Sigmaroteca
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De todos los dioses del Caos, ninguno saca mayor provecho del desorden de la civilización como Tzeentch. El Gran Manipulador prospera en las redes de intriga y clandestinidad que se tejen en las grandes ciudades de los reinos, deleitándose en la oportunidad de sembrar las semillas de la corrupción y la herejía en los mismísimos cimientos del nuevo mundo de Sigmar.

Al contrario que las agresivas bandas de fieles de Khorne y los repugnantes escogidos de Nurgle, los cultos tzeenchianos de Hammerhal optaron por consagrarse al anonimato y la discreción. No obstante, sus elaboradas intrigas causan tanta muerte y destrucción como la fuerza bruta de cualquier banda enajenada.

La Orden de la Sangre Argéntea es el más poderoso y numeroso de estos cultos secretos. Desde la fundación de Hammerhal, la orden ha embaucado gradualmente a todos los estratos de la ciudad, desde los regimientos que guardan sus fronteras hasta los puestos más elevados de gobierno. Desde estas posiciones de autoridad, la orden traza planes de complejidad demencial, muchos de los cuales no darán frutos hasta al cabo de muchos años, tal vez siglos.

No hay agente de la Sangre Argéntea que se duerma en los laureles. Los perros guardianes de Sigmar buscan siempre indicios de corrupción. Los Lord Veritants de los Martillos de Sigmar y los Yunques de Heldenhammer han destapado y destruido diversas conspiraciones en los años transcurridos desde la fundación de la ciudad, y bastaría con un error nimio para postrar de rodillas a toda la orden.

Por tanto, no fue fácil para Lord Redomir tentar a los siervos de Tzeentch para sumarse a su gran empresa. El hechicero probó y fracasó durante meses la negociación de las condiciones de una alianza antes de que se concediera audiencia con el Platero, el misterioso líder de la orden. Este encuentro duró varios días. Aparte de ambos participantes, se ignora de qué se habló y qué se prometió, pero Redomir se despidió contando con todo el apoyo de la orden.

El hechicero y sus aliados en Cinderfall proporcionaron a los cultistas tzeentchianos la tapadera perfecta para operar abiertamente en las calles del distrito. Ahora son sus ojos y oídos, capaces de actuar allí donde sus otros agentes, más despiadados, llamarían una atención no deseada.

Fuentes[]

  • Guía de Juego de Warhammer Quest: Shadows over Hammerhal
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