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Cuando un espíritu es corrompido por las negras energías de la no muerte, pasa de ser el reflejo espectral de su yo mortal a convertirse en un Nighthaunt (Acechante Nocturno en castellano). Extremidades garrudas, esqueléticas, emergen de la ajada mortaja mientras que las facciones pasan a ser las de un cráneo espantoso, a menudo desdentado o de colmillos amarillentos.

Descripción Editar

Una nueva e indomable malevolencia ha despertado a un terror antiguo. Las fuerzas fantasmales ya no se contentan con seguir cazando en los márgenes de la civilización y se ha reunido formando ejércitos espectrales, con la intención de destruir por completo la vida misma.

Un viento siniestro se está alzando. De los más oscuros pozos de Shyish, el Reino de la Muerte, llega una tormenta de figuras etéreas. Una bruma fantasmagórica se extiende ante ellos, tapando el sol. Se reúnen en campos de batalla plagados de cadáveres o en antiguos cementerios, un enorme ejército de fantasmas. Son los sobrenaturales, los muertos, los condenados: los Nighthaunts.

Alimentados por un inexplicable odio hacia los vivos, estos espectros luchan para enviar más y más almas gritando a los oscuros reinos de los que han emergido ellos mismos, deleitándose con un placer cruel al pensar en los tormentos que esperan a sus víctimas en ese inframundo.

Los Nighthaunts son los horrores que acechan en la periferia y cazan al otro lado de los márgenes de la vida. Esperan con la paciencia propia de seres eternos, pero su hambre los llena de necesidades insaciables que les impelen a cazar, dañar, destruir la vida, pues eso es lo único que les queda. Adoptan muchas formas, pero todos están destinados a vagar por los Reinos Mortales, y a arrastrar a los vivos a ese mismo destino.

Los Nighthaunts no sólo han perdido sus vidas, sino también sus cuerpos mortales. Mientras que su carne se pudre, su espíritu vive, adoptando un nuevo aspecto fantasmal. Fuera cual fuese el descanso o la paz eterna que les fue prometida a estas almas, ha resultado no ser otra cosa que mentiras. En lugar de eso, los Nighthaunts sufren una eternidad de condenación, que les hace perder cualquier sombra de compasión que tuviesen en vida. Todo sentimiento positivo se ve erradicado, dejando únicamente lo negativo. Lo que queda de su espíritu es amargura y odio, y todo eso se canaliza a través de la nigromancia, a menudo de algún modo cruelmente irónico relacionado o bien con sus muertes o bien con las hazañas que cumplieron en vida. Por siempre jamás recorrerán los Reinos Mortales buscando y castigando a aquellos que se atreven a seguir vivos.

Brillando con una luz ominosa, los Nighthaunts son una visión espeluznante. Parecen nebulosos e insustanciales, capaces de flotar en el aire o atravesar obstáculos sólidos. Un Nighthaunt puede cruzar un muro sin detenerse, del mismo modo que un humano cruzaría una zona cubierta de niebla ligera. A menos que se vean guiadas por una fe suprema, las espadas y flechas atravesarán las formas incorpóreas de un Nighthaunt sin causarle el menor daño.

Sólo aquellos que pueden blindar sus mentes y librarse de sus miedos más profundos pueden hacer frente a tales horrores sobrenaturales. Hace falta una valentía y una fuerza de voluntad descomunales para lograr que un arma atraviese a un fantasma. A cambio, los gélidos filos de los Nighthaunts se cobran un diezmo letal en los vivos. Manos esqueléticas se extienden, ignorando por igual las armaduras, la carne y los huesos para atrapar el corazón de sus enemigos. El miedo y la confusión que emanan de estas criaturas impías priva a los enemigos de toda su fuerza física y mina por completo su moral.

Pese a ser virtualmente inmunes al daño físico, los Nighthaunts cargan con su propio infierno. Algunos están malditos por las circunstancias de su muerte. Por ejemplo, aquellos que fallecieron cargados de cadenas esperando que en el más allá pudiesen escapar de su cautiverio, se han visto en lugar de eso más aprisionados. Otros han tenido que sufrir que sus actos en vida se vuelvan contra ellos: Un mortal que se dedicaba a curar y mirar por el bienestar de los demás, descubrirá que, como espíritu, no hace más que destruir todo lo que toca. Estas siniestras maldiciones llenan de ira y odio a los Nighthaunts.

Quien perpetra estos tormentos eternos no es otro que Nagash, el dios de los inframundos, el Gran Nigromante, el Señor Supremo de los No Muertos, autoproclamado regente de Shyish. Para él, las irónicas maldiciones que reparte no son otra cosa que justicia poética. Su naturaleza vengativa, su desprecio y su ego monstruoso han creado el más terrible de los espíritus, los fantasmas y los espectros.

Un único Nighthaunt podría aterrorizar a una aldea, y un par de ellos actuando juntos podrían dejar a todo un reino temblando de miedo. Cuando se reúnen en masa bajo el estandarte de un gran espíritu no muerto, dicho ejército puede destruir a un imperio y convertirse en la materia de la que están hechas las leyendas.

Las procesiones etéreas Editar

Nighthaunt
Los espíritus esclavizados por Nagash son incontables, puesto que él reclama el poder sobre todas las cosas que abadonan la mortalidad para pasarse a Shyish . Al contrario que los cadáveres putrefactos y los esqueletos que el Gran Nigromante levanta en los Reinos Mortales , los espíritus que se ha procurado poseen una malvada alma propia.

Igual que Sigmar toma las almas más fuertes y nobles para reforjarlas en Eternos de la Tormenta , Nagash convierte a los muertos más poderosos de Shyish en líderes de sus ejércitos espectrales, dotándolos de cierto grado de conciencia e independencia, al tiempo que se asegura que, en última instancia, son marionetas que actúan según su voluntad. Al mando de estos monarcas de los muertos, los Acechantes Nocturnos menores se reúnen en ejércitos tan numerosos que a distancia semejan una neblina asfixiante que se extiende por el terreno. Solo cuando se acercan se hace patente que se trata de un ejército de espíritus, almas malditas todas, inmersas en sus propias pesadillas; llenas de una insaciable necesidad de causar a los vivos una muerte temprana y compartir con ellos el sufrimiento del reino de Nagash.

Los ejércitos de Nighthaunts son conocidos como ‘’procesiones’’. El miedo se extiende a su paso como una niebla tangible y natural que brota del suelo. El aire se vuelve gélido y entonces, salidos de la nada, cabalgando en el viento, arrasando la tierra como una marea fantasmal aparecen.

Parte de la hueste espectral va a lomos de monturas fantasmagóricas cuyas pezuñas no tocan la tierra, pero deja pisadas de fuego helado en el aire. Horribles y retorcidas formas avanzan en masa, con aparente torpeza pero en realidad a velocidad de vértigo. Fila tras filas de translúcidos guerreros encorvados y armados con grandes espadones, aparecidos que gimen y arrastran pesadas cadenas encapuchados de ropajes raídos que se apoyan en el asta de terroríficas guadañas… Mientas, al fondo se oyen los aullidos y alaridos de bestias indeterminadas que llenan la penumbra.

Muchos enemigos huyen nada más ver una procesión de Nighthaunts. Otros aguantan la posición durante un tiempo, pero no tardan en empezar a sentirse traicionados por sus sentidos atenazados por el miedo, viendo formas sinuosas moverse entre la niebla. Presa del pánico, empiezan a golpear en todas las direcciones, y no van muy desencaminados, pues desde la niebla aparecen garras amenazantes y se materializan espíritus desde los rincones más inesperados, atravesando árboles o cruzando fosos. La masacre causada por los Nighthaunts no es un mero asalto físico, sino también psicológico, y sólo los más valientes se atreven a hacerle frente.

Sobre la naturaleza del Acechante Nocturno Editar

Los espantosos espíritus que pueblan los Reinos Mortales no poseen forma corpórea propiamente dicha. Eso se debe a que su cuerpo físico se convirtió en polvo hace tiempo, o que una maldición o hechizo lo erradicaron por completo.

Algunos Acechantes Nocturnos son espíritus arrancados de su cuerpo mortal por obra de la magia negra, otros son esclavos ligados a su amo por toda la eternidad, y los hay cuyos cuerpos fueron destruidos de un modo tan horrible que sólo su espíritu quedó atrás. Pero hay más almas que abandonaron de buen grado el cuerpo en pos de viaje astral e iluminación espiritual, para verse atrapadas por las fuerzas de la nigromancia, convertidas en odiosos seres no muertos.

Aunque los espíritus de quienes vivieron en tiempos pueden acceder a los dominios de Nagash por medio de un centenar de destinos distintos, todos son corrompidos, formados y rehechos para servir mejor a su malvada voluntad.

En el caso de los Acechantes Nocturnos, la forma que se da a estos espíritus está directamente relacionada con la manera en que fallecieron. Visto a través de la lente oscura del retorcido sentido de la justicia del Gran Nigromante , reciben el destino que merecen: en su vida anterior, la mayoría fueron criminales, asesinos o traidores. Tan poco hay que entretenga a un alma tan dada a la maldad como la de Nagash , que se siente algo realizado cuando atina un castigo para estas almas que tomaron la muerte por escapatoria a sus tormentos.

Los Acechantes Nocturnos se parecen a lo que definió su muerte. Un alma criminal que la halló en el cepo, humillada y hambrienta como castigo por algo prohibido, sufrirá el lastre del mismo cepo, que la encorvará de por muerte. La de un envenenador podría padecer una sed insaciable que, al aliviarla, podría devorarle las entrañas como ácido. Quienes fueron ajusticiados tras un frustrado golpe de estado son obligados a atender las necesidades de babeantes monarcas Caminantes de la Muerte , siempre la corona al alcance de sus manos, pero sin rozarla. Los de sangre real que cometieron regicidio cargan con las inconveniencias propias de un rey, pero son invisibles para todos quienes los rodean por toda la eternidad. Con recompensas tan mórbidas logra el Gran Nigromante que en sus ejércitos de espectros abunden la frustración, la ira y el odio, las mismas emociones que hacen de quienes los componen adversario formidables en tiempos de guerra.

Todos los Acechantes Nocturnos se vuelven enemigos mortíferos cuando la amenaza flotante emprende un ataque sin reservas. Estos seres etéreos pueden atravesar los muros de un castillo para alcanzar a los mortales acobardados que se ocultan al otro lado, dejando un halo de escarcha a su paso. Pero no son del todo incorpóreos. El poder de su odio y su desesperación les permite atacar la realidad física con garras, dientes y armamento espectral.

Algunos Acechantes Nocturnos pueden hundir sus huesudas manos en la armadura, la carne y el hueso para penetrar el pecho de sus víctimas y aferrar el corazón con sus garras gélidas. Incluso un Encadenado Chirriante recién invocado de la tumba puede hundir las garras frías en la carne de su víctima, despedazándola, y en las noches más oscuras estos seres malvados lo hacen siendo totalmente invisibles. El espectro más antiguo y maligno, por otro lado, posee un poder natural y perturbador. Hay en su cuerpo esquelético y postura encorvada una fuerza terrible, y son capaces de cortar en dos a su presa de un solo golpe de guadaña, y a otros les basta con tocar una vez para matar.

Odio a la Vida Editar

Los espíritus Nighthaunt son muchos y diversos, pero todos tienen una cosa en común, el odio a los vivos. Algunos, como los Cairn Wraiths, fueron tan malvados en vida como los son en la muerte, todos menos sus rasgos más viles se han erosionado, su odio todavía se aferra a ellos y los impulsa a seguir adelante. Otros, como los Glaivewraith Stalkers y Chainrasp, están resentidos por la maldición de su vida futura, porque ahora están ligados a una eternidad de tormento y sus celos por los vivos no tienen límites. Son incitados a destruir todo lo que aún respira, algunos incluso están equivocadamente convencidos de que hacerlo les proporcionará un respiro. Sin embargo, esta no es la naturaleza de Nagash. Para algunos espíritus, como los Dreadscythe Harridans, el odio es parte integral de su maldición, ya que no pueden controlarse y deben observar impotentes los horrores que están obligados a cometer

La venganza de Nagash Editar

Mientras la Era de Sigmar empieza a devolver la civilización a las tierras abandonadas por hombres cuerdos, Nagash ha desatado a sus huestes de Acechantes Nocturnos en los Reinos Mortales en cantidades mucho mayores que anteriormente. El necrosismo shyshiano supuso que los fantasmas torturados de innumerables criminales y gente maldita se levantaran de tumbas y fosas comunes. Se reúnen en grupos de jinetes que montan huracanes de la energía mágica que se alza desde Shyish , para abatirse sobre las ciudades de los vivos para sembrar el temor y la destrucción. Su deber no consiste solo en matar al tiempo que empujan más y más almas hacia Shyish , sino en recuperar aquello que le ha sido robado a Nagash .

Entre las filas de las huestes de Acechantes Nocturnos hay comandantes de los muertos, quienes encabezan una muchedumbre espectral como un general que lidera a sus tropas y, mientras sus campañas de maldad rinden sus frutos, buscan a quienes están marcados para recibir la venganza de Nagash . Los acompañan fantasmagóricos ejecutores, hambrientas las hachas por decapitar a quienes deberían llevar tiempo muertos, prestas las sogas para cerrarse en torno al cuello de quien los desafíe. Pero quizá son los seres carceleros que flotan desde Shyish a na orden de Nagash los más tmeidos de todos. Con los grilletes son capaces de apresar a un espíritu cuando abandona su cuerpo mortal, devolviendo esa esencia a Nagashizzar para ser hecha de nuevo de un modo más agradable a ojos del Gran Nigromante … y las almas celestiales de los Eternos de la Tormenta no son inmunes a ese trágico final.

La amenaza crece Editar

Antaño, los Nighthaunts eran un mito, una fábula. Se contaban cuentos acerca de casos específicos de encantamiento, como el del sanguinario barón que vagaba por las ruinas del Castillo Fornorn, o eventos tan escalofriantes como el retorno de las Hermanas Chillonas, que reaparecieron para masacrar la villa donde las habían quemado por brujas. Cada región de los Reinos Mortales tiene sus propias historias sobre lugares poblados por fantasmas. A veces podía verse a los Nighthaunts al servicio de un nigromante o vampiro, pero era mucho más frecuente que asolasen las tierras de los vivos llevados por su propia maldad. No obstante, todo eso fue antes de que los cataclísmicos eventos de Shyish abriesen una pesadilla. Los Nighthaunts se expandieron por los Reinos Mortales en número abrumador, llevando el espanto a los corazones de todos los seres vivos. Viendo lo efectivos que eran estos ataques súbitos, Nagash organizó una nueva ala de sus legiones. Los Nighthaunts serían la primera oleada de sus largamente planificadas Guerras del Alma. Para comandar esta nueva vanguardia de horror, Nagash eligió una nueva líder: Lady Olynder, Mortach of Grief.

Con asombro, los guardias de la Torre Grifo vieron a uno de los suyos aparecer tambaleándose desde el bosque. Abrieron la verja levadiza y salieron corriendo para ayudar al guerrero herido, quien por su armadura y heráldica era parte de la comitiva de cazadores de vanguardia que patrullaban el norte. Su coraza estaba, pero había perdido el yelmo y su cara explicaba una historia de dolor y miedo. Al principio el Stormcast pareció no reconocer a aquellos compañeros que trataban de mantenerlo en pie, y trató de apartarlos. Entonces, de pronto, sus ojos se abrieron de par en par y empezó a intentar decir algo. Pero pasaban los minutos y las palabras no salían de su boca.
‘’¡Vienen hacia aquí!’’ musitó por fin, la cara descompuesta por el horror. Una vez transmitido ese único mensaje, se desvaneció. Su cuerpo se convirtió en un haz de luz azul que ascendió a los cielos sin dejar ni rastro tras de sí.
‘’¡Jamás había visto a un enemigo causar tal terror a uno de los nuestros!’’ exclamó Metallus. ‘’¿De qué debe tratarse?’’ La pregunta quedó en el aire sin respuesta. Como un solo hombre, los Liberators volvieron al puesto de guardia lanzando miradas furtivas al bosque negro.
‘’Sea lo que sea, vienen hacia aquí’’, dijo el Liberator-Prime Augustus, ‘’Pero tranquilos, no podrá superar los muros de nuestra torre’’. El portón encantado se cerró tras ellos mientras un gélido viento parecía soltar gemidos de protesta. Con una rapidez inverosímil apareció una espesa niebla verdosa, que parecía ocultar formas amenazadoras. Un cuerno de Azyr sonó, y de la cima de la torre llegaron los ruidos secos de las balletas abriendo fuego.
Mientras los Liberators intentaban aún desentrañar qué había en la bruma, el enemigo cayó sobre ellos. Cargando a través de los muros aparecieron espectros armados con destellantes guadañas. Aquellas sonrientes apariciones esqueléticas, encapuchadas y bañadas en fuego infernal fueron lo último que los Stormcast Eternals vieron antes de ser abatidos y volver con Sigmar para que los reforjara de nuevo. Al poco rato, ya no quedaban defensores entre los Nighthaunts y la aldea más allá de los muros de la torre.

Los Reinos Mortales siempre han sido acechados por los espíritus de los muertos, pero ahora están inundados con criaturas Nighthaunt como nunca antes. Este es el resultado involuntario de una trama que ha estado en marcha desde que los reinos eran jóvenes. Así nace una nueva era de terror.

En todos los reinos siempre ha habido fantasmas, los arañazos en la ventana cerrada, la apertura chirriante de puertas cerradas, la misteriosa luz que atrae desde la ciénaga. Estos fenómenos son causados por fantasmas menores, las sombras de los espíritus y la dañina voluntad residual de los mortales que han pasado al más allá. Sin embargo, hay otros espíritus mucho más poderosos del más allá.

Aquellas entidades conocidas como Nighthaunts son no muertos que poseen un mayor ánimo e influencia que problemáticos potergheists o apariciones de duelo. Los Nighthaunts regresan de la muerte no para hostigar, lamentar o conmemorar, sino para descargar su ira, matar a todos los vivos y enviar sus almas gritando a los mismos tormentos eternos a los que ellos mismos están sujetos.

A lo largo de las eras, algunos Nighthaunts se han convertido en criaturas de terror y leyenda, y los vivos cuentan muchas historias sobre sus apariciones. Algunas de estas criaturas, como Cairn Wraiths a Tomb Banshees, de vez en cuando serían descubiertas por los Nigromantes y los vampiros Soulblight. Estos poderosos muertos vivientes consiguieron la servidumbre de tales Nighthaunts, aprovechando y dirigiendo las destructivas inclinaciones de los espectros para sus propios fines.

En raras ocasiones, como los profanos aniversarios de grandes cataclismos o los intensos influjos de la magia amatista, surgieron anfitriones completos de Nighthaunts. Se sabía que pueblos enteros habían desaparecido ante la ira de estos ejércitos etéreos, pero afortunadamente estas erupciones sobrenaturales eran pocas y distantes. Al menos, ese fue el caso antes del necroseísmo de Shyish.

Reino del Terror Editar

Una cantidad incontable de espíritus se vieron revigorizados durante el necroseísmo, y se entregaron a causar la muerte y la destrucción en una oleada de magia amatista. Las réplicas de energía subsiguientes generaron más brechas de destrucción fantasmal. Los ejércitos espectrales se separaban anárquicamente en fuerzas de menor tamaño a fin de aterrorizar al mayor número posible de mortales antes de acabar desbandándose y volviendo a lugares en los que hubiera un depósito rico en magia de la muerte.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que los espectros oyeran una llamada que no podían resistir. No era la voz de Nagash ni de sus lugartenientes, sino una voz nueva. Era un lamento impío, que antaño había sido un llanto sentido que se lamentaba por la vida a medias llena de horrores que lleva un espectro, pero que también encerraba una promesa de venganza contra los vivos.

Con todos los reinos aún cubiertos de magia amatista, los muertos volvieron a agitarse, si bien en esa ocasión no fue para atacar sino para volver a Shyish.

En Nagashizzar, fue Lady Olynder quien invocó a los Nighthaunts. Dividió a la masa ingente de no muertos en varios ejérctios y nombró a subcomandantes, asignando a un Knight of Shrouds el liderazgo de cada hueste espectral. Todo esto se llevó a cabo de un modo morbosamente ceremonia, con diversas procesiones fantasmales. Cuando la siguiente oleada de réplicas emanaron del Nadir de Shyish, Lady Olynder lanzó al ataque a sus recién creadas fuerzas.

Como el aullido de un viento enfermizo, las huestes espectrales avanzaron en un centenar de frentes. Golpearían en primer lugar en Shyish, y después se moverían a través de los Portales del Reino para extender el terror más allá. El viejo imperio de Lyria fue el primero en sentir la ira de las nuevas procesiones de Nighthaunts de Lady Olynder. Incansables, se movían de su blanco al siguiente.

Con una súbita y terrible rapidez atacaron los Nighthaunts. En muchos lugares el horizonte se volvió de un verde azulado, un espectáculo ominoso causado por la oleada creciente de espectros vengadores, Por todas partes descendían de los cielos nocturnos, surgían de las brumas en el suelo, o cruzaban los muros de protección.

En Lyria, en las llanuras de Narth, se encontraban los ejércitos de Thur, Señor de la guerra del Caos. Bajo su puño de hierro muchos inframundos habían sido saqueados, e incontables almas se habían visto capturadas a mayor gloria de los Dioses Oscuros. Ahora, sus fuerzas se encontraban en las llanuras, a sólo una semana de marcha de la ciudad tumularia de Forjaglymm.

En una pauta de ataque que se repetiría en docenas de lugares de Lyria y en centenares más por todo Shyish, tres procesiones Nighthaunt causaron un baño de sangre.

Sobrepasando todos los perímetros defensivos, los Nighthaunts emergieron desde el suelo. La sorpresa fue total, y en unos instantes el enemigo había entrado en pánico. Se desataron un millar de melés entre las fogatas, con las hordas de espectros cargados de cadenas arrollando a los Dragon Ogors. La furia de los Gorechosen chocó también contra la de los no muertos, y en este caso ninguno de ambos bandos cedió una pulgada en su ansia por aniquilar al rival.

Tan devastador fue el asalto de los Nighthaunts que la batalla acabó en pocos instantes. No obstante, las huestes espectrales no tomaron el campo de batalla. En lugar de eso, desaparecieron, ya en ruta para enfrentarse a su siguiente blanco.

Los enemigos que se atrevieron a hacer frente a los ataques relámpago liderados por la Mortach of Grief se vieron inmersos en una campaña que se movía a una velocidad difícil de seguir. Sus enemigos eran ejércitos que no necesitaban comida ni descanso y que no dejaban rastro a su paso, lo cual obligaba a especular dónde podrían volver a aparecer.

Las procesiones de Nighthaunts sacaban todo el partido posible a su naturaleza etérea. Ejércitos enteros brotaban del suelo para atacar sin previo aviso, y volvían a desaparecer igual de rápido. En las pocas ocasiones en las que sus asaltos no salían como estaba planeado, sus ejércitos simplemente se esfumaban de vuelta a la tierra o se disipaban en la bruma desapareciendo por completo.

Los blancos de los Nighthaunts estaban derrengados de tener que perseguir y enfrentarse a fantasmas que no sufrían las mismas limitaciones que ellos. Pero aún peor era el desgaste psicológico. Incluso los más valientes temblaban como hojas al ver a una Tomb Banshee o la súbita aparición de un grupo de espectros; y eso no era todo…

Llegado cierto momento, una desoladora sensación de miedo extremo se apoderaba del campo de batalla. Era el efecto que generaba la llegada de Lady Olynder, que se extendía como el viento el torno al ojo de un huracán. Los comandantes enemigos intentaban mantener cohesionadas a sus tropas, pero descubrían que incluso sus guerreros más veteranos se movían con mayor lentitud, como si les aplastara el peso opresivo de su propia desesperanza.

Los no muertos lograron muchas victorias: En el asedio de Morlaix, la propia Lady Olynder aniquiló al Lord-Celestant al mando de los Stormcast; en la Tercera Batalla de Barranco del Traidor, una procesión al mando del Barón Morbosi aseguró el Portal Calcificado, y en las Montañas Mausoleo los Nighthaunts reclamaron su antiguo inframundo echando de allí a los sigmaritas. No obstante, no todas las batallas fueron triunfos.

En Forjaglymm, los Anvils og Heldenhammer mantuvieron a raya a los Nighthaunts el tiempo suficiente como para permitir que alguna de las más odiadas Stormhosts escapase de la venganza del Gran Nigromante. La batalla final para reclamar toda Lyria se libró en Ghrun. Allí, Lord Thur invocó al Bloodthirster Khazhkan, líder de la Legión de Fuego de Hel.

Las fuerzas del Caos rompieron las líneas de la Grimguard de Lady Olynder y casi consiguieron destruir al Mortach. Sólo la llegada de Arkhan the Black y del propio Nagash lograron cambiar el curso de la batalla y derrotar al enemigo.

Aunque complacido con las conquistas de Lady Olynder, la consideraba demasiado obstinada. Para ponerla en vereda, Nagash orquestó otras de sus crueles ironías. Ella, que había utilizado los compromisos matrimoniales únicamente para ascender escalones de poder, fue obligada a casarse con un aspirante a rey igual de ambicioso. Nagash vio en el indomable espíritu de Kurdoss Valentian un pretendiente adecuado, pues su fuerza bruta y capacidad táctica complementaban el poder sobrenatural de Olynder. Kurdoss siempre había ansiado gobernar, era una obsesión que lo consumía, pero en realidad jamás lograría la soberanía absoluta, pues tanto él como Olynder estarían en realidad sirviendo a Nagash, ayudándolo a consolidar su Era de los No muertos. Habían dado comienzo las denominadas Guerras del Alma.

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La Hueste Esmeralda

Fuente Editar

  • Batalla por Forjaglymm. Suplemento de Age of Sigmar (Segunda edición)
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