Sigmaroteca
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"Sólo los fieles", susurró Gardus mientras se aferraba a la rama más alta del enorme árbol anciano. Mucho más abajo, la ciudad de Arborea se mostraba pálida en la niebla. Un paso en falso sería fatal.

Convocando cada átomo de poder en su cuerpo, Gardus se arrojó en la niebla. Sintió un segundo de ingravidez antes de estrellarse contra el musgoso suelo de la isla flotante. Por una vez, estuvo agradecido por la existencia de aquella vegetación esponjosa que cubría las tierras; su caída fue amortiguada y recobró el equilibrio, magullado pero entero. El Lord Relictor Morbus estaba a punto de atearrizar cuando el Retribuidor Prime Feros cayó junto a él sobre el pedregal cubierto de musgo. Casi todos sus guerreros hicieron el salto con seguridad. Casi, pero no todos. Gardus vio con horror como el árbol se balanceaba en un momento crítico, y tres guerreros cayeron hacia sus muertes.

En lo alto, las nubes de niebla gris verdosa que plagaban las islas flotantes retumbaban con enojo, escupiendo lluvia sucia sobre los Eternos de la Tormenta como si estuvieran disgustadas. Gardus, con una expresión dura como un yunque, hizo un gesto a su Lord Relictor. Morbus asintió y levantó su relicario, cantando en voz alta. No mucho despues una tormenta electrica de energia azur habia dispersado ante si los bancos de niebla, liberando a las islas de Talbion de su corrupcion. Bajo sus pies, la isla flotante se estremeció de placer, agradecida en su lecho de roca.

La voz de Gardus se hizo eco desde las cumbres: "¡Te liberamos, gran isla! ¡Ahora llevanos al este, a la boca del río!"

Un incómodo silencio se extendíó por largos minutos. Ni uno solo de los Eternos de la Tormenta se atrevió a hablar. Luego, increíblemente, la montaña flotante comenzó a moverse.

Fuentes[]

  • The Quest for Ghal Maraz.
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