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Maggotkin of Nurgle

Los guerreros mortales de Nurgle, conocidos generalmente como Rotbringers, han sido endurecidos por el favor de su patrón en tal medida en que resultan casi imposibles matar con armas mortales. Aunque devastados por la enfermedad están protegidos de tales plagas y se han vuelto inmunes a sus dolores e incomodidades, por lo que aunque sus cuerpos se muestren corruptos y abiertos en canal el espíritu de Nurgle los sostiene. Estos guerreros del dios de la plaga pueden soportar heridas y aflicciones que paralizarían a otros y para seguir así luchando en su nombre.

Los ejércitos de Nurgle son repulsivos. Nubes de moscas gordas los rodean, bañándose en llagas expuestas y pústulas y agrupándose en los ojos, fosas nasales y oídos de cualquiera que pose su mirada sobre ellos. Una miasma de pestilencia cuelga alrededor de estas legiones como una nube gris-verde, sofocando a cualquiera que entre dentro del alcance de sus espadas y cuchillas infecciosas. Pero no todo es tristeza y miseria entre las tropas de línea de Nurgle, puesto que los así favorecidos se regocijan abiertamente en la adoración a su deidad. Estas huestes acuden a la batalla con la exuberancia de un carnaval, con sus risas ahogadas en flema resonando mientras traen su mortales regalos al enemigo.

Orígenes Editar

Existen un gran cantidad de ejércitos de mortales que han jurado su compromiso al servicio de Nurgle, innumerables hordas que luchan y mueren por el Dios de la Peste en los Reinos Mortales. Aquellos que consiguen mas victorias y fanatismos son elegidos por el mismiso dios para ser bendecido con sus virulentos beneficios.

Hay muchas razones por las cuales los habitantes de los Reinos Mortales recurren a la adoración de Nurgle. Desde que comenzó la Era del Caos miles de epidemias se han extendido por las tierras. Creyéndose abandonados por los dioses que alguna vez adoraron y despreciando las ineficaces ministraciones de sus curanderos, muchos mortales, ofrecieron sus desesperadas oraciones a Nurgle. El Dios de la peste ha logrado aliviar el sufrimiento de estos desafortunados, aunque no de la forma que esperaban pues sus síntomas en realidad no mejoraron si no que se volvieron inmunes a ellos. El precio que pagaron por este don fue su alma y una vida eterna al servicio de Nurgle.

Otros adoradores solo lo hicieron por la desesperación de perder sus hogares. Sin embargo, Nurgle, no hace distinciones en los motivos por los que alguien llega a dorarle. El dios del caos da la bienvenida a todos esos miserables, enseñándoles primero a apreciar, luego a apreciar la entropía y la podredumbre que los rodea, y a difundirla por todas partes como el regalo que realmente es. Desde el retorcido y desfigurado, al rencoroso y abandonado hasta el loco desesperado; Todos abrazan el consuelo paterno ofrecido por el abuelo Nurgle, y de buena gana sacan fuerzas de las bendiciones que llueve sobre ellos.

No todos los que ingresan al servicio de Nurgle lo hacen intencionalmente. En su propio y particular sentido del humor, Nurgle, es un maestro en manipular las buenas intenciones con fines horripilantes. Muchos son médicos, alquimistas y hombres santos que buscaron comprender mejor la naturaleza de las enfermedades, con la esperanza de detener la propagación de la peste. Nurgle está muy feliz de ofrecer sus secretos prohibidos a tales individuos, tentándolos aún más por caminos de amarga revelación hasta que sus buenas intenciones se marchitan junto con sus almas. Todo esto ha llevado a tribus, ciudades, incluso naciones enteras a recurrir a la adoración de Nurgle. A lo largo de los Reinos Mortales, inmensos ejércitos de guerreros infectados marchan a la batalla, clamando alabanzas al Dios de la Peste.

Los lugares que son capturados en nombre de Nurgle cambian para reflejar su naturaleza. Los suelos empiezan a presentar charcos llenos de moco, los muros de las construcciones supuran un pus corrupto y marchito. En las Ciudades de Sigmar atraen sectas que se reúnen en profundas cámaras de alcantarillado para realizar ritos inmundos y contaminar las vías fluviales con enfermedades virulentas. Animales pestilentes se adentran en los densos bosques, despojando todo lo que es verde y bueno. Los enclaves de la civilización son derribados o corrompidos desde adentro. Las grandes y nobles bestias son derribadas por las armas de la enfermedad y entropía. Todos estos actos terribles tienen la intención de complacer a Nurgle y así ganarse su favor. Aquellos que sean elegidos serán elevados a las filas de los Rotbringers.

Algunos guerreros de Nurgle son bendecidos simplemente por vencer a un poderoso héroe en la batalla, o por expulsar a los enemigos de Nurgle de uno de sus territorios. Sin embargo, esto es raro, ya que la simple conquista marcial es un poco tosca para los gustos de Nurgle. En lugar de ver asesinado al campeón de otro dios, preferiría que estuvieran infectados con alguna cepa de sus viruelas, por lo que su única esperanza es abandonar a cualquiera de los hermanos de Nurgle a los que adoran y, en su lugar, ofrecerle su lealtad. Más que simplemente derrotar a un ejército enemigo en la batalla, Nurgle, prefiere ver a sus soldados infectados con enfermedades y que queden en un numero suficiente para que, en su vuelo de pánico, contaminen las fortalezas de sus aliados y difundan sus regalos a todos aquellos a quienes encuentren.

Entre las filas de los Rotbringers se pueden encontrar a aquellos que envenenaron las raciones de sus antiguos camaradas con esporas de peste, infectaron el agua potable de las fortalezas y levantaron estatuas de piedra de urdimbre sucia para reducir los lugares de belleza sobrenatural a limo burbujeante. Sin embargo, cuando logran sus bendiciones, no importa cuán hambrientos o depravados fueran antes de que Nurgle los marcará, la mayoría de los Rotbringers son gigantes. Sus cuerpos masivos están tan hinchadas con flacidez rancia y músculo en capas que en muchos lugares su piel se abre, permitiendo que los órganos pútridos se derramen. La armadura que usan a menudo se abrocha y se rompe por la presión ejercida por sus cuerpos deformes y cualquier protección metálica es invariablemente oxidada hasta tener una gruesa capa adicional de podredumbre. Esto, en realidad, le importa poco a su portador ya que los Rotbringers cuentan con una resistencia impía. No saben nada de dolor y el hecho de que en muchos casos sus cuerpos sanan el daño tan rápido como puede infligirse, solo el golpe más doloroso causará suficiente daño para hacerlos caer, sin embargo pocos de esos golpes tendrán la fortuna de matarlos. A cambio, los Rotbringers se abren paso a través de sus enemigos como los recolectores durante la temporada de cosecha. Sus enormes armas albergan un poder antinatural suficiente para partir a un caballero blindado en dos con un solo golpe. Incluso aquellos enemigos que logran evadir sus hachas oxidadas y los ataques de un Rotbringer pronto se encuentran sucumbiendo al aura de peste que los rodea.

Sobre ellos miles de zumbidos de tormentas de moscas que cubren el campo de batalla cuando los Rotbringers marchan a la guerra, las cuales tratan de colarse a través de los, narices y bocas de sus enemigos mientras gritan. Mientras parasitarios que flotan en el ambiente muerden y pican. Cada vez que sus enemigos tratan de respirar atraen esporas de demonio y aire estropeado a sus pulmones, hasta que su carne estalla en infección y pus que se exuda por cada poro.

Algunos Rotbringers están dotados de toxinas que erosionan la voluntad de luchar del enemigo con cada golpe. También portan armas y objetos tan saturados de magia malsana que pueden desatar las enfermedades de Nurgle entre las filas del enemigo con solo una simple palabra o gesto. Otros por su lado montan corceles cadavéricos que llenan los corazones de sus enemigos con temor. Algunos han sido privilegiados para montar sobre grotescas bestias voladoras demoníacas. Sin embargo, al final, y sean cuales sean las armas funestas que manejen o aquello que le acompañe todos los Rotbringers son guerreros terriblemente poderosos, muy comprometidos para llevar realizar la guerra en nombre de Nurgle y lograr el favor de su dios.

Adoración a través de la profanación Editar

Los Rotbringers están fervientemente dedicados a su amado Abuelo Nurgle pues están agradecidos por su generosidad. Todos y cada uno de ellos ha jurado proteger su desagradable creación, reservando su ira por los ingratos adoradores de otros dioses a quienes, creen, se les debe mostrar el error de sus decisiones, incluso si esta demostración termina con su vida.

Desde Putrid Blightkings hasta los Señores Maggoth, desde los Pusgoyle Blightlords hasta el poderoso Glottkin, los Rotbringers exhiben un gran sentido de del humor negro y una alegría en su trabajo, derivado de una aceptación que, inevitablemente, todos van a terminar enfermos y podridos. Esta alegría maligna está totalmente en desacuerdo con la forma en que hacen la guerra, no mostrando misericordia ni perdón a quienes se oponen al Abuelo Nurgle.

Los Rotbringers aplastan a los ejércitos del Orden donde sea que se encuentren, despojando todo lo que sus enemigos aprecian. Se abren paso entre las bandas de guerra de los dioses hermanos de Nurgle, difundiendo las bendiciones de enfermedad y la descomposición tan ampliamente como pueden esperando que entre sus enemigos alguno halle la esperanza y se vuelva un converso a el dios de la descomposición. Cuando se encuentran con templos y santuarios de otras deidades no dudan en profanarlo con lodo y excrementos y usan a sus santos y saceerdotes como ejemplo de los que les sucede a los que no aceptan a su verdadero dios.

Los ejércitos mortales de Nurgle se esfuerzan especialmente para contaminar los sitios de poder, como manantiales o depósitos de piedra del reino, para imbuir con éxito tales lugares con los dones de Nurgle y extenderlos a lo largo y ancho de los Reinos Mortales utilizando los ciclos naturales de la vida. Para propagar aún más la corrupción de su dios, los Rotbringers excavan vastos pozos en tierra conocidos como Pozos de Inmundicia que se crean usando gusanos Wyrr encadenados. Estos profundos agujeros se ven, desde arriba, como el sello de Nurgle escrito en grandes cráteres leprosos. Las paredes de estos son son transparentes y resbaladizas, gracias a las sustancias indescriptibles, mientras que en sus profundidades, que se encuentran a varios pies de profundidad, se encuentra una papilla infestada de parásitos que burbujea y explota para emitir nubes de contagiosas en el aire. Los Pozos de Inmundicia no solo envenenan la tierra a kilómetros de distancia, sino que los Rotbringers también los usan como lugares de sacrificio.

Los guerreros cautivos son arrojados a sus profundidades para sufrir una terrible viruela y una enfermedad otra hasta que finalmente perecen en una miserable agonía. Tal sufrimiento prolongado ofrece grandes elogios a Nurgle, y gradualmente desgasta el tejido de la realidad, creando puntos débiles a través de los cuales los demonios del Dios de la Peste pueden ser convocados más fácilmente.

Los Rotbringers que logran grandes obras en nombre de Nurgle son elevados a posiciones de mando. Infestados de parásitos voraces y plagados de las enfermedades más letales, se convierten en Señores de Nurgle y llevan a los Rotbringers a la guerra. Algunos de estos campeones luchan a la cabeza de inmensos ejércitos de guerreros mortales, mientras que otros marchan a la guerra junto a las legiones de demonios de Nurgle, ofreciendo un asombroso elogio a los señores demonios que, por su parte, ven a los Señores de Nurgle con afecto y diversión paternal. Otros Señores de la Peste eligen rodearse de pequeñas bandas de élite de Rotbringers y viajar por los Reinos Mortales en misiones para traer sus los regalos de dios a nuevas tierras.

Cuando se embarcan en conquistas especialmente desafiantes o defienden sus fortalezas de ataques abrumadores, los Rotbringers pueden forjar alianzas con otras facciones. Aunque a veces esclavizan a hombre bestia enfermos o monstruos contaminados, lo más común entre los Rotbringers es forjan pactos temporales con los skavens del Clan Pestilens. Aunque en última instancia, Nurgle y la Rata Cornuda buscan diferentes fines para los Reinos Mortales, los seguidores de ambas deidades emplean la enfermedad y la desesperación como armas de guerra, y así luchan bien juntos en el campo de batalla. A menudo, los Rotbringers permitirán que sus aliados roedores avancen en una horda chirriante, sufriendo la peor parte de la ira del enemigo y desbordando sus líneas antes de que Putrid Blightkings y demonios entren para dar el golpe mortal. En otros momentos, el Clan Pestilens apoyarán los ataques de Rotbringer con magias viles y baterías de máquinas de guerra que lanzan enfermedad. Sin embargo, siempre, los sirvientes de Nurgle deben vigilar a sus aliados oportunistas, ya que el más mínimo signo de debilidad es suficiente para estimular al skaven a actos violentos de traición.

Algunos entre las filas de los Rotbringers se han convertido en leyendas oscuras dentro de los Reinos Mortales. Nombres como Festus the Leechlord, Gutrot Spume, Señores Maggoth y Glottkin son susurrados de miedo y odio a través de Ghyran y el resto de reinos. Sin embargo, la estima de Nurgle, al igual que su poder, es cíclica. Los hermanos Glott, en particular, se han elevado varias veces como hijos predilectos del Dios de la Peste, solo para caer en desgracia nuevamente cuando sus conquistas han salido mal. En esos momentos, estos héroes de los Rotbringer, pueden desaparecer durante décadas, incluso siglos, asignados a algún castigo especialmente inventivo ideado por su dios. Sin embargo, Nurgle, nunca puede enojarse con sus seguidores más dedicados por mucho tiempo, y siempre regresan para recuperar su favor.

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Fuentes Editar

  • Reglamento Age of Sigmar 2 edición
  • Battletome: Magottkin of Nurgle (1ª Edicion)
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