Sigmaroteca
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Jelsen Darrock No Oficial logo.png Por decreto de la Orden de Azyr, este artículo se considera fuera del Canon Oficial. Se declara carente de toda veracidad y blasfemo, y todo el que lo lea sufrirá purga inmediata. Si usted es el autor, diríjase a las autoridades competentes para someterse a la penitencia pertinente.

Atención: Material No Oficial

Alexander Grey era un humano nacido en Portland, Oregón (o al menos eso dice él. Nadie parece conocer ninguno de esos dos lugares ni su ubicación). Según parece, empezó como un huérfano que se las ingenio para sobrevivir de niño en el ambiente hostil de las calles. No pasó mucho tiempo para que descubriera el mundo de la delincuencia y el trapicheo de sustancias ilegales. Usado como correo de la droga y ratero ocasional, consiguió hacerse un nombre en el mundillo de los bajos fondos. Sin embargo, pese a sus muchos defectos, Alexander tenía un don: una habilidad marcial impropia de alguien sin entrenamiento. Era increíblemente hábil con una navaja o incluso una piedra, capaz de esquivar y contraatacar sin apenas esforzarse. Fue este regalo de nacimiento lo que le animó a abandonar el mundo de la delincuencia y a convertirse en mercenario de alquiler antes de cumplir los 14 años. Alcohólico desde joven, aquellos que se cruzaban con él procuraban apartarse, puesto que no inspiraba ninguna confianza, y su aspecto era deplorable.

Alexander, como todos en la pubertad, sintió la llamada de la sexualidad, y no la desoyó. Más bien se lanzó de lleno a esta. Preocupándose más por dar una imagen mejor de sí mismo, empezó a acicalarse y a arreglarse al tratar con las demás personas (especialmente del sexo contario). El gambito le salió bien, pues no era en absoluto feo o poco atractivo, y encima estaba muy bien dotado. De burdel en burdel, se hizo famoso en el mundo de la prostitución como cliente habitual. Se lo podía permitir, puesto que su trabajo se pagaba muy bien, y además era sabido el final brutal que sufrían aquellos que no pagaban. La vida para él era básicamente hacer un trabajo, cobrar, arreglarse, putas y alcohol, repetir. Su vida de lujos (dentro de los lujos que un mercenario a sueldo puede permitirse) despertaban no pocas envidias, avivadas estas por la costumbre de Alexander de poner motes degradantes y ridículos a los demás. Ocasionalmente algún atentado contra su vida le aderezaba su decadente existencia, pero no duraba mucho la emoción y enseguida el ciclo de degeneración continuaba. Hasta que oyó hablar de Nova Paradisum. 

Un nuevo mundo, lleno de riquezas sin explotar y tesoros sin fin. Sin pensárselo, se unió a una caravana que se dirigía a una Realmgate rumbo allá. Lo que vio al llegar no era lo que se había esperado. Al llegar, una batalla de proporciones que nunca antes había visto entre una City of Sigmar y un ejército de Nurgle le recibió. Un tiro de cañón fortuito voló por los aires su entrada... Y salida del plano. Atrapado en una enorme guerra planar, no podía volver, así que tuvo que sobrevivir en un campo de batalla horrendo. Asentado en una ciudad libre recién fundada, tuvo que adaptarse rápido. Cierto es que el botín prometido existía: los mercenarios estaban a la orden del día, y la paga era inmejorable, pero lo que tenía que hacer para conseguirla no merecía la pena. En el campo de batalla fue testigo de aberraciones que nunca creyó posibles, cosas que te revuelven el alma y el estómago, incluso a alguien tan duro como él. Las mujeres y el alcohol no le satisfacían como antes, y dormía mal por las noches. Aunque eran un comandante muy competente (otro talento oculto que poseía sin saberlo), él sólo quería salir de ahí. Al final, cayó en una defensa desesperada contra una horda de poxwalkers. Ese debería haber sido el final, pero el destino tenía otros planes pensados para él.

En sus momento final, un rayo golpeó a Alexander. Él no podía creérselo: en un instante estaba al borde de la muerte, y en el siguiente se encontraba bien y vivo, rodeado de lo que sólo podía considerarse como rayos, por ridículo que eso pareciera. Pero para más ridiculez todavía, el lugar en el que se hallaba: una sala del trono magnífica, como nunca había visto en su vida, y sentado en el asiento principal una figura regia, que irradiaba autoridad y poder. Por primera vez en muchísimo tiempo, Alexander no pudo articular palabra, ni siquiera un comentario jocoso.

-"ALEXANDER GREY"- pronunció la figura con una voz que sonaba como el trueno-"TE HE ELEGIDO PARA FORMAR PARTE DE MIS HUESTES DE STORMCAST. ESTOS GUERREROS SOBREHUMANOS SON MI MARTILLO CONTRA LAS FUERZAS QUE BUSCAN DESTRUIR EL REINO DE LOS HOMBRES, Y AL MISMO TIEMPO EL ESCUDO QUE LO PROTEGE. SOY CONSCIENTE DE QUE NO ERES LA PERSONA MÁS... VIRTUOSA PARA EL PUESTO, PERO ESTA GUERRA ES COSTOSA Y NO PUEDO PERMITIRME SER QUISQUILLOSO. PERO POR ENCIMA DE TODO, YO VEO GRANDEZA EN TÍ. CON EL ENTRENAMIENTO Y LA GUÍAS ADECUADAS, PUEDES LLEGAR A SER UN GRAN GENERAL, ALGUIEN QUE DÉ ESPERANZAS A ESTAS POBRES GENTES QUE SUFREN. ¡ÚNETE A MÍ, Y CON TU AYUDA EVITEMOS QUE NOVA PARADISUM SE CONVIERTA EN UN NUEVO ERIAL DONDE LOS LACAYOS DE LOS DIOSES OSCUROS CAMPAN A SUS ANCHAS!".

Alexander dijo que sí, claro está. Incluso él sabe cuándo no hay lugar para bromas.

Nuestro protagonista de Portland fue puesto al mando de una hueste de guerreros como él, asesorado (y vigilado) por otros Stormcast recién creados, pero grandes guerreros y generales en vida. Por supuesto, las mieles del poder hicieron que Alexander perdiera rápidamente el miedo y les puso motes a todos y a todo bajo sus órdenes, para consternación de sus subordinados. 

Nikki, El silencioso, un taciturno Knight-Incantor que apenas pronunciaba 10 palabras seguidas, excepto para lanzar devastadores hechizos. El oriundo de Portland rápidamente se dio cuenta de su habilidad marcial en el campo de la magia, y lo usaba de explorador para ablandar al enemigo antes de darle el golpe de gracia. 

Luca Belli, de Turin, Piamontes (mentira, pero se quedó con el mote y ahora no hay forma de quitárselo). Un Lord-Ordinator, era la viva imagen del tesón en batalla, inspirando a las tropas para mantenerse firmes incluso en las circunstancias más adversas. A Alexander le gustaba mantenerlo cerca de los guerreros, pues subía mucho la moral. Mención aparte su habilidad con el martillo, final de muchos tiranos.

Sito Montesquieu, alias El Francés (Sito desconoce dónde está ese lugar, o si existe). Un Knight-Azyros que con su linterna abrasaba a los enemigos del Rey Dios, llevando la justa venganza a los villanos. La vanguardia perfecta.

Y por último, pero no menos importante, Juan Alluso, de Cancún, Quintana Roo (nuevamente, la existencia de este lugar queda seriamente en duda). Un Lord-Relictor, como Alexander, y mano derecha de este. Su personalidad era justo la opuesta de Grey: calmado, comedido y sobrio.  Alexander sospechaba que Sigmar le había elegido para ser el contrapunto a su personalidad más extrovertida y rebelde. Resultó un acierto. Como los polos opuestos de los imanes se atraen, la pareja de Lord-Relictors hacían cabriolas sobre el campo de batalla, confundiendo y hostigando a sus enemigos con su habilidad para teletransportarse por el terreno.

Alexander los tenía en gran estima a todos, y juntos consiguieron muchas victorias. Gracias a una depurada técnica que él denominaba "Despliegue francés", consistente en saturar al enemigo bajo una potencia de fuego abrumadora mientras lo confundes para que no pueda contraatacar, su fama se expandió como la pólvora entre amigos y enemigos por igual. La primera vez que alguien oía el mote, no podía evitar sentir desdén por este Lord-Relictor y su imaginación, pero una vez visto en batalla (o sufrido en carneas propias) eran muy pocos los que seguían desdeñándolo. El habitante de Oregón no podía evitar sentir una agradable sensación en su pecho cada vez que una madre llorando le agradecía haber salvado a su familia, o un grupo de refugiados lo contemplaba con los ojos llenos de esperanza. La sensación de estar haciendo algo bueno le dotaba de una energía que antes ni siquiera sabía que tenía. Abandonó la bebida desenfrenada, no tanto por su mérito, si no por el esfuerzo de Juan. Las visitas a los prostíbulos ya no eran el pan nuestro de cada día, si no algo más esporádico y contenido. No es que a su ejército le hiciera gracia tener a un borracho putero de líder, ni a un mongoloide que les ponía motes ridículos y humillantes, pero respetaban su habilidad en batalla, y con el tiempo vieron  más allá de la fachada de vividor perdonavidas a un hombre capaz, con un sentido del deber fuerte y que se preocupaba genuinamente de ellos. Si tan sólo abandonara su puta manía de los motes...

Tras años de batalla sin fin, el plano de Nova Paradisum empezó a colapsar. El ejército de Alexander no tenía los efectivos para poder tomar una Realmgate por asalto, y mucho menos cuando estas eran el premio más codiciado de todo el plano. Alexander le dijo a su ejército que no se preocupara, que él encontraría ayuda. Desapareció una semana, y cuando volvió, anunció que había conseguido una alianza para poder marchar a una Realmgate que los sacara del plano condenado. El júbilo inicial se transformó en un silencio tenso cuando Grey reveló la naturaleza de sus aliados. No se oía ni una mosca volar.

-"Bien, creo que hablo en nombre de todos los aquí presentes."- pronunció Juan-"Vamos a ver, Alexander, ¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿EN QUÉCOÑO ESTABAS PENSANDO?????!!!!!!!- raro era el día en el que Juan juraba, así que eso no hizo sino aumentar la fuerza de su enfado-¿Los beastclaw Raiders? Aún puedo tolerarlos a duras penas. ¿Pero los Skaven?¿Esas sucias alimañas traidoras?¡¿DE VERDAD?!¡Y ESO, POR SUPUESTO, SIN MENCIONAR A LOS ACÓLITOS DEL DIOS DE LA SANGRE!¡¿HAS PERDIDO EL JUICIO?!-

Alexander se mantuvo impasible durante el exabrupto. Se lo esperaba. Con calma, se levantó, y dijo:-"Si alguien tiene una alianza mejor, soy todo oídos"-

-"¡No es una cuestión de mejor o peor!¡Esos infraseres son la razón por la que luchamos!¡Nuestro enemigo!¡No puedes obligarnos a pelear a su lado, a lanzar por la borda nuestras creencias!"-

-"Creencias"-susurró el oriundo de Oregón-"Cuando Nova Paradisum explote, ¿QUÉ IMPORTARÁ ESO?¿QUÉ IMPORTARÁN LOS IDEALES DE LOS QUE SE HAGAN POLVO?"-gritó de repente-"Parecéis olvidar que este plano se muere. Si no salimos de aquí, toda nuestra lucha habrá sido en vano. ¿Que son nuestros enemigos? Ya habrá tiempo de encargarse de ellos cuando crucemos al otro lado. Pero no podremos SI ESTAMOS MUERTOS. Cuando una flecha atraviesa tu cabeza, ¿Importa acaso el motivo por el que fue disparada?"-

Todos se callaron. Entendían lo que su líder quería expresar, pero aun así...

-"Recordad esto, muchachos: en una pelea entre la ideología y el pragmatismo, el pragmatismo siempre gana. Ahora vamos a marchar hacia una Realmgate, a salir de aquí, y a partir de ese punto ya veremos qué hacemos. Lo importante ahora mismo es sobrevivir. ¿Puedo contar con vosotros, como siempre he podido hacer?"-

Uno a uno, los allí reunidos, algunos más reacios que otros, juraron su apoyo. Saldrían todos de allí, o no saldrían.

-"Gracias"-dijo con voz clara Alexander- Es bueno saber que estáis conmigo ahora y siempre. Ya no hay tiempo para pensar en antiguas rencillas o ideales obsoletos ante la presencia  del Apocalipsis. Marchemos en esta alianza fruto de la desesperación hacia una salvación incierta. Eso es lo único que importa"-

Con una nota final de fatalidad, Alexander Grey declaró-"Es el Fin del Mundo"-

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