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Al abrigo de las arboledas de los Reinos Mortales, los pueblos Aelves vagan a su antojo. Viajan en partidas de guerra lideradas por héroes y magos poderosos y, allí dónde encuentran un enemigo, le dan pronta muerte. Los Aelves de los más profundos bosques sirven al Orden y mantienen un extraño vínculo con los sylvaneth, pero son también seres caprichosos, montaraces letales prestos a cobrarse un diezmo de sangre de aquellos que los agravien.

Los Wanderers siempre han sido enemigos acérrimos del Caos. Una vez, sirvieron como  guardianes de Ghyran, el Reino de la Vida, y habitaron en grandes ciudades arbóreas en lo profundo de sus bosques del tamaño de un continente. Cuando la Era del Caos amaneció y la guerra llegó a los Ocho Reinos, estos guerreros Aelves lucharon tan duramente como cualesquiera para detener la marea de oscuridad. Pero no podía haber triunfo contra las infinitas legiones de los Dioses Oscuros. Uno por uno, los grandes santuarios forestales fueron quemados hasta las cenizas o vencidos por las enfermedades del Dios de la Plaga Nurgle.

Con el corazón apesadumbrado, los gobernantes del bosque abandonaron sus antiguos claros y reinos del bosque y se retiraron a Azyr junto con Sigmar el Rey Dios. Se convirtieron en los Wanderers, un pueblo nómada sin patria propia, que luchaba por un mundo que ya habían perdido. Ni Alarielle la Reina Eterna ni sus guerreros Sylvaneth perdonarían jamás su huida de Ghyran, y a los Wanderers se les negaría para siempre un lugar al lado de su deidad.

Sin embargo, los Wanderers continúan luchando, porque aún conservan la magia de vida.Siguen la luz del Sigendil que se filtra desde Azyr, buscando los senderos rotos de las antiguas líneas ley y restaurándolas con piedras guía, extraños artefactos arcanos creados durante la formación de los Reinos Mortales. De esta manera, buscan calmar las atormentadas selvas y borrar la mancha del Caos de la tierra.

Los Príncipes Nómadas -descendientes de los reyes y reinas de la antigüedad- lideran esta sagrada tarea, guiando las flechas y lanzas de sus parientes con una precisión asombrosa. La Guardia Eterna forma un muro impenetrable de madera y hierro alrededor de su señor, invocando las raíces mismas de la tierra para crear una fortaleza de ramas. Los Wildwood Rangers han dedicado sus vidas a la caza de las monstruosas bestias que deambulan por los bosques de Ghyran. Empuñando draichs a dos manos, se lanzan congracia a la batalla, esquivando los torpes golpes de sus enemigos antes de cortarlos en pedazos. Las Hermanas de la Guardia son la élite, centinelas de las sagradas Líneas Ley, que sueltan ráfagas de flechas ardientes, perforando corazones y ojos con una precisión que quita el aliento. Aquellos enemigos que intentan huir de esta mortífera barrera son derribados por los Jinetes Salvajes, una caballería de rápido movimiento montada sobre bestias ciervo. Con el enemigo ocupado y rodeado, los Wanderers llaman al propio bosque para que les ayude. Las Hermanas de la Espina invocan zarzas espinosas para proteger a sus hermanos del daño mientras lanzan jabalinas de zarzanegra con una precisión mortífera e invocan rociadas de llama verde para matar a sus oponentes. Cuando los cadáveres del enemigo llenan el suelo del bosque, los Wanderers se desvanecen una vez más en las sombras de los bosques salvajes.

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