Sigmaroteca
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Morathi es la Reina de las Sombras de Ulgu, suma sacerdotisa de Khaine y Diosa Ascendida. Es parte del Panteón del Orden y Deidad líder de las Hijas de Khaine.

Su ascensión a Diosa es reciente, usando los restos del antiguo dios del Asesinato Khaine. Si bien mantiene una alianza con las facciones del Orden, existe una tensión con el Dios Rey Sigmar que la mantiene siempre vigilada.

Características[]

Ella es la Alto Oráculo de Khaine, la Reina de las Sombras y la gran matriarca de las Hijas de Khaine. Es una criatura de magia, manipulación y secretos: una sacerdotisa de la sangre y una amante de mentiras e intrigas ocultas. Ella es Morathi, y ella podría ser un dios …

De todos sus muchos enemigos, Morathi reserva la mayor parte de su odio por Slaanesh, ya que fue él quien la capturó tras la destrucción del Mundo Pretérito. Los sufrimientos que experimentó a manos del Príncipe Oscuro continúan atormentándola hasta el día de hoy, y ahora que ella misma posee la divinidad, está decidida a pagarlos mil veces. {ref2021}

Morathi es un ser antiguo, con un talento incomparable en su dominio de la magia oscura. Además de poder invocar los horrores del reino de las sombras, ella ha usado sus hechizos para transformarse en una forma idealizada: una radiante entidad de incomparable belleza y alas extendidas forjadas de metal de sombra. Tan grande es su belleza sobrenatural que los enemigos quedan hipnotizados por su embriagador encanto. Esto siempre se demuestra como un error fatal, ya que Morathi empuña su lanza, Heartrender, con cruel eficacia, y sus alas son funcionan como hojas afiladas que pueden cortar fácilmente extremidades y cabezas.

Como la líder y Gran Oráculo de las Hijas de Khaine, cada palabra de Morathi es ley. Con solo una susurrar una palabra, puede enviar a los miembros del culto a cualquier misión, redoblando los esfuerzos homicidas de sus miembros.

Cuando necesita usar la diplomacia, hechicería o seducción, Morathi mantiene su apariencia de reina, pero cuando lo necesita, o cuando está en medio de sus fuertes e emociones, Morathi retoma su verdadera forma. Es un espectáculo horrible de presenciar. Ondas ondulantes de sombra emanan de su cuerpo, cubriendo parcialmente la violenta transformación. Retorciéndose sinuosamente, se retuerce en una nueva forma imponente. Unos ojos ardientes brillan a través de las brumas que se disipan a medida que se despliegan enormes alas en forma de murciélago. Cuando alcanza su auténtico tamaño, Morathi, emerge en su verdadera forma y su cabello suelto es reemplazado por serpientes venenosas que silban al atravesar los pocos mechones que aún se aferran a ella.

Mientras está en su forma de Reina de las Sombras, la furia de Morathi alcanza nuevas alturas, y tiene el poder de de empuñar a Heartrender con fuerza suficiente como una columna de piedra. Se la conoce por envolver enemigos en su sola constrictor para a aplastarlos, mientras usa el aguijón de su cola y la corona de serpientes para lanzar ataques envenenados. Lo más mortal de todo su arsenal es que es capaz de concentrar todo el odio que tiene hacia sí misma y el rencor almacenado en su interior en una sola mirada petrificadora. Aquellos que se atreven a mirarla a los ojos deben tener una voluntad de hierro para que no les hierva la sangre y se rompan.

Una vez transformada en su monstruosa personalidad, la ira de Morathi tarda en calmarse: pueden pasar horas, incluso días, antes de que pueda retomar su aspecto de reina. Tan grande fue su ira durante la Contienda de sangre que permaneció en su forma de Reina de las Sombras durante meses.

A lo largo de su, increíblemente, larga vida, ha sido muchas cosas: esposa, guerrera, reina o el poder detrás del trono de no una, sino dos naciones del mundo que fue. Ella era una gran sacerdotisa de los dioses, una consorte de demonios y una madre de un hijo que ascendería a la divinidad. Durante todo ese tiempo fue una hilandera de medias verdades y una manipuladora de tal escala que imperios enteros se movieron al mando de sus palabras susurradas a los oídos adecuados. Ese pasado infame se ha quedado atrás, porque Morathi ha cambiado. Al liberarse de los tormentos de Slaanesh, ha renunciado a sus intrigas, volviendo a dedicarse exclusivamente a Khaine. Como su Gran Oráculo, es ella quien interpreta al dios de los deseos de la batalla, y comanda los aquelarres de guerra de las Hijas de Khaine.

Pero existe una realidad que nadie conoce, Morathi ha creado una vez mas una conspiración pues todo es mentira. Khaine está muerto, sus últimos vestigios de poder y su única esperanza de resurgir ha sido usurpada, encarcelada su esencia dentro de su corazón de hierro y siendo explotado por Morathi para su propio beneficio.

Es el juego más peligroso que juega Morathi, ya que ella habla con la voz de un dios muerto, emitiendo sus propias órdenes a favor de sus intereses personales a una orden cada vez mayor de guerreras devotas. Sin embargo, diariamente extrae fuerzas de sus ofrendas de sangre, mientras drena el corazón de hierro de Khaine hasta la última gota de energía que puede extraer de su prisión.

Morathi espera algún día vengarse de todos aquellos que la despreciaron, la menospreciaron o la atormentaron. Ella pretende utilizar su creciente poder para lograr una apoteosis oscura, de forma que ascienda a una auténtica divinidad. Según pasan los días, con cada gota de sangre derramada en su causa, ese momento se acerca.

Ella fue lo suficientemente poderosa como para estar cerca del Panteón de Sigmar, sin embargo abandonó a sus aliados cuando no pudo manipularlos. Incluso estuvo en conflictos con Malerion, su hijo, cuando este tomó el poder para sí mismo de todo Ulgu y su capital Druchiroth.

Actualmente, Morathi ha reformado su incómoda alianza con Sigmar y el Panteón del Orden, pero en verdad, solo busca poder y gloria para ella. Puede que tenga los mismos impulsos de construcción de imperios que el resto de la Orden, pero su objetivo final es vengarse de aquellos que la han despreciado o atormentado mediante sacrificios de sangre hechos en nombre de Khaine.


Historia[]

Origen del Mundo Pretérito[]

En el mundo pretérito fue una hechicera de los dioses aelfos, sin embargo detrás realmente servía al Dios Oscuro Slaanesh. Sin embargo sus planes fueron destruidos con la destrucción misma del Mundo siendo consumida por Slaanesh junto a el restos de las almas aélficas.

Era de los Mitos[]

En el estómago de Slaanesh sufrió una tortura inmensa, sin embargo su voluntad por sobrevivir era poderosa y escalo desde la profundidades del Dios Oscuro hasta su garganta. Allí Slaanesh la escupió a través de nubes grises hacia el Vacío Aetérico cayendo en las costas de la región de Hellezar en el Reino de Ulgu.[1]

El Reino de Ulgu

El poderoso dominio de la magia de Morathi salvó su alma de morir y se encontró sola en una esfera de protección conjurada en el Mar Umbrío de Ulgu. Sin recordar quien era vago por el Reino de las Sombras. Anteriormente había intercambiado sacrificios con el Dios del Asesinato Khaine para mantener una apariencia juvenil y hermosa[2]; rivalizando con las diosas aélficas. {ref} Sin embargo en este nuevo mundo los efectos fueron eliminados, convirtiéndola en una reminiscencia del Caos y dándole una forma de monstruo serpentino deforme[2], garras filosas y cabellos de serpiente.[1]

Morathi vio las consecuencias de haber escapado de Slaanesh. Su esencia se había corrompido y se había mezclado con el Caos. [1] Se sintió sola y convocó a algunos espíritus, elementales y demonios de la nieblas y la sombras. Viajo por los Trece Dominios de Ulgu, descubriendo secretos y encontrando a muchos seres extraños pero lejos de ser dignos de su compañía. Las otras criaturas quedaba horrizadas al ver a Morathi y le recordaba la fealdad que se había abierto en su alma.[2]

Dobló la magia ilusoria y trago espirales de magia de las sombras para restituir su apariencia del Mundo Pretérito. En esta forma se encontró con su hijo Malerion. Malerion había ganado la inmortalidad y su control de la magia era abismalmente mas poderoso que el de Morathi. Ambos se miraron con recelos llenos de remordimiento, sin embargo trataron de unir sus fuerzas con la esperanza de encontrar a otros en las Tierras de Ulgu. Allí construirían los cimientos de la gran ciudadela de Druchiroth en el mayor de los Trece Dominios.[2]

Con la llegada de Sigmar al Reino de las sombras, Morathi y Malerion se unieron al Panteón del Orden; ayudando a Sigmar a llevar la civilización a todos los reinos y enseñando las artes arcanas a los pueblos primitivos. Sin embargo los dioses del Panteón no confiaban en Morathi y tras malos tratos y reticencia dejó el Panteón para buscar sus propias metas. Malerion quien aun se mantuvo en el Panteón, rechazó dividir las tierras pues las había reclamado como suyas y solo le entrego una Proción de tierra en la parte mas oscura e impenetrable de todas las regiones de Ulgu.[2]

En solitario comenzó a construir un imperio propio desde la nada. Sus único seguidores eran aelfos y cultos de brujas al dios Khaine. Par asegurar la lealtad de sus seguidores construyó un templo de Khaine que recibiría el nombre de Hag Nar. Sin embargo, Morathi buscaba poder y status y no ser una sombra sobre un dios muerto. Abandonaría sus viejas costumbres y no confiaría en nadie más que ella misma.

Prisión de Slaanesh

Slannesh se mantuvo escondido pero no pudo evitar opacar el llanto de las almas aelficas de su vientre. Para recuperar las almas Teclis, Tyrion y Malerion idearon un plan para sacar a Slaanesh de su escondite y llevarlo a Uhl-Gysh, un no-lugar entre los reinos de la luz y las sombras. Su desesperación los hizo reclutar a Morathi ya que necesitaba equilibrar la magia de la luz y las sombras en el ritual. Además Teclis intuyo que Morathi tenia conocimientos sobre el Dios Oscuro y le sonsacó información sobre su estadía en el vientre de Slaanesh. [3]

Las Ecarnacidas Khinerai.

Tras grandes batallas, Morathi y los dioses aélfico lograron atrapar a Slaanesh y comenzaron un proceso de extracción de almas del Dios del caos. Las almas fueron liberadas hacia los Reinos Mortales.[3] Por su ayuda indispensable, Morathi exigió parte de las almas y cada uno se llevó una porción.[4] En el centro de su cuidad-templo constuyó el Mathcoir para dar forma a las almas recibida. Uso magia de la sombra y su propia sangre para formar a las primeras Hijas de Khaine. De allí nacieron las doncellas Melusai y Khinerai que pasarían a llamarse las Encanacidas. Solo a ellas se les permitió entrar a los salones ocultos de Khruthu.[3][4]

Ante la ovación que generaba el Dios del Asesinato, Morathi se autonombró Alto Oráculo de Khaine y le dijo a sus seguidores que el dios le había hablado. Aseguró a sus sirvientes que el dios se habían roto en fragmentos y que debían explorar todos los Reinos Mortales en su búsqueda. Con las nuevas almas extraídas de Slaanesh, las Hijas de Khaine florecieron y crecieron a manos de Morathi. [5] La nueva Alto Oráculo roba el secreto de la magia de los Senderos de la Sombras a Malerion, lo que le permiten a sus huestes viajar rápidamente a través de las vastas distancias de Ulgu y expandirse en secreto.[6]

Lucha entre las La Contienda de Sangre

Lucha entre las La Contienda de Sangre

Sin embargo las brujas a su mando comenzaron a competir y luchar por la supremacía, matándose unas entre otras; reduciendo su número continuamente, en lo que se llamó La contienda de Sangre. Morathi permite que la guerra civil siga su sangriento curso, y de hecho la usa para eliminar a los más débiles, así como a aquellos que considera demasiado ambiciosos.[6] Luego de esto Morathi decidió declara mas búsquedas de fragmentos para mantener entretenidas a las Hijas de Khaine, lo que detuvo los ataques y comenzó la formación de sectas formadas con las más poderosas de las Hijas de Khaine que consagraron aspectos de la adoración de Khaine. [6]

Así las palabras de Morathi se volvieron ley. Mientras tanto la influencia de los Dioses del Caos comenzaba a consumir los reinos mortales dando paso a la Era del Caos.[5]

Era del Caos[7][]

Durante la Era del Caos, Morathi y sus Hijas de Khaine lucharon en la defensa de su hogar. Además envió a varias de sus huestes en ayuda de los Dioses del Panteón. Aunque la presencia de Morathi y sus seguidores traía desconfianza, su ayuda en batallas de todos los reinos se granjeó un puñado de aliados. [8] Sin embargo tras la ruptura del Panteón Hagg Nar se quedo solo. [5]

A pensar de luchar a solas, Morathi y sus Hijas lograron defender a muerte su hogar, incluso luego de la aplastante derrota del Orden a manos de Archaon, el Elegido. Morathi y sus huestes libaron un sangriento conflicto de siglos contra los invasores del Caos, entre ellos las grandes huestes de Slaanesh. Este conflicto se denominó mas tarde como el Cathrar Dhule. [5]

Morathi lideró las batallas contra el Caos desde le principio, derribando al Guardian de los Secretos Glittus y su Legión del Exceso, a Krulla Sha'vhr y su Flayerhost. Morathi y su aquelarre de Melusai convocaron un laberinto de sombras para derrotar a los imbatibles guerreros de Bevaxx el Saqueador. [8] Sin embargo no pudieron ganar todas las batallas, Morathi llamó a la primera convocatoria de los Aquelarres Caillich, la reunión de fuerzas de todas las sectas, para evitar la derrota a manos de Luxcious the Keeper, pero no hasta después de que el demonio exaltado destruyera el Templo de Druchxar.[9][6]

Esta terrible época de derramamiento de sangre y luchas cobró la vida de un gran numero de vidas aelfas. La propia Hagg Nar fue varias veces asediada, pero nunca cayó debido a su dominio sobre las tierras salvajes siempre cambiantes del Velo Umbrío. El imperio de las sombras de Morathi hubiera sido destruido si no fuera por la llegada de Sigmar y sus forjados en la Tormenta, que llevo al desvío de las fuerzas del Caos a batallas mas centrales. [5]

Inicios de la Era de Sigmar[]


Guerras por los Portales[]

Guerras del Alma[]

Tiempo de la Bestia[]

A pesar de la tensión generada entre Sigmar y Morathi tras la Caída de Guardayunque, su ayuda en el Asedio de Excelsis fue un acto que dejo parte de las tensiones en el pasado. Morathi continua con su ansia de poder y no se ve obstaculizada por su conflicto con el Dios Rey. Si bien sus Hijas de Khaine han participado de varias Cruzadas Portamanecer, se han escuchado rumores de que Morathi ha enviado a sus hijas a pedir tributo a ciudades fronterizas para mantener el servicio de su protección. Sin control, Morathi puede convertirse en la peor amenaza de los sigmaritas.[10]

Contenido por Revisar[]

Morathi, una leyenda viviente que es anterior a la Era del Mitos, es una hechicera aelven cuyo dominio de la magia y lo sobrenatural rivaliza con el de los dioses. Su pasado está entretejido con innumerables planes y la caída en desgracia, pero también de miles de historias sobre su belleza en el Mundo que fue y su feroz temperamento. Algunos la conocen por ser la madre del propio Malerion, un ser de inmenso poder que se ha elevado a la inmortalidad. El camino de su hijo es algo que Morathi busca emular a toda costa, habiéndose consagrado como nunca antes a liderar y hacer crecer el culto a Khaine con un fervor inigualable.

El baile en las sombras[]

Ocultando sus secretos más oscuros entre los velos más sombríos, las Hijas de Khaine se han expandido de un pequeño culto al asesino de una moribunda y antigua religión a un poder en alza. En aquellos primeros días, el culto, como la propia Morathi, parecía condenado a disminuir o desaparecer por completo.

Tanto sus aliados como sus enemigos han tratado de buscar y aprender más sobre las Hijas de Khaine, ya que incluso las que luchan junto a ellas tienen poca comprensión del culto, sus prácticas o su enigmático e implacable dios. Esto no es en realidad sorprendente ya que esta es una historia que tiene sus orígenes en Ulgu, el Reino de las Sombras. Esta tierra es donde la penumbra, los secretos y la falsedad cobran vida extendiéndose de una forma como en otros la niebla.

Morathi logró despertar en los albores de la Era del Mito. Después de ser capturada en una pesadilla, se encontró cayendo a través de nubes grises. Su descenso desde alturas desconocidas terminó en una explosión de vapor cuando Morathi impactó en el Mar Umbral. Solo su dominio de la magia salvó a la hechicera, la cual se encontró sola en una esfera de protección que ella misma conjuro, flotando de esa forma en la superficie de un sombrío océano .

Finalmente, Morathi, tocó tierra en las áridas costas de la región de Hellezar en Ulgu. Es incapaz de recordar cuanto vago por aquellas tierras, pues tardo una era entera de tormentos antes de lograr controlar su propia mente y recuperar la esencia de su ser. Cuando por fin se reconoció, Morathi comenzó a aprovechar las energías arcanas que impregnan el Reino de las Sombras. Como una de las grandes maestras en la hechicería oscura, Morathi, tenía un talento natural que le permitieron manipular las nuevas fuerzas que halló. Esto le fue necesario, ya que hubo un momento en que había intercambiado sacrificios de sangre a Khaine para mantener su vigor y apariencia juveniles, sin embargo, tales ofrendas habían dejado de funcionar. Y mientras que la mente de Morathi había regresar, aunque frágilmente, a la cordura, su cuerpo no lo había hecho: su forma era la de un monstruo serpentino deforme. Este nuevo aspecto era una reminiscencia del Caos y la torturas que había pasado a manos de Slaanesh, tales pensamientos crearon en ella sentimientos de angustia y odio a la hechicera.

Desesperada por tener compañía, Morathi solo encontró tristeza. Usando su magia, evocó espíritus de los lugares ocultos: elementales de niebla y demonios de sombra. Morathi no podía decir cuánto tiempo pasó en compañía de estas entidades, pero con ellas exploró las amplias extensiones de esas misteriosas tierras. Recorrió las trece regiones vastas de Ulgu, descubriendo innumerables secretos. Durante todos sus viajes, Morathi se encontró con muchas criaturas, pero no conoció a ninguna de su especie.

Mientras Morathi luchaba por olvidar el pasado, el horror experimentado por otras criaturas al conocerla era un recordatorio constante de su fealdad que penetraba profundamente en su alma. Amargas fueron las lágrimas de Morathi, porque la vanidad era el mayor de sus defectos. Empezó a manipular y controlar la magia de la ilusión, el cambio y la mentira que estaba a su alrededor, usando conocimientos secretos susurrados por sus amantes en el reino de la sombra, Morathi, intentó recuperar su antigua forma. Ella devoró la propia esencia de la magia de las sombras y logró  transformar su apariencia de su encarnación anterior. Sin embargo, cuando la ira o la pasión la consumen, esta nueva apariencia escapa de su control para regresar a serpentina forma que se oculta entre sus pesadillas.

Fue en su forma de Aelven que finalmente su camino se cruzó con el de su hijo, Malerion. Ninguna alegría vino de la reunión entre madre e hijo, ya que cada uno tenía demasiado odio y resentimiento para lograr al otro. Además, Morathi, estaba fuera de sí con celos pues Malerion estaba imbuido de un inmenso poder. Su hijo había ganado la inmortalidad y una afinidad aún mayor con las sombras que ella de una forma más que evidente. A pesar de sus dudas mutuas cada uno buscó unir fuerzas con el otro, pues ambos tenían la esperanza de encontrar a otros aelven en estas nuevas tierras. Fue durante esta frágil alianza que el Rey Dios, durante su viaje a Ulgu, que encontró a Malerion y Morathi trabajando juntos.

Morathi y Malerion habían usado su magia para levantar una gran ciudadela: los cimientos de Druchiroth, el mayor asentamiento de los trece reinos de Ulgu. Sigmar ofreció ayudarles y, a su vez, se unieron a su Gran Alianza, un panteón en crecimiento que unía a muchos dioses dispares, bestias titanicas y seres de gran poder. De esta manera, Morathi y Malerion ayudaron a llevar la civilización a cada uno de los Reinos Mortales, fomentando ciudades y enseñando las artes arcanas a los pueblos primitivos. Con el tiempo lograron encontrar a los Aelves, sin embargo, la mayoría de estos se establecieron en Azyrheim, la Ciudad Celestial.

Durante su tiempo en la Gran Alianza, ni Malerion ni Morathi confiaron plenamente el uno en el otro, pues aunque su hijo recibió elogios por su ayuda, Morathi fue rechazada. Si bien Tyrion y Teclis, los gobernantes de la Hysh, encontraron una causa común con Malerion, ninguno de los dos se dignó a trabajar junto a alguien a quien consideraban contaminado por el Caos. Fueron constantes los rumores de que Morathi se había entregado voluntariamente al Dios del Caos Slaanesh. Morathi se negó a responder preguntas sobre su pasado, incluida la forma en que había logrado escapar de su esclavitud y llegar a Ulgu.

Si bien en otra época la magia y encantos de Morathi le permitían manipular a los demás, sus nuevos intentos de entrada fueron rechazados. Algunos, como Sigmar, simplemente la ignoraron por completo, otros como Nagash logró detectar sus hechizos de seducción y se ofendió, atacándola de forma directa. Tras este incidente la rabia se apoderó de ella, perdiendo el control, por lo que todos vieron su forma serpentina por primera vez, obligandola a huir avergonzada. Fue un golpe que Morathi nunca perdonaría ni olvidaría.

Tras estos acontecimiento Morathi dejó la Gran Alianza y buscó establecer su propio hogar en Ulgu. Malerion rechazó cruelmente su sugerencia de dividir el gobierno de los Trece reinos, pues reclamó todas las Tierras Sombrías como propias. Sus protestas se encontraron con desprecio hasta que, como una broma o un complot para deshacerse de ella, Malerion le otorgó a su madre una pequeña parcela de tierra en medio del Velo Umbral. Esta era, quizás, la más oscura e impenetrable de todas las regiones, y nadie, salvo él mismo, había regresado de esas brumas empalagosas con su cordura intacta. En esto, Malerion subestimó a su madre. Morathi tomó el control de las sombras para crear un velo protector alrededor de sus nuevas tierra. Los únicos seguidores que llevo con ella eran los cultos de brujas aelven que mantenían su adoración a Khaine. Para garantizar su lealtad, Morathi, construyó un templo para Khaine y lo bautizó como Hagg Nar además de enseñar a todos sus seguidores el secreto de navegar y moverse en las sombras.

Hagg Nar comenzó como un reino débil, y Morathi reflexionó sobre el pesar de su propia existencia. Ella buscaba poder y estatus, sin embargo, parecía tener pocas oportunidades de lograrlo. Sus seguidores eran pocos y se aferraban dogmáticamente a una fe que Morathi sentía que estaba fuera de lugar: ella creía que los viejos dioses estaban muertos, porque ya no sentía su poder. Sin embargo, este estado de desesperación resultó ser un punto de inflexión. Tomó la decisión de no desvanecerse en un reino oculto desprovista de gloria, ni tampoco en volverse a convertir en un poder tras un trono. Decidió abandonar sus viejas costumbres y no confiaría en nadie más que en sí misma. Morathi aún no sabía cómo podría obtener el poder que buscaba, pero el comienzo de una respuesta llegó en forma de Malerion. Su hijo llegó alegando que finalmente habían encontrado las almas perdidas del Mundo que fue, y que necesitaban la ayuda de Morathi para salvarlas.

Sobre almas e imperios[]

Morathi buscó seguidores y poder, y a través de sus propias obras encontró ambos. Incluso cuando las civilizaciones de los Reinos Mortales fueron amenazadas al final de la Era de los mitos por la llegada del Caos, ella estaba creando una nueva fuerza  dentro de las tierras cubiertas de niebla de Ulgu.

Fue Teclis quien escuchó por primera vez los gritos de las almas atormentadas. Nada podría permanecer oculto por mucho tiempo una vez que enfocara la luz de la razón. Ansiosos por recuperar las esencias de sus parientes perdidos, los dioses aelven Teclis, Tyrion y Malerion crearon un plan para atraer a Slaanesh fuera de su escondite y llevarlo a Uhl-Gysh, el Crepúsculo oculto, un no-lugar o semiplano que existía entre los reinos de Hysh y Ulgu. El motivo por el que los tres dioses Aelven se vieron obligados en su desesperación de acudir a Morathi era que su plan necesitaban equilibrar la magia de la luz y las sombras, además de tener la sospecha de que ella tenía conocimiento oculto sobre Slaanesh.

Al ver su verdadera forma de serpiente, Teclis había supuesto, correctamente, que Morathi había quedado atrapada en Slaanesh en algún momento. Esa información, junto con la historia de cómo ella escapó, sería necesaria ya que los dioses aelven esperaban no solo castigar a Slaanesh por lo que había hecho, sino también extraer las almas tragadas que aún estaban encarceladas dentro del dios.

De mala gana, Morathi, compartió sus horribles recuerdos por primera y única vez. Habló de su sufrimiento y de cómo este había sido la causa de que el Príncipe Oscuro la vomitara de vuelta a la realidad. Armados con ese conocimiento, se hicieron preparaciones arcanas a gran escala, y las energías de los Reinos de Hysh y Ulgu fueron aprovechadas como nunca antes. La historia completa de las batallas místicas que siguieron es larga y desgarradora, pero el resultado final fue este: usándose a sí mismos como cebo, los dioses aelven, Morathi y varios grupos de hechiceros lograron no solo atrapar a Slaanesh, sino también comenzar el lento proceso de extracción de almas de Dios del Caos. El acto monumental no podría haberse realizado sin la ayuda de la hechicería de Morathi y las viles sabidurías obtenidas de su propia experiencia sombría en el vientre del dios.

En poco tiempo, las almas liberadas de los capturados fueron devueltas, regresando a los Reinos Mortales. A cada uno de los dioses aelven se le dio una porción de las almas recién liberadas, y cada una de ellos reformuló y reformó esas energías como mejor le pareció. No eran reencarnaciones de la antigua raza, pues esto ya no era posible, pues habían cambiado su esencia para siempre. En cambio, se crearon nuevas criaturas. En Hysh nacieron seres luminosos y criaturas angelicales de la razón, mientras que los que Malerion llevó a Ulgu se formaron en algo más oscuro, algo majestuoso y terrible al mismo tiempo.

A cambio de su ayuda indispensable, Morathi también había exigido una parte de las almas recuperadas, ya que había prometido moldearlas en nuevas guerreras para Khaine. Creó el Mathcoir, un inmenso caldero de hierro, un lugar para almacenar las nuevas energías de Morathi. Allí, debajo del templo de Hagg Nar, Morathi usó encantamientos, poder de sacrificio, magia de sombra pura y su propia sangre para ayudar a traer a la existencia formas nuevas y adecuadas para estas almas recuperadas. Así nacieron las primeras Melusai y Khinerai. Se convirtieron en las Doncellas de Morathi y la ayudaron en todos sus nuevos esfuerzos. Solo a ellas se les permitió entrar en los salones ocultos de Khruthu. Todo Hagg Nar estaba lleno de sonidos de rituales de sangre para alimentar la expansión del templo.

Donde una vez Morathi había sido ambivalente sobre el culto a Khaine, una nueva luz había caído sobre ella. Ahora se dedicó con furia justa al dios antiguo. De hecho, Morathi afirmó que el dios de la batalla, la crueldad y el asesinato le habia hablado, nombrándola su Alto Oráculo. Ella iba a ser un conducto para Khaine, un líder que hablaría con su voz. Morathi reveló que Khaine había luchado contra los Dioses del Caos y se había roto en fragmentos, pero estaba recuperando el poder gracias a sus adoradores. Las Brujas fueron enviadas a explorar los Reinos Mortales en busca de cualquier signo de los fragmentos de Khaine.

Mientras tanto, en Crepúsculo oculto, un lento pero constante goteo de almas fue sacado de la masa infernal que era el Slaanesh encadenado. No todas los intentos de recrear la raza Aelven funciono. El primer intento de Teclis, el Idoneth, resultó decepcionante, huyó de todo contacto con dioses o mortales y desaparecieron. Varias criaturas monstruosas emergieron de las sombras de Druchiroth y fueron rápidamente tomadas por Malerion. Para Morathi, esos espíritus demasiado débiles o dañados para aceptar la reconstitución total estaban destinados a convertirse en leathanam, una palabra que en la vieja lengua de los Aelves significa "media alma". Poco más que esclavos, estas carcasas formaron una clase trabajadora masculina que sirve a los cultos Khainitas.

A pesar de estas aberraciones, la recuperación de almas de Slaanesh anunció una nueva era para todos los miembros de la raza aelven, y las Hijas de Khaine en particular florecieron. En unas pocas generaciones ya no eran un culto en extinción, y seguían creciendo. Hagg Nar fue construido desde una fortaleza del templo hasta una ciudad llena de santuarios y luego una ciudad-estado, una nación Khainita escondida dentro de los campos de niebla. Incluso con este crecimiento pronto estuvo abarrotada. Nuevos problemas acosaron a Morathi, ya que siempre había sido parte de la adoración a Khaine que el débil debía inclinarse ante el fuerte o morir. Los machos de aelven estaban lo suficientemente intimidados, de hecho, fueron creados de esa manera, pero las rivalidades entre las posibles Hag Queens estallaron mientras luchaban por la supremacía dentro de la jerarquía de las Witch Aelf. La máxima de supervivencia del más apto estaba bien hasta cierto punto, pero Morathi no deseaba ver a sus crecientes ejércitos desgarrarse. Su remedio fue declarar más búsquedas por los fragmentos, y luego envió enclaves para establecer nuevas colonias y templos enteros. Tal era la palabra de Khaine, y así se le ordenó. El comienzo estas nuevas sectas cada Hag Queen se consagraron en algún aspecto de la adoración de Khaine, como el combate individual, el asesinato o la matanza sin control. La mayoría construyó sus propios templos, pero algunos se embarcaron en una peregrinación eterna en honor de Khaine. Todos se inclinaron ante el Alto Oráculo, porque Morathi habló con una voz de hierro, y para todas las Hijas de Khaine, las palabras de Morathi seguían siendo leyes, incluso cuando cada facción comenzó a forjar sus propios rituales e identidad. Algunos, como el Grydd Var o los Redblades, fueron demasiado lejos y fueron casi destruidos en lo que se conoció como “La contienda de la sangre (Blood Strife)”.

Aunque las Hijas de Khaine estaban creciendo en poder, no todo estaba bien en los Reinos Mortales. Mientras que los dioses aelven concentraron sus energías en su elaborada trampa y en la recuperación de sus parientes perdidos, el Panteón de Orden de Sigmar se fracturó y las guerras se intensificaron en todos los reinos a medida que las fuerzas del Caos invadieron cientos de frentes diferentes. Así comenzó el colapso de la Era del Mito y comenzó la Era del Caos.

La era del Caos[]

Las Hijas de Khaine no buscan asegurar riqueza y aliados, porque ese no es el camino de su dios. Para ellas, la guerra es el mejor tributo que se puede presentar ante los altares de su sangrienta deidad. Con el alzamiento del Caos en los Reinos Mortales, fue una ofrenda que pudieron hacer con mayor frecuencia.

Cuando el Caos entró en los Reinos Mortales, las Hijas de Khaine salieron de Hagg Nar para emboscarlos, usando magia de cambio de sombras para llegar a los Portales del Reino desde donde podían viajar a cualquier lugar donde las fuerzas del Orden las necesitaran. Aunque la presencia de Morathi y sus seguidores traia desconfianza, su ayuda en batallas de todos los reinos se granjeó un puñado de aliados. El resto de dioses de los aelves, como Malerion, Tyrion o Teclis, enviaron pocas fuerzas, si es que las hubo, para ayudar a los asediados Sigmaritas mientras luchaban por detener las mareas de legiones de demonios y enemigos corruptos que los acosaban.

Las Hijas de Khaine fueron audaces e intrépidas en la batalla, dispuestas a cruzar sus armas con cualquier enemigo, sin importar cuán numerosas o monstruosas fueran sus fuerzas. A pesar de la heroicidad de las fuerzas Khainitas en muchas batallas, las fuerzas del Orden estaban en retirada, con todos y cada uno de los reinos derrumbándose. Cuando Sigmar y Nagash rompieron su alianza, la victoria del Caos estaba casi completa. Después de la Batalla de los Cielos Ardientes, cada facción del Orden tuvo que valerse por sí misma, y ​​Sigmar se retiró a el reino celestial, cerrando las Puertas de Azyr detrás de él. Tal acontecimiento marcaría el comienzo de la Era del Caos.

A medida que las invasiones del Caos emprendieron su tarea de destruir y esclavizar civilizaciones enteras, fueron las Tierras Sombrías de Ulgu las que, quizás, se mantuvieron más al margen. Khorne, Nurgle y Tzeentch dedicaron la mayor parte de sus fuerzas a reinos diferentes, y los secuaces que fueron enviados a Ulgu no estaban bajo el mando de ninguno de los comandantes demoníacos de renombre. Durante muchos años, las brumas de las Tierras Sombrías fueron suficientes para evitar que la mayoría de las invasiones causarán un gran daño. Poco a poco, sin embargo, los ejércitos invasores del Caos se hicieron más grandes y más poderosos, y sus asaltos apuñalaron cada vez más profundamente a Ulgu.

Algunos ataques fueron realizados por segadores rojos de Khorne o cónclaves de buscadores de magia de Tzeentch. Sin embargo, la mayoría de los invasores más mortales eran los ejércitos en búsqueda del Príncipe Oscuro, que se sentían atraídos por Ulgu siguiendo senderos que solo ellos podían oler. Buscaron a su dios ausente y pudieron sentir algo de su presencia llamándolos como el canto de una sirena.

El proceso de extracción de almas en Crepúsculo oculto fue lento, pero los hechizos estaban en su lugar para garantizar que el encarcelamiento de Slaanesh permaneciera oculto e imposible de detectar. Sin embargo, un factor nefasto también estaba en juego. Sin el conocimiento de sus antiguos aliados, Morathi había agregado su propia magia de engaño a esa tarea, de modo que la división de las almas se sesgó ligeramente fuera de las proporciones acordadas, con un exceso de espíritus desviados hacia Hagg Nar. Este subterfugio fue sutil, pero lentamente, inevitablemente, alteró el equilibrio sobrenatural que mantenía al Príncipe Oscuro perfectamente suspendido entre Hysh y Ulgu, atrapado entre los reinos de luz y sombra.

A medida que el dios atrapado se inclinaba más cerca de Ulgu, los sirvientes más fieles de Slaanesh comenzaron a percibir un olor familiar y muy anhelado en los vientos. Más y más ejércitos que buscaban penetraron las Tierras Sombrías, buscando a su dios perdido. Entonces comenzó lo que los mismos Ulgu llamaron Cathtrar Dhule: la Guerra de las Sombras.

Para las principales batallas de la Guerra de las Sombras, Morathi lideró a las Hijas de Khaine desde el principio. Fue ella quien derribó al Guardián de los Secretos, Glittus y su Legión del Exceso, y a Krulla Sha'vhr y su Flayerhost. Sin embargo, la batalla no fue su único recurso, ya que contra los seis imbatibles guerreros de Bevaxx el saqueador, el aquelarre de Medusae de Morathi convocó una trampa laberíntica, este laberinto de sombras todavía cubre parte del Velo Umbral, una nube oscura en la que aquellas hordas probablemente vagan aún.

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Morathi, Alto Oraculo de Khaine, es la fundadora del culto al viejo dios de los Aelves

Sin embargo, las Hijas de Khaine no ganaron todas las batallas, ya que los ejércitos más grandes y poderosos terminaron por invadirlas. Morathi llamó a la primera de el primero de los Aquelarres Caillich, la reunión de fuerzas de todas las sectas, para evitar la derrota de Luxcious the Keeper, pero no hasta después de que el demonio exaltado destruyera el Templo de Druchxar. Luxcious bien pudo haber continuado su búsqueda de Ulgu si Sigmar no hubiera comenzado su guerra para reclamar los Reinos Mortales, atrayendo a muchas fuerzas del Caos. El Cathtrar Dhule hizo una pausa, antes de una nueva erupción en la Guerra de los Senderos de las Sombras.

Enlaces Externos[]

Referencias[]

  1. 1,0 1,1 1,2 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2018 - Danzando en las Sombras | Pag 6-7
  2. 2,0 2,1 2,2 2,3 2,4 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2021 - Danzando en las Sombras | Pag 8-9
  3. 3,0 3,1 3,2 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2021 - Danzando en las Sombras - El Poder de las Almas Aélficas | Pag 9
  4. 4,0 4,1 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2018 - Sobre Almas Aélficas e Imperios | Pag 8-9
  5. 5,0 5,1 5,2 5,3 5,4 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2021 - Ulgu Asegurado | Pag 10-11
  6. 6,0 6,1 6,2 6,3 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2021 - Como Fluye la Sangre | Pag 16-17
  7. Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2021 - Como Fluye la Sangre - El Poder que Rivaliza con Hagg Nar | Pag 16
  8. 8,0 8,1 Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2018 - La Era del Caos | Pag 10-11
  9. Tomo de Batalla: Hijas de Khaine 2018 - La Sangre Debe Fluir | Pag 12-13
  10. Warhammer Age of Sigmar: Libro Básico (3era Edición) - Hijas de Khaine | Pag 158
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