

Sobre ellos, los cielos están saturados de naves – no únicamente de modelos militares, sino que también de esquifes civiles, imponentes transportes y yates. En los puertos celestes más concurridos los comerciantes a veces se ven forzados a esperar varios días antes de poder atracar. Barak-Zilfin en particular, es famoso por sus rutas congestionadas. De acuerdo con el Código, cada puerto celeste controla todo el espacio aéreo alrededor suyo hasta una distancia equivalente al alcance de tres disparos de cañón. Más allá, esa expansión de cielo se la conoce como la “alta atmósfera” y se considera territorio neutral. Los márgenes de los puertos celestes están custodiados por fortalezas flotantes armadas con cañones y pedreros, comúnmente conocidas como “torres Zunfar” en homenaje al Almirante que fue pionero en su uso.

Cuando una fragata y su escolta de navíos arriba a puerto, tropas de sucios arkanautas llenos de heridas de guerra desembarcan sus últimas adquisiciones antes de perderse en lo más profundo de la ciudad para aprovechar al máximo el tiempo libre del que disponen. Casas de apuestas, antros oscuros cubiertos de humo de tabaco y burdeles pintorescos les proporcionan todo lo que necesitan para desahogarse. Con aéter-oro fresco quemándoles los bolsillos y solo unos pocos días o semanas para gastarlo, no hay tiempo que perder para emborracharse con cerveza barata y para ocupar las mesas de cartas. Esta liberación repentina de energía acumulada a veces se vuelve un poco tosca, y es aquí cuando aparecen los sombrerocobre – nombre despectivo para referirse a la guardia estibadora – para mantener el orden. Esta práctica policía naval está normalmente formada por marineros Grundstok veteranos con lesiones provocadas durante el cumplimiento del deber o por reclutas arkanautas novatos, y realiza un metódico trabajo con sus puños y porras.

Tras los distritos de los muelles se extienden filas innumerables de almacenes, aéter-fábricas y otras zonas industriales. En esta zona viven los más humildes - los gremios de alquiler- y están pobladas por varios miles de trabajadores. Estos duardin fueron rechazados por la Asamblea de Asignación y por lo tanto se les negó una carrera en las flotas celestes. A pesar de la innegable maestría tecnológica de los Kharadron, su modo de vida no es sencillo. Enlatados como peces globo en hospicios y salones de trabajo se esfuerzan diariamente a cambio de una relativa mísera paga; a pesar de que la sociedad Kharadron se complace de su meritocracia, a los patrones de las fábricas les interesa que sus trabajadores oprimidos no mejoren su situación.

A pesar de que el aéter-oro se procesa sin liberar gases contaminantes, gran parte de la industria de los Señores de los Cielos utiliza otras sustancias químicas y metales menos refinados.

Puerto Celeste de los Kharadron.

Las nieblas tóxicas y las lluvias ácidas son relativamente frecuentes, a pesar del uso de endrin-fuelles y ventiladores de dispersión para limpiar la peor parte de la contaminación.

Algunos puertos celestes adolecen más que otros de esta tragedia química; la implacable industria mecánica de Barak-Nar y las fábricas armamentística, en continua expansión, de Barak-Zon han alcanzado niveles particularmente altos de polución, siendo la causa de enfermedades tales como la tuberculosis del minero celeste, la costraférrea y los pulmones ardientes. El gremio de aéterquímicos de Barak-Nar ha dedicado una sección entera de sus laboratorios alquímicos para descubrir remedios para estas epidemias utilizando infusiones sub dérmicas de aéter-oro, aunque a día de hoy solo los residentes más adinerados pueden permitirse este tipo de tratamiento.

Por otro lado, Barak-Thryng está en contra de métodos tan despilfarradores y poco tradicionales y, en consecuencia, sus cielos se mantienen relativamente despejados.

Los individuos más ricos residen cerca del próspero corazón de los puertos celestes, en torres cerradas y mansiones flotantes que se mantienen en el aire gracias al vapor de aéter-oro. Desde allí, los Lord-Magnates y los maestros industriales de la ciudad observan a los desafortunados de abajo. El Lord-Magnate Kreg Folsson de Barak-Urbaz ha construido una endrinvilla obscenamente lujosa justo encima de la refinería en la que trabajó de joven para poder ver cada día lo lejos que ha llegado.

En el centro de los puertos celestes se sitúa el centro gubernamental, clásicamente localizado en el centro de una maravillosa plaza donde encontramos imágenes de sus mayores logros tanto militares como económicos. Entre estas formidables y antiguas estructuras podemos encontrar Los Salones de la Perseverancia en Barak-Zilfin; La Ciudadela del Amanecer de Barak-Nar; el Depósito de Marcas Sombrías de Barak-Mhornar o el Kazakluft de Barak-Thryng. Aquí es donde se reúnen los Almirantes del Concilio y donde se debaten los negocios duales del lucro y la guerra. Solo unos pocos forasteros han sido autorizados a entrar en estos cuarteles fuertemente defendidos, pero describen vastas e imponentes cámaras en las que resuenan los ecos belicosos de los políticos Kharadron, y poblados por pequeños ejércitos de escribas rúnicos y funcionarios.

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