Sigmaroteca
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Los Aspirantes de Slaanesh se consideran a sí mismos dioses, y para aquellos que los ven luchar esa afirmación tiene un poso de verdad. Estos ídolos de carne y hueso pueden descuartizar hasta dracos. Siempre se encuentran en plena refriega, pues se creen inmortales e infalibles, una noción reforzada por su fiel hueste de adoradores.

Hay algo que por encima de todo obsesiona a los señores de la guerra de Slaanesh llamados Aspirantes: ellos mismos. Están tan convencidos de su propia supremacía que creen ser no sólo el máximo ejemplo de su clase, ni siquiera semidioses, sino candidatos a verdaderas deidades. Razonan que, desaparecido Slaanesh, son los legítimos aspirantes a ocupar su puesto en el Panteón del Caos junto a los demás Poderes Ruinosos. Puede decirse literalmente que son pretendientes al trono del Príncipe Oscuro.

Los Aspirantes sobreestiman su propia importancia en el Gran Juego. Si Slaanesh rompiera sus ataduras, es probable que su primera medida fuera engullir a cualquier aspirante a su posición, mortal o demonio. Por otro lado, si alguno de estos señores de la guerra se volviera de algún modo tan poderoso que representase una amenaza genuina para el resto de los Dioses del Caos, probablemente acabaría deshecho. Sólo el propio Slaanesh puede afirmar de manera legitima ser la némesis de los demás Dioses Oscuros. Pero esto no detiene a sus aspirantes a sucesores a la hora de hacer cualquier cosa que esté en su mano para desempeñar el papel, ni impide que sus egos se vuelvan tan enormes que actúen como dioses en todo lo que hacen. Y para los admiradores que siguen sus pasos, bien podrían serlo.

Los Aspirantes son egocéntricos, psicópatas dedicados a la persecución de sus metas. Marchan a la batalla como si desfilaran hacia el altar en una boda real, con los brazos extendidos en gestos de bendición y aceptación. Sus ejércitos aplauden y claman como muestra de aprobación, esperando que su ídolo viviente los bendiga con una simple mirada. Algunos usarán a sus propios seguidores como cebo, como esclavos, como escudos vivientes o simplemente como alimento para impulsar su gloria. Un Aspirante no da importancia a sacrificar a cientos de seguidores, pues siempre habrá más que ocupen su lugar y la brutalidad ha sido siempre competencia de los realmente divinos. Otros saben que su poder está relacionado con la fuerza de los que creen en ellos, y tratarán de dar una muerte rápida y salvaje al líder del ejército enemigo, esperando que al probar su derecho al máximo poder obtendrán una nueva congregación a partir del ejército que una vez se les opuso. Estos señores de la guerra, tras asegurar una victoria así, ofrecen a sus enemigos una sucinta elección: adorarlos como a un dios o ser torturados hasta la muerte en el barro.

Todo Aspirante es seguido por un amplio grupo de partidarios y adoradores que consideran que los delirios de su ídolo son la verdad pura y dura. Estos seguidores viven en un estado de furor constante, pues son capaces de contemplar directamente a su deidad siempre que quieran. Sólo con acercarse a su ídolo en un estado de oración, los afectados Hedonitas sienten cómo la gloria de su patrón resplandece sobre ellos, e incluso a veces son honrados con un roce, un acto que quizá les provoque un éxtasis de satisfacción. Esperando esta bendición, se ofrecen en servidumbre al Aspirante, deshaciéndose en halagos con tanta inventiva como los representantes de los Invasores elaboran sus insultos. Colman al Aspirante de sacrificios rituales, ingeniosos espectáculos y favores de todo tipo, pues la aprobación de un diosecillo es un poderoso estimulante... y contrariarlo es un error letal.

En el campo de batalla, los seguidores de estos ídolos tratan de impresionar a su patrón con actos de violencia, esperando desesperadamente una palabra de aprobación o, aún mejor, luchar junto a su dios viviente. Los espejos de todo tipo son comunes en estos séquitos, oscilando desde artefactos empuñados por Contorted Epitomes a los Mesmerising Mirrors que pueden ser invocados desde los templos de Slaanesh para capturar el alma del enemigo.

Si un Aspirante es asesinado, desde sus filas de seguidores se alza un gran gemido. En su angustia, la multitud hace trizas todo lo que halla a su alrededor, convencidos de que Slaanesh ha muerto de verdad y de que nada tiene ya valor excepto el olvido total y un dulce abandono de la existencia. Se vuelven casi suicidas en su profunda y amarga congoja... hasta que otro Aspirante aparece en el horizonte para exigir su lealtad. El falso dios del ayer se olvida y la nueva encarnación de Slaanesh se convierte en el foco de atención.

Los Aspirantes son tremendamente celosos de su posición y asumen que todos los de su mismo rango buscan derrocarlos debido a la envidia, al amargo rencor. En las pocas ocasiones en las que tales individuos se encuentren, lucharán hasta la muerte, igual que ciertas especies poco comunes de peces o insectos, se atacarán unos a otros nada más verse. Después de todo, sus delirios de divinidad no pueden soportar calumnia alguna. Cuando uno es derribado, también se despacha a sus seguidores. Sólo sobrevivirán aquellos con la sabiduría y la destreza para cambiarse de chaqueta rápidamente y ganarse de alguna manera el favor de su nuevo amo.

Fuentes[]

  • Battetome Hedonites of Slaanesh
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