Cuando la batalla se recrudece, los Pisaguerras (Warstomper en inglés) se meten en el fregado. Estas monstruosidades son adictas al estruendo, la sangre y la peste de la guerra, y recorrerán cientos de kilómetros para "meterse al lío". Son tan buenos en la lucha que las bandadas de aves carroñeras los siguen dondequiera que vayan, deseosas del festín de carne que se van a dar con ellos.

Descripción[editar | editar código]

En batalla, los Pisaguerras se basan en el poder puro que les da su tamaño. Saben perfectamente el miedo que pueden provocarles a sus presas al saltar arriba y abajo sobre una cohorte de guerreros de élite o al reducir a polvo los huesos de alguna preciada bestia de guerra, ensañándose en la matanza mientras el enemigo huye aterrorizado.

Los Pisaguerras no tienen guaridas como los Comekrakens, ni van tras una presa específica como los Rompepuertas al destruir ciudades. Ellos tienen una vida nómada  siempre andan atentos a cualquier columna de humo reveladora, o a los gritos de una batalla cercana. Si se encuentran con un ejército antes de la batalla pueden ofrecerle sus servicios, mas a los Pisaguerras les importa poco por quién luchan siempre y cuando luchen en la misma dirección. Se alquilan alegremente a quien ya esté en la senda de la guerra, y tienen un sano respeto por las razas del Caos, ya que su cultura se centra totalmente en la guerra. Algunos entre ellos recibirán su paga por luchar contra un enemigo para después volverse contra su pagador al final de la batalla y comenzar de nuevo la carnicería, regocijándose al ver a sus antiguos aliados llorar y gritar de espanto.

Los Pisaguerras más inteligentes intentarán hacer continuar aquellas guerras que les parezca que pueden acabar en breve. Lucharán deliberadamente por el bando que les parezca que puede perder para así alargar el conflicto, aplastarán a quien levante una bandera blanca o de rendición, o incluso darán caza a los emisarios de paz para que no alcancen su destino y no se logre ningún vínculo de armonía ni comercio. Al final, siempre que puedan disfrutar del día a día de la tensión de la batalla, estarán más o menos contentos.

Los Pisaguerras están bien versados en el sangriento arte de la guerra. Conocen miles de maneras de matar a sus enemigos y derrotar los variados tipos de fuerzas militares que se pueden lanzar contra ellos. Si una disciplinada línea de arqueros oscurece los cielos con flechas, usarán sus enormes mazos para proteger sus torsos y sus carnosas manos para cubrir su cara, sin preocuparse de algún aguijoneo en brazos y piernas. Si una posición de artillería del enemigo se ceba con ellos, agarrarán a cualquier enemigo cercano y lanzarán al pobre desafortunado gritando contra ella en una tosca pero efectiva versión de fuego de contrabatería. Allá donde el enemigo forme un muro de escudos, saltarán arriba y abajo sobre ellos o simplemente los pisotearán y patearán mientras el enemigo trata desesperadamente de reorganizarse.

Las cargas de caballería pueden ser letales para un gargante, pues una lanza bien apuntada a toda velocidad con la potencia de un caballo de guerra puede atravesar su piel, pero un Pisaguerras sabe que golpeando fuerte y rugiendo a las caras de estos enemigos sus corceles pueden entrar en pánico e incluso tirar a sus jinetes. Aquellos que montan poderosos dracos o volcánicos Magmadroths encontrarán la mano del Pisaguerras amarrando la garganta del su bestia de guerra a la vez que la sacude y mantiene sus mandíbulas a distancia mientras el megagargante blande su mazo para descargar el golpe. Algunos Pisaguerras incluso han aprendido a hacerse los muertos o a simular que están más heridos de lo que realmente están, haciendo ver que se caen o hincando la rodilla para que el enemigo se les acerque y entonces volver a erguirse totalmente y descargar toda su rabia contra él.

Muchos Pisaguerras tienen la costumbre de llevar trofeos que sirvan de recordatorio de sus victorias más memorables. Las lanzas y espadas que alguien ha clavado en su piel son arrancadas y guardadas como talismanes para que esas armas no vuelvan a dañarles. Cuando pueden apañar escudos o placas de metal, quizá de bestias del Caos o de máquinas de guerra Ironweld, los usan para hacer rudimentarios guanteletes metálicos con los que apartar las espadas y puntas de lanza de sus presas. Algunos visten restos de ropajes del uniforme enemigo, o colmillos y cuernos que les han arrancado a enemigos especialmente grandes e impresionantes, todo ello para dar una imagen aún más intimidatoria. Tienen dedos como morcillas, y la habilidad y paciencia justas para manufacturar armas toscas pero efectivas, a veces simplemente atando una roca al final de un árbol cortezaférrea o blandiendo el pilar de un templo.

Últimamente los Pisaguerras han encontrado un nuevo enemigo digno de sufrir su agresividad sin fin, los Stormcast Eternals de Azyr. Cuando las columnas de crepitante relámpago aparecen en el horizonte, los Pisaguerras se lanzan a la carrera de cabeza hacia el lugar donde los relucientes adoradores de Sigmar están estableciendo su dominio. Esto normalmente acaba con ellos encontrándose en medio de alguna batalla entre las Huestormentas y los siervos del Caos, de cuyo lado se pondrán, pero no por algún tipo de alianza, sino por tener un enemigo común. Si le golpean lo suficientemente fuerte a un Stormcast Eternal, se desintegrará, volviendo a los cielos en torrente de energía, lo cual les resulta divertido como si fuesen fuegos artificiales, pero no deja nada tras de sí  que desvalijar. Al menos, piensan los Pisaguerras, siempre puedes contar con los Stormcast Eternals para tener una buena pelea.

Armamento[editar | editar código]

A Warstomper Mega-Gargant is armed with a Death Grip, Jump Up and Down and Titanic Boulderclub.

Fuentes[editar | editar código]

  • Destruction Battletome: Sons of Behemat (2.ª Edición).
    • Pág. 28
    • Pág. 29
    • Pág. 77
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